Hay autores que deciden habitar los bordes de la ficción hasta que la frontera con la vida cotidiana se vuelve porosa. Felipe Palomeque (Montevideo, 1985) pertenece a esa estirpe.
Editor, cofundador de proyectos como Estela Editora y la revista digital Insilio, su voz viene marcando un pulso propio en la narrativa uruguaya reciente -reconocido con el Premio Juan Carlos Onetti en 2024-, consolidando una obra donde la literatura discute consigo misma sin perder el pulso de la calle ni el humor filoso.
En El diario de los cien onettis (Estuario, 2025), la obsesión toma la forma de un diario febril: un protagonista pergeña un método para adelgazar con el único fin de conmover al espectro de Onetti y alcanzar el esquivo galardón literario. Una escritura fragmentaria, a ratos feroz y descolocada, donde leer y escribir se vuelven actos de contagio mutuo.
Ese territorio de tensiones se expande ahora en Los talleristas (Tusquets), su séptimo título, que retoma el universo presentado en El pijama de Lynch. La trama rescata una época de ventanas de MSN, blogs de madrugada y CD convertidos en posavasos, para sumergirse en la dinámica de un taller literario radical.
Con una impronta que dialoga tanto con las derivas de Mario Levrero como con la estructura coral y desbordada de Roberto Bolaño, Palomeque transforma la literatura del yo en un artefacto directo, donde inventar historias termina siendo la única forma de intervenir una realidad esquiva.