Jaime Roos ideó una canción para retratar dos calles montevideanas. Nada nuevo si pensamos que el Tango ha dejado varios ejemplos de esta mitología. “Durazno y Convención“, más allá de ser un candombe-toco-salsa, no deja de tener una impronta tanguera en su texto, por la insistencia en lo nostálgico y en la recuperación de un pasado como espíritu cultural. La originalidad del autor es agregar al homenaje una tercera pata: la esquina. Y el efecto del “viento” traducido en el arreglo, viento pertinaz si uno sabe que ahí es intenso, sobre todo en invierno.
La parte A es un candombe-toco mateístico con un efecto que siempre me sorprendió sin saber por qué: el “grosor” del bajo que hace el motivo característico del tema. Hasta hace poco no supe que este bajo (grabado por Andrés Recagno) fue triplicado y por eso suena de esa manera. La INTRO comienza con el pregón del canillita del barrio y Jaime toma este sonido netamente callejero como parte del arreglo. La voz de Maturro (¡afinada en la tonalidad del tema!) nos sumerge en la calle o en el corazón de lo que era su cotidianidad.
La letra, descriptiva, es directa pero fuertemente poética: (…)”en pleno diciembre/a la hora más lenta/la siesta obligada del jacarandá”. Jaime es preciso pero no abandona lo poético en este tramo del tema que desemboca en la segunda parte que es un son-salsa cantado por el enorme Jorge Vallejo. El cambio es drástico pero es tan contundente que no deja de sorprender la capacidad cinematográfica de Roos para dejar en claro que “Convención” es una calle agitada por el comercio y el fragor de la vida cotidiana, lejos de la “siesta obligada” de la calle antagónica. El “tumbao” queda estupendo y esta parte se da de lleno con el “viento” de la esquina. Este puente instrumental hace de nexo entre ambas calles y se queda en un acorde pedal donde aparece el motivo central de la canción, una frase invertida, algunas citas y sobreviene un break increíble para retornar a la B, al Caribe. Esta parte nunca deja de emocionarme así pasen los años y es uno de los puntos más emotivos (otro más) de nuestra bendita música. El final es épico, propio de una enorme obra, una de las más grandes de la MPU.















































