
Hangwire: rara avis uruguaya
Hay algo bastante raro en que una banda de post-punk aparezca en Uruguay y, más curioso todavía es que lo haga cantando en inglés, con una estética oscura y una música que parece venir de algún sótano de Manchester, Berlín o Detroit. Pero Hangwire existe, es del norte de Uruguay y, contra todo pronóstico, viene surfeando la ola de un fenómeno bastante particular alrededor de su música.
La banda arrancó durante la pandemia por iniciativa de Andrés D’Souza y con el tiempo terminó convirtiéndose en el trío que integra junto a Federico Texeira y Tomás Airala. Lo que empezó casi como un experimento terminó tomando forma en Farewell, su debut de 2023, un disco donde aparecen clarísimo el post-punk, el rock gótico, el darkwave y algunos rastros de shoegaze. Joy Division, The Cure, New Order o Interpol están ahí, sí, pero también hay un profundo gesto propio en la manera en que Hangwire arma sus canciones: bajos al frente, guitarras con bastante aire, baterías firmes y una voz que parece hecha para cantar sobre ciudades grises y crisis existenciales.
Y justamente ahí está una de las cosas más llamativas. Uruguay tiene una historia enorme de rock, punk y música alternativa, pero que una banda se plantee hacer post-punk de lleno sigue siendo una rareza. No porque no haya músicos capaces de hacerlo, sino porque es un género que acá nunca tuvo una tradición masiva. Además, decidieron cantar en inglés, una elección que podría haberlos dejado encerrados en un nicho todavía más chico, pero pasó lo contrario. La banda empezó a llamar la atención afuera mucho más rápido de lo que uno esperaría para un grupo uruguayo de estas características. En plataformas de música, las cifras son bastante delirantes para una banda uruguaya y alejada de cualquier circuito grande.
Y después está el detalle que termina de hacer que la historia parezca inventada: Hangwire llegó a tocar en Portugal, participando de un festival internacional dedicado al género. El diario El País directamente los definió como una “rara avis” de la música uruguaya y como un fenómeno de post-punk anglófono con miles de oyentes alrededor del mundo.
Un réquiem moderno. Ahora, con Eulogy for the Nameless, editado en marzo de este año por el sello canadiense Artoffact Records, la banda parece haber dejado atrás la etapa de promesa para empezar a consolidar una identidad propia. Hay más músculo, seguridad y una producción que mantiene ese clima oscuro sin quedarse atrapada en la nostalgia ochentosa. Quizás lo más interesante de Hangwire sea eso: que en un país donde hacer post-punk en inglés puede sonar, de entrada, como una idea bastante improbable, lograron convertir justamente esa rareza en su carta de presentación. Y mientras acá todavía alguno puede preguntarse “¿pero cómo llegaron estos gurises a Portugal?”, afuera hay gente escuchándolos, metiéndolos en playlists y siguiendo lo que hacen. Para una banda uruguaya, no es poca cosa. Para una banda de post-punk uruguaya, es directamente bastante insólito.
Eulogy for the Nameless es un disco que confirma que Hangwire no estaba de paso. Hay una oscuridad que atraviesa todo el álbum, pero no impostada ni en una colección de gestos góticos: está en los bajos que empujan las canciones, en las guitarras que aparecen y desaparecen, en esas voces que parecen cantar desde un lugar medio distante. El disco tiene momentos más directos y otros más atmosféricos, pero nunca pierde el pulso. Se nota que la banda entiende el lenguaje del post-punk y, al mismo tiempo, que no está intentando reconstruir un disco de 1982 sino una colección finamente editada de influencias que incluyen guiños a bandas locales precursoras en el género por estas latitudes. Hay algo contemporáneo, incluso cuando las referencias son evidentes, Eulogy for the Nameless suena a una banda que encontró su lugar entre la melancolía, la tensión y las ganas de hacer canciones que puedan salir de Uruguay y reptar bastante más lejos.