
Una tarde escuché en la radio hablar de un espectáculo vinculado a Eduardo Mateo, la entrevista estaba empezada y mi trayecto fue tan corto que no me permitió llegar al final, ni siquiera llegué a enterarme de quién hablaba, pero me quedó picando la curiosidad.
Días después, en un intercambio de mensajes con Javier Alfonso, recibí un afiche con la leyenda “no te pierdas esta maravilla”, una segunda señal, además que a Javier siempre le creo, ya sea cuando me lo recomienda desde las páginas del semanario Búsqueda o personalmente.
Fui a la sala Hugo Balzo en la segunda de tres funciones programadas para ese fin de semana. El espectáculo fue verdaderamente una maravilla, catorce músicos en escena reinterpretando, celebrando el disco Mateo solo bien se lame a cincuenta años de su edición. Ese disco inconcluso que llegó a nuestros oídos gracias a la tozuda inteligencia de Carlos Píriz, quien conservó esas tomas hechas en solitario por Eduardo Mateo. Ese disco incompleto que Mateo dejó abandonado al otro lado del Plata se completó en Montevideo, cincuenta años después, de la mano de Nair Mirabrat y un puñado de invitados que comandaba Martín Ibarra.
Me retiré de la sala maravillado y lleno de preguntas, por lo que en vez de hacer una crónica del recital pensé en conversar con Martín sobre todo para saber cómo llegamos a este espectáculo y cómo sigue esta historia.
Lo que sigue es parte de la conversación que mantuvimos con Martín, recién llegado de Japón, en un barcito de Pablo de María y Charrúa.
Me cuenta que todo surgió a partir de los Fondos Concursables del MEC, los que brindan la certeza de que si presentás una propuesta interesante, debidamente justificada y detallada tenés posibilidades ciertas de conseguir un financiamiento. Presentarse a estos fondos obliga a ser muy claro y preciso en todos los aspectos del proyecto, entonces una idea medio vaga se va convirtiendo en una precisión que debe quedar debidamente documentadas. Martín reconoce que elaborar el proyecto le permitió bajarlo a tierra y también evitar que cualquier aspecto quedara librado al azar. La idea era festejar este disco por todo lo que generó después, cómo fue sembrando en artistas contemporáneos y posteriores una influencia que los marcó.
Martín sabía que la idea original del disco no es lo que conocemos, Mateo empezaría solo, grabando algunas bases de guitarra, voces y algo de percusión y después se irían sumando arreglos de otros instrumentistas:
…pero Mateo se va de forma abrupta y lo deja a Píriz trabajando solo, pero si continuamos la línea y Mateo se hubiera quedado ahí, muchos de los músicos de jazz que se arrimaban al estudio seguramente habrían hecho su aporte y nosotros decidimos meternos en esa posible rama de la historia que no sucedió y hacerlo ahora. El hecho de que sea un disco tan despojado lo convierte en un material muy abierto a intervenirlo de muchas maneras.
Una vez que el MEC aprobó el proyecto se dispusieron a armar el equipo de trabajo, era fundamental sumar a alguien que trabajara la escena, porque contar con catorce músicos permite infinitas posibilidades, trabajar con todos los músicos a la vez y formar tríos, quintetos, en fin, lo que pida la canción. «Es un parque de diversiones arreglar cada canción, incluso me di el gusto de llamar a cuatro voces, lo que me permitía tener una multiplicidad de timbres y registros». Martín conoce a todas las personas que convocó, forman parte de su círculo de amistades y sabe lo que puede aportar cada una. Por ejemplo:
Federico Araujo es un pianista que por sus características le podía dar fragmentos para que sonaran más tangueros o clásicos, porque él viene de ahí. A Jeremías Di Polito le encomendé un solo en el medio del espectáculo, porque sé que ese es su fuerte. Hay una anécdota divertida y es que Jorge Di Polito no es del palo de Mateo y sin embargo el espectáculo le gustó, nos dijo que habíamos logrado que le entrara a Mateo. La mayoría de la gente que asistió ya conoce el disco, pero hubo gente que al escuchar esto ahora les llegó más o de otra manera. A Juan Ibarra lo conozco desde siempre y sabía que podía darle libertad en la batería. En los vientos hay un sonido clásico como el de Karen Martínez, que es la clarinetista y que no es de improvisar, si yo le doy un arreglo lo toca perfecto, pero no es como el Gato Levin que le gusta improvisar y yo lo puedo dejar más libre, hay un momento en «Jacinta» que yo le doy un espacio para que haga lo que quiera, porque sé que es su cancha y ahí puede jugar a su gusto. En el caso de Morón, yo sé que no solo toca el trombón, sino que canta, entonces le sumé un micro para que participara en las voces, o también lo hice al revés, Silvia Gómez que es cantante también toca percusión y le pedí que se llevara accesorios para sumar desde ahí. Yo ya había escrito bastante de la música, pero después me fui nutriendo de las formas de cada uno. Fue un proceso muy divertido que se trabajó durante casi tres meses.
Cuando Martín tuvo tres temas escritos juntó a toda la banda, de modo de ver cómo sonaba la tímbrica del ensamble completo y con esa información seguir escribiendo los arreglos. El proceso siguió, pero ya trabajando por partes, haciendo las bases, juntándose por un lado con batería, bajo, guitarras y piano, otro día dedicándolo a los vientos y otro a las voces para ver cuáles iban en cada canción y qué cantaba cada uno.
Martín era el único que podía visualizar un resultado final, y eso se refleja en el comentario que le hizo Fede Righi el día del estreno: “Recién entiendo a dónde ibas, lo que te estabas imaginando”.
Martín explica:
Incluso desde el aspecto escénico porque hay una parte del espectáculo en que les decía que cada uno iba a tener un gesto para hacer, o se iba a tener que parar de determinada manera en cierto lugar, yo les decía «recuerden eso y nada más» y ellos tenían mucha incertidumbre. Eso yo lo pensé en la narrativa general del espectáculo, que además iba a tener la característica de que no íbamos a hablar nada, no presentaríamos las canciones, nada.
Hubo una preocupación para que no se generaran baches en el espectáculo, que el público se mantuviera activo y atento, que no tuviera la oportunidad de conversar entre tema y tema. Para la gestualidad del espectáculo y la escena, contaron con el apoyo de Carolina Silvera que es directora de danza y es la que propuso posibles movimientos para que ejecutaran los músicos. También hubo un cuidado diseño de la ubicación de cada uno de los instrumentos para optimizar el resultado a nivel musical y visual, apelaron al uso de tarimas de forma de generar una visión armoniosa y posibilitar que el trabajo de cada uno de los músicos estuviera al alcance de todo el público.
El repertorio consistió en interpretar el disco completo, lo único que se agregó fue el solo de guitarra de Jeremías Di Polito. En un momento manejaron la posibilidad de agregar un par de temas, “Nene “y “Amanece”, que son canciones que quedaron por fuera de ese disco, pero grabadas en las mismas sesiones, pero al final Martín decidió quedarse con las trece publicadas en el disco. Lo que sí hizo fue reordenarlas, que en definitiva el orden de las canciones en el disco no fue una decisión de Mateo sino de Píriz, «entonces sentí la libertad de pensar qué orden le daría yo», afirma. La canción que abre el espectáculo es «De nosotros dos» interpretada entre Martín y Sara Sabah, solo dos personas entran al escenario y luego ingresa la trompeta y hace una melodía que es el pie para que entren el resto de los músicos. «Se va la Chola» fue la elegida para terminar el recital, logrando un punto alto en la interpretación y la energía del recital.

Martín siente que el espectáculo gustó mucho, los músicos lo disfrutaron y eso era visible para quienes estábamos entre el público.
Para finalizar nuestra charla le propongo a Martín ir al principio, cómo llega Mateo a su vida, él viene de una casa donde la música siempre ha estado presente, su padre toca la guitarra y recuerda claramente escuchar mucho los dos volúmenes de Mateo Clásico, los dos discos editados por Orfeo con la curaduría de Jaime Ross. Ya en la adolescencia, Mateo se colaba en las guitarreadas liceales, y Martín pasó de la escucha despreocupada al estudio casi obsesivo de su obra. Cuando le pregunto qué es lo que hace diferente a Mateo no duda en responderme:
Para mí es el ritmo, todo lo que es mano derecha y por ejemplo cómo siente el candombe que es diferente a cualquier otro. Tiene ritmos raros, como el del «Tunguelé» o «De mi pueblo», que son ritmos rarísimos, o las influencias de Leo Brauer en el arpegio de «Lo dedo negro», que es un tipo que tiene cosas armónicamente raras y Mateo tomó de ahí.
Este no es el primer trabajo de Martín con la obra de Mateo, en 2021 Pippo Spera se comunicó con él, por un tema inédito que Mateo compuso en los setenta. Pippo le propuso que produjera la grabación e hiciera los arreglos de la canción, así que convocó en voces a Martín Buscaglia y a Sara Sabah, y él junto a Pippo se ocuparon de las guitarras. El resultado es Despertar, una edición de Little Butterfly que cuenta con un video realizado por Martín Solana, que se puede encontrar en You Tube.
Si bien Martín tiene buena relación con quienes fueron músicos contemporáneos y amigos de Mateo, para este espectáculo decidió armar una banda que no lo conoció personalmente:
Mi idea era juntarme con colegas que tocamos similar, porque por ejemplo, Urbano Moraes ya tiene una ligazón con la obra de Mateo, incluso lo podría haber hecho como lo hacía Mateo, sabe mucho más que nosotros, nosotros partimos desde otro lugar que nos es común.
Pero toda norma puede tener una excepción y esa se dio el primer día, cuando para sorpresa del público y de los propios músicos una figura bajó la escalera, se posicionó detrás del piano, le tocó el hombro al pianista y le dijo ¿Puedo tocar esta? Se trataba de Hugo Fattoruso. Esto lo tramó Martin junto con Hugo para sorprender a propios y extraños, ensayaron «La mama vieja» y la consigna era sencilla: «Después de tal tema bajá la escalera y tocás. A mí me encanta que el recital tenga esta cuota teatral y lúdica y a Hugo le encantó la idea».
Esta historia continuará. Moriana Peyrou se puso en contacto con ellos para invitarlos a la próxima edición, en noviembre, del festival Música de la Tierra; se está en negociaciones para editar el disco en base a la grabación en vivo que se hizo del espectáculo, y es posible que surjan nuevas presentaciones.
Este es un espectáculo pensado para verlo en vivo, así que la recomendación queda hecha, si tiene oportunidad, como dijo Javier, no se pierda esta maravilla.
Ficha técnica del espectáculo
Martín Ibarra – dirección general, voz, guitarra y piano.
Sara Sabah- voz
Silvina Gómez voz y percusión
Nico Selves- voz
Juan Ibarra – batería
Coby Acosta- percusión
Fede Araujo- piano
Fede Righi- bajo
Jeremías di Pólito- guitarra
Juan Olivera- trompeta
Martín Morón- trombón y voz
Karen Martínez – clarinete, flauta y voz
Daniely Benítez- flauta y voz
Gonza Levin- saxos y flauta
Martín brizolara- Diseño sonoro
Ana Paula segundo- Diseño de luces
Bruno pesce- Arte
Nefru Vila – Produccion
Caro Silvera- Dirección escénica
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