
Poemas sobre mi madre (escritos en Substack bajo el título Mapas de Estrellas: devienen no sólo del recuerdo afectivo y las historias no contadas sobre unas casas de El Prado, donde solía Darnauchans cantarnos canciones e intercambiábamos poemas, crispaciones e ilusiones con otros amigos. Algunos convencidos en una cierta revolución que otros detestábamos, pero entonces con un mismo enemigo en común.
La dictadura militar y el “Plan Cóndor” avalado por la Central de Inteligencia Estadounidense (CIA). La triste vejación de la ultraderecha, esa que ahora por nuestras cavilaciones nos recuerdan lo que alguna vez fuimos, mientras los narcotraficantes, los armamentistas y los magnates de las inteligencias artificiales conviven entre ellos, y nos ponen de mascota a un impresentable estadounidense, que incluso intenta poner su nombre sobre el memorial de John Fitzgerald Kennedy, a quien nunca podrá igualar.
Pero entre Putín y Trump tenemos tantos titiriteros, que lo mejor es comer como palomas las migajas, los programas de farándulas, las alfombras rojas, los IPhone y los Galaxy de última generación, las estupideces de los influencers, los y las y les que hablan de feminismos y todos los géneros más allá de lo razonable, pero como dice Shakira, ahora cotizan y también lo hacen por Only Fan, o por redes de tráficos como la ex mujer de Jeffrey Epstein. Pero podemos estar tranquilos.
Anthropic y OpenAI han detectado que los algoritmos se pueden transmitir y generar información y resoluciones por sí solos prescindiendo de nosotros; tal como nos alertó Jacob Coxon, uno de sus especialistas En sus propias palabras, ninguna de las compañías están actuando de manera responsable en cómo controlar la expansión de una inteligencia autogenerativa enfrascadas más bien en una competencia por liderar el mercado, aún sin un marco regulatorio sólido que lo determine internacionalmente, y que además cuenta con la displicencia de un Donald Trump al que sólo le falta que el próximo francotirador que atente contra su vida, sea tan exacto, que le parte en cráneo en dos fracciones de calabazas. Mientras esto ocurre los chicos pierden comprensión lectora, porque ignoramos que ya varias generaciones de padres la han perdido.
Se podrán vender ciertas cantidad de libros, realizar ferias y tratar de que el lenguaje crezca y se conozcan más allá de las 200 palabras que apenas nuestros conciudadanos medios suelen utilizar. Incluso las editoriales más jóvenes, las que detentan los millennials y pasarán en manos de la generación Z y posteriormente la que alguien promueva por alguna razón, bautizarla, ya que se acaban las letras del abecedario.
Basta con escuchar los informativos de las televisiones nacionales, tan sólo para corroborar cómo podemos reírnos de los argentinos, pero reconocer que su clase periodística e intelectual está y siempre ha sido así, muy por encima de la nuestra. Por más que me citen a cuatro o cinco de nuestros grandes maestros.
En cuanto a las diatribas sobre la AI y sus referencias supuestamente tranquilizadoras, sobre cómo podrán ser controladas o reguladas en un futuro, que debiera ser próximo, eso no nos inmuniza ante los nazis sionistas, los guardianes de la revolución iraní, ni los ICE del miserable de Donald o los grupos de terroristas islámicos, las bandas de pandilleros de África y Haití que me he hastiado de nombrar y la debilidad e inoperancia de los estados miembros de la Unión Europea, que parecen presentir un peligro latente por parte de Rusia, pero, como la “Guerra es Híbrida”, es decir, salvo los muertos, es una guerra de cerebros invisibles y conspiraciones fraguadas en mesas kilométricas como las de Putin, o rodeadas de Pastores anglicanos o mormones, como los que rodean al payaso de este circo lamentable que ya hizo olvidar al Cirque du Soleil.
Como el Plan Cóndor falló, trajo más problemas y desgracias asociados al narcotráfico (de los cuales medraron los grupos paramilitares encubiertos entre otros por el Teniente Coronel Oliver North) que a la escalada de la izquierda en la región. Hoy la estrategia es destruir los principios humanitarios que parecieron recobrar las socialdemocracias europeas. Entonces ya no es necesario que Trump invada ciertos países, bombardea sí y moviliza sus tropas, pero no entra de lleno en ningún conflicto, y se busca aliados ideológicos que lo secundan, al menos en Latinoamérica, cada vez más violenta e irracional, donde la corrupción y el blanqueo de dinero, sustenta regímenes e ideologías, hasta que caen en su propio delirio de poder como le sucedió a Noriega en 1989. Al fin y al cabo, Trump no cree tampoco en el cambio climático.
Las riadas de Nepal o las grandes inundaciones, quizás vengan a eliminarnos antes de que generemos batallones de humanoides asesinos y sin alma, esa palabra tan abstracta que ni siquiera sé si cabe en nuestra anatomía. Llamémosle la energía que nos mueve y nos hace tan sabios como estúpidos.
Siento vergüenza de vivir en un país, donde a un sujeto de 7 asesinatos, recién ahora le otorguen cadena perpetua, o que al asesino del delivery de Colonia y Rondeau sólo le den 7 años, dé penitenciaría. ¿Eso es lo que vale la vida en nuestro país? Pero a quién le importa cuando tanto en Gazza como en Ucrania mueren civiles y niños todos los días. La acepción de “Daños Colaterales”; ha sido suplantada por la “Guerra Híbrida”.
Que la derecha española se queje de lo mal que lo hace el PSOE es razonable, lo que no me lo parece, es barrer sus propias corrupciones bajo las alfombras de la Calle Génova (sede del Partido Popular), o del piso comprado por Ayuso (Presidenta de la Comunidad de Madrid). Pero aliarse a VOX y aprovechar la oleada migratoria en Ceuta, con un discurso del peor fascismo populistas de los últimos años es de miserables.
El mundo no es mejor tras la 2° Mundial. Todos quieren repartirse sus porciones geopolíticas e independentistas. Quizás podamos reclamarle al engreído de Milei, que nos devuelva Martín García, que en definitiva, es nuestra isla Malvinas. Estamos ante el preámbulo de algo peor, porque son los drones quienes gobiernan los cielos, y con ellos nuestras cabezas.
Si los intentos de acabar con el criminal de Hitler se hubiesen cumplido, nadie hubiese acusado de asesinar al Coronel del Estado Mayor Claus von Stauffenberg. Pero eso ya no resuelve nada, del mal y del estigma de odio xenófobo y pandillero, que sembró el Canciller alemán en los albores del Siglo XX.