
Un aura luminosa y musical
El pasado 9 de diciembre asistimos en el Antel Arena, con los protocolos sanitarios correspondientes a la pandemia y un aforo extendido, a otra gran noche de música de altísima calidad a cargo de Bajofondo, esta agrupación abanderada y embajadora de la cultura musical de esta esquina del mundo llamada Río de la Plata.
Si hay una palabra que al colectivo musical uruguayo-argentino no le cabe es “etiquetas”, y mucho menos en términos musicales. Es que ya hace muchos años que Bajofondo ya no se define como “un grupo de tango electrónico”, porque la riqueza y variedad sonoras que ofrecen y despliegan tanto en sus discos de estudio como en sus shows en vivo exceden largamente cualquier definición que pretenda, siempre sin éxito, encasillarlos. La única, si pudiera ser posible sería la de los mismos integrantes, quienes definen su estilo como “música contemporánea del Río de la Plata”. Claramente el grupo tiene sus raíces profundas en el tango y la milonga, pero muchos son los otros géneros que entremezclan en un cóctel de fabulosas texturas sonoras, como la electrónica, el rap, el hip hop, el folklore latinoamericano, el jazz y el pop, entre muchos otros estilos, en gran medida porque sus integrantes provienen de proyectos musicales muy heterogéneos.
Bajofondo fue fundado en 2001 por el músico y productor argentino Gustavo Santaolalla y el músico y productor uruguayo Juan Campodónico (El Peyote Asesino, Campo). Desde entonces, el grupo ha mantenido una alineación de ocho músicos, con la rigurosa regla de ser cuatro uruguayos y cuatro argentinos.
El grupo había publicado su cuarto y hasta ahora último disco en estudio llamado “Aura”, en 2019 (teniendo además un par de discos de remixes), el cual llegaron a presentar algunos lugares previo a la pandemia, quedando pendiente más rodaje en vivo del mismo. La agrupación presentaba a un nuevo integrante, que si bien ya había colaborado con el grupo antes, se ha establecido en el mismo como el nuevo baterista, el argentino Juan Manuel Ramírez, quien sustituyó al también argentino Adrián Sosa, y es aquí donde destaco eso de “rigurosa” la regla del empate en integrantes uruguayos y argentinos. Los demás siguen todos, con el más experiente del grupo como lo es Santaolalla en guitarra y voz, Campodónico en la guitarra, Javier Casalla en violín, Gabriel Casacuberta en bajo y contrabajo, Martín Ferrés en bandoneón, Luciano Supervielle en teclados y scratches y Verónica Loza en visuales. Además, como en otras oportunidades, el grupo contó a lo largo de todo el recital con un octeto de cuerdas bajo la dirección del maestro Alejandro Terán, del cual Santaolalla comenta siempre ser “otro Bajofondo más”.
El recorrido musical, que duró 2 horas exactas, constó en la presentación de “Aura”, combinando con varios de los clásicos que habitualmente tocan. El show comenzó con el tema apertura de “Aura”, “Solari Yacumenza”, en el cual participó una cuerda de tambores de C 1080, dándole un toque de candombe a la noche. La impecable presencia en escena, la precisión en cada detalle, y la potencia y riqueza musical fue lo que el grupo desarrolló a partir de entonces, con cada uno de sus integrantes siendo protagonista y alentando al baile y al movimiento de los asistentes, cuando no directamente al agite puramente rockero. Algunos clásicos de sus anteriores discos fueron los más festejados, con un entregado fervor del público, como en “Piden piso”, “Grand Guignol” (momento en el cual fue imposible que el público permaneciera en sus butacas, y se armó un impresionante clima festivo), “Montserrat”, “Código de barra”, ”La trufa y el sifón”, y el tema grabado con Gustavo Cerati “El mareo” (cantado por Santaolalla). No sería redundante destacar la calidad y virtuosismo de los músicos de Bajofondo, cada uno es una pieza clave en este perfecto engranaje musical.
La mezcla entre los clásicos del grupo y los nuevos temas de “Aura” fue perfecta, y así sonaron también de este último disco “Clueca la cueca”, “Flor de piel”, “Espiral”, “A las siete” (en el cual Santaolalla comentó que las palmas de esa canción “sólo se pueden hacer con un público uruguayo”), “Trapecista”, “Absente”, “Caminé”, “Aura” y “Virgen del sol”, (con Santaolalla ejecutando un charango y Casalla una quena), y Casacuberta y Supervielle rapeando (este último en francés) en “Miles de pasajeros” y metiendo scratches en varias ocasiones, mostrando ambos la hilacha “hip hopera”, de su pasado en la mítica banda uruguaya Plátano Macho. Verónica Loza además, le aporta un toque visual por medio de las imágenes proyectadas, que congenian adecuadamente con las canciones.
Cerraron el show con “Pa´ bailar”, logrando que la gente hiciera lo que sugiere la canción. Pero claro, tuvieron que volver ante la ovación general, de modo que el bis final llegó con “Olvidate”, con Supervielle calzándose un bombo, y con todo el grupo cantando desaforadamente como si se tratara de un partido de fútbol, con el recitado “Cada concierto bailan hasta los muertos, nosotros somos de Argentina y Uruguay, los que nos quieren imitar, no nos pueden igualar, les faltan huevos a la hora de tocar”, y demás está decir la explosión energética que provocó tal momento.
Bajofondo tiene programado tres shows más para cerrar este año; uno en Punta del Este el 11, otro en Concepción de Uruguay, Entre Ríos el 14, y el último en la ciudad de Buenos Aires el 16.
Sobre el final de esta crónica, se debe destacar el muy amplio espectro generacional que convoca la banda, pudiéndose apreciar grupos de todas las edades, y familias enteras, en un hecho que resulta reconfortante, por el clima humano generado en el recinto.
Bajofondo volvió a hacer lo que siempre, deleitarnos exquisitamente con su música, dejando a tangueros, rockeros o adeptos a casi cualquier género o estilo musical totalmente satisfechos y con el aura brillante.















































