
En el marco de su gira barrial, la Banda Sinfónica de Montevideo se presentó el martes 22 de julio 2025 en el Teatro Solís para presentar el primero de cuatro conciertos con música de Cabaret.
Con entradas agotadas y el escenario que avanza sobre la platea, la banda se presenta con un bloque de cuerdas a la derecha y otro de vientos a la izquierda del puesto del director. Ingresa primero un solista a tirar el tono, luego el director Martín Jorge que saluda especialmente a un par de solistas y micrófono en mano nos pide permiso para un acto de reconocimiento a dos integrantes que se están despidiendo de la Banda Sinfónica. Se trata de Carlos Pereira y Oscar Silva que se retiran luego de 6 y ¡37! años de trabajo. Se les agradece la destacada tarea artística y dedicación. Un momento íntimo, conmovedor y hasta gracioso por momentos.
Terminada esta formalidad, el director con su habitual agilidad comienza el concierto y no necesito más para imaginar bailarines con boas y plumas bajando por las escaleras de un teatro de revistas y deslizándose por el escenario.
Se trata de la Suite de “Cabaret” de John Kander, que en una segunda parte me retrotrae a la banda de sonido de los dibujos animados de la niñez: los tres cerditos, Tom y Jerry, entre otros.
Finalizada la primer representación, Jorge nos informa que este es un concierto muy particular, inspirado en el vodevil, en las varietés que se llevaban a cabo en los pequeños teatros europeos, con música en vivo; especialmente en la República de Weimar en los años 30, previo a la segunda guerra mundial, y más especialmente aún, en Berlín.
Una época donde no existían piezas musicales grabadas ni transmisiones de radio, luego de la Gran Guerra la única forma de escuchar música, era en vivo.
El teatro musical era la forma en que se podía hablar de lo que estaba pasando a nivel político en la región. Es así que nos cuenta la historia de la Ópera de los tres centavos, que se llama así en todo el mundo excepto en Uruguay, ya que aquí se presentó en el Teatro El Galpón como La ópera de los DOS centavos, para resaltar su carácter de “poca monta”. El tema a ejecutar es la Balada de Mackie Messer que es la canción identitaria para presentar al héroe de la obra. Es la base de un standard de jazz que nos resulta familiar porque se transformó en canciones popularizadas más adelante por Frank Sinatra, Michel Bublé o el mismo Ruben Blades con su Pedro Navaja.
Jorge nos cuenta que en sus orígenes esta balada se interpretaba con una banda compuesta por un par de buenos clarinetistas, fagotistas, flautistas, saxofonistas, trompetistas y además un trombón, percusionista y tuba. En la medida que los va nombrando, se van parando los ejecutantes. Así nos muestra cómo ese reducido grupo de intérpretes tocaba la pieza originalmente. Y luego nos enseña cómo suena en toda su gloria, por la totalidad de los músicos de la banda, y nos trasladamos imaginariamente a un escenario de ball room, mientras las cabezas del auditorio se bambolean.
Toda la información de la creación de cada pieza del espectáculo, y sus autores, está profusamente descrita en el programa de mano impreso, a cargo de la historiadora Marita Fornaro, y es muy ilustrativa. Pero la labor divulgativa del director es además muy pedagógica y entretenida, dan ganas de saber más y le añade disfrute a la escucha. La información es poder.
Para presentar la siguiente pieza, Jorge nos cuenta sobre la banda sonora de una película que surgió de una primitiva comedia musical: No, no, Nanette, que se hizo tan famosa que se popularizó por los primeros vinilos grabados. ¡Y nos hace escuchar una grabación de 1927! con letra, cantada por mujeres. Esa misma versión fue escuchada un año más tarde por radio en la Unión Soviética, y allí surgió la apuesta: el director de orquesta Nikolái Malkó retó a su amigo Dmitri Shostakovich a crear un arreglo para orquesta sobre lo que acababan de escuchar. De memoria, y menos de una hora luego de haberla oído por única vez, volvió con la versión sinfónica llamada Tahiti Trot que escucharemos a continuación. “¿Tenía oído absoluto?” pregunta alguien desde arriba, a los gritos. “Si”, contesta Jorge. “Y muy buena memoria”.
Una vez ejecutada la obra, el director hace parar a toda la orquesta, para recibir el merecido aplauso.
“Les voy a dar un dato de trivia” nos dice Jorge en confidencia: “Así como los pintores hacen bocetos, los músicos generan bosquejos en partituras, anteriores a la pieza final. Sólo existieron tres músicos que creaban directamente sobre la partitura; Mozart, Mendelssohn y Shostakovich”. Y nos cuenta que una vez le preguntaron a Dmitri ¿cuánto demora en crear una pieza? y contestó: “Ya está compuesta, sólo tengo que escribirla”.
Shostakovich tuvo problemas en conseguir trabajo, sus obras eran rechazadas en los conciertos; por lo tanto comenzó a crear piezas para teatro, cine, ballet, cabaret, etc. En un momento juntó todas estas piezas en una suite, que se podía escuchar en cualquier vodevil. Son ocho partes compuestas para que funcionen en cualquier puesta en escena, y se pueden tocar en cualquier orden. Hoy escucharemos la versión con banda sinfónica. Comienza con una marcha, luego hay un vals con mucho suspenso, pasa por una polka y sobre el final otro vals nos hace acordar a aquella tonada española “yo te daré, te daré niña hermosa…” (que probablemente haya escuchado cuando miles de republicanos viajaron a la URSS) y que fuera popularizada por el cine de Kubrik. Se distingue la tarea del percusionista con el xilofón y el sonido del arpa.
Finalmente se anuncia el tramo final del concierto, cuya finalidad es compartir las modalidades de composición en Berlín en los años 20 y 30.
Y volvemos al compositor de Cabaret; John Kander, que creó esta última pieza a escuchar, inspirada en una noticia policial de los 20 en Chicago. Es una despedida inspiradora, no podemos dejar de trasladarnos al teatro, otra vez vemos las escaleras, las lentejuelas, los excesos, el brillo y la decadencia. Es una gran forma de terminar una noche fantástica. La banda recibe una ovación de pie, mientras el director Martín Jorge va haciendo parar a cada uno de los músicos para que tengan su justo reconocimiento, acompañado por un prolongado aplauso.
El teatro se vacía rápidamente, van quedando algunas piezas de abrigo olvidadas (el Solís tiene servicio de objetos perdidos) y unas muchachas aprovechan a hacerse las últimas fotos en esta gran escenografía. Qué bueno que la convocatoria de la Banda Sinfónica sea intergeneracional.
Este concierto continuará su actuación por los barrios, con entrada libre y gratuita:
jueves 24/07 Complejo Cultural Crece
viernes 25/07 Centro Cultural Florencio Sánchez
martes 29/07 Urunday Universitario
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