
Fría noche del último viernes de julio 2025, la cava de El Hormiguero es muy cálida y bien atendida por su personal.
Las mesas reservadas con anticipación están repletas de músicos y fanáticos melómanos, que discuten en la previa sobre discos, grabaciones, instrumentos.
El show comienza con un telonero fuera de programa: Pira Bastourre, cantautor miembro de la banda argentina Superchería, que está acompañando a Abril en su gira “Un hombre sentado en un cuadro de Chagall”; Tour.
Pelo largo, barba, lentes de sol y guitarra, acomoda el celular en el atril y comienza el show con “Mapas”, “El invierno vuelve” y “Lo que aprendí del viento”, todas canciones de su disco Eólico. Continúa con dos temas de Superchería: “Algo vivo” y “Lo esencial” y luego para despedirse nos cuenta que fue gracias a la canción “Árbol” del 2010 que se conocieron con Abril, y hoy ya son 15 años de amistad fraternal.
Abril Sosa lleva dos tercios de su vida sobre el escenario, desde aquel lejano 1995 en que los hermanos Ruiz Díaz le propusieron que se integrase a Catupecu Machu como baterista. Con ellos grabó tres discos: A Morir!!! de 1997, Dale! al año siguiente y Cuentos Decapitados cerrando el siglo. En 2002 editaron Eso vive, un DVD en vivo.
Tras su paso por Catupecu, formó su propia banda, Cuentos Borgeanos en la que se ocupó de la guitarra, el canto y las composiciones.. Entre el 2002 y el 2014 editaron cinco discos: Fantasmas de lo nuevo, Misantropía, Felicidades, Psicomágico, Postales. En un impasse de la banda aprovechó para editar su primer disco solista, El piloto ciego, en el 2012. A él se agregaron dos más: Canciones para que me crea (primer intento) y Canciones para que me crea (segundo intento), ambos editados en 2017.
Abril se ha vuelto un animal escénico, toca la guitarra como un baterista, “Dave Grohl dice que él hace lo mismo”, afirma Abril cuando se lo señala el colega Marcelo Rodríguez. Domina el escenario, salta sin red y siempre cae parado, en el lugar exacto que se propone caer. El público es su dueño, su víctima, su objetivo, su razón de ser, y desde todos esos planos se comunica con naturalidad, con la simpatía de un amigo, lejos del divismo y mucho más cerca del guiño cómplice que invita a emprender el viaje juntos. Esta es la crónica de uno de esos viajes, de su escala montevideana, después de haber recalado en Fray Marcos y antes de que el barco lo lleve al Café Berlín de su amada Buenos Aires.
Impecablemente vestido y peinado, con unos lentes de cristal azul en degradé, aparece bajando por la escalera que comunica el bar con la cava de “El Hormiguero”, lo hace tocando la guitarra. Al llegar al escenario se detiene y canta a capella. El show comienza desenchufado, excepto la última palabra, donde aprovecha para verificar que el micrófono esté encendido.
Abril se presenta relajado, muy desestructurado ante el público montevideano que también se afloja y aprovechando la cercanía le preguntan cuándo vendrá Cuentos Borgeanos a Montevideo y contesta ;”está acá”; aunque el público le grita “;no, no”; y él se ríe: “vamos a hacer temas de Cuentos”;
“Vayamos al límite”; le indica a Lucho el sonidista, pidiendo que le suba sonido y retorno.
“¿Conocen mi primer disco solista?”; El público contesta que sí, entusiasmado. Abril se asombra. “Hoy escuchamos todo el CD. Hoy es mi cumpleaños y el regalo es venir acá, a verte”; dice orgullosamente Gabriel desde la mesa más cercana al escenario. Más asombro, se conmueve y brinda por el cumpleañero antes de hacer “Comenzar”, del disco El Piloto Ciego.
Pasa a hacer una canción de Catupecu Machu “donde yo hacía los coros”: “Entero o a pedazos”, la gente canta el estribillo. Al finalizar Sosa pide perdón por cambiar la métrica de la canción. Su carisma lo inunda todo, maneja a la perfección el escenario y al público. Se nota que está disfrutando.
“¿Conocen mi segundo disco?” Silencio. La respuesta no fue la esperada, pero tampoco se sorprende. Sonríe y nos amenaza: “lo voy a tocar todo para que se lo aprendan”. Luego nos cuenta que se trata de un disco hecho con mucho amor y mucho dinero, que sin embargo no fue bien recibido por el público. Nunca se sabe.
Canta entonces canciones de amor y desamor: “Tal vez” y luego “Cicatrices”. Esta última es más conocida, algunos corean al final.
Anuncia luego que va a hacer un cover de Catupecu que a su vez es un cover de Metrópoli: “Héroes anónimos”. Para ello invita a su “;hermano más que amigo”; Martín Laco, que es quien le está enseñando a “hablar en uruguayo”-
Hacen una preciosa versión y en el medio de la canción, improvisa un solo de guitarra que no estaba planificado, se ríen y nos cuentan luego que fue una decisión de último momento.
Sigue con más temas de Cuentos Borgeanos, es el turno de “Eternidad”, Abril pide ayuda con palmas y coro en “Somos sueños”; y luego en “Té verde”.
En este momento pide que suba al escenario “con su increíble voz”, a Pira Bastourre, que se suma con guitarra y sin lentes para hacer “Pequeña Luz”.
Pira se queda porque van a hacer dos canciones más: la primera un cover de Divididos: “Par mil”. Una gran versión, potente, pero al mismo tiempo controlando muy bien -entre los dos los volúmenes- los graves y los agudos.
Sigue “Felicidades”. Los artistas se admiran mutuamente y se nota, se miran con orgullo y cariño. También disfrutan con el público: “es re lindo cuando ustedes cantan, nos regocijamos en nuestro ego”; bromea Abril.
Nuevamente queda Abril solo en el escenario, hace “Verdad Oculta” y luego “Resistir”, la gente corea desde el inicio. Sosa predica para conversos.
Anuncia la última canción y es abucheado. “la última de la lista”; se ríe. Le piden una de Cuentos. Empiezan a tirarle nombres de canciones y comienza una negociación. Termina con un consenso: “Mírame”, “un temón, me copa. Les propongo que se paren”; dice, mientras baja del escenario. Termina la canción con él sentado a la mesa, y nosotros parados, bailando.
Antes de finalizar, agradece a El Hormiguero, y al sonidista. Nos cuenta que quedó dolorido luego de su salida de Catupecu, aún espera que Fernando Ruiz Díaz de la cara y le explique su salida, pero nos dedica un cover “para mí la mejor”;: “Magia veneno” en versión libre, arrebatadora.
La gente insiste, pide otra y nuevamente empieza la negociación, entre los fans de Cuentos Borgeanos y Catupecu. “Esta gira empezó en Mar del Plata y allí Pira me dijo que tocara la polca. Pero se tienen que parar”; y así termina el show, todos parados cantando, Abril saltando sobre el escenario hasta que se retira ovacionado.
La gente no se quiere ir, se avalanchan sobre la lista de canciones que quedó abandonada en el escenario, no pueden creer haber visto a su ídolo tan cerca y tan cercano.
Fue un gran cierre de noche de viernes.














































