“en aquel mudo penar, nos pusimos a llorar con un llanto sin ruido…”
Poema del modernista mexicano Luis Urbina que Eduardo Larbanois musicalizó y el “otro” Eduardo Darnauchans la hizo suya, con arreglos fantásticos de Andrés Recagno. Una verdadera maravilla que quedó opacada por otras canciones más potentes de ZURCIDOR (1980), pero que en perspectiva puede considerarse una de las mejores grabaciones del Darno. El canto dice de manera perfecta estos versos que son el colmo de la melancolía ya que el tema elegido es el dolor. El poeta le habla a este sentimiento en segunda persona, rompiendo la lógica de lo amoroso como centro de la poética romántica (acaso el dolor sea parte del amor). La melodía es de gran belleza y el arreglo, complejo y refinado, crea la escenografía perfecta para que el canto tome vuelo. Era el momento del estallido artístico de Eduardo que en este disco deja lo mejor de su carrera arropado por un grupo increíble de artistas.














































