
Llegar a un encuentro de Montevideo Sonoro es toda una experiencia particular. La gente es convocada, en esta oportunidad, en una plaza, a metros del Cementerio Central. La plaza Alfredo Zitarrosa, que en dos años cumplirá diez de su inauguración.
Situada en casi los límites del Barrio Sur, lugar donde realizará Montevideo Sonoro este recorrido, uno de los tantos que ya tienen, busco inmediatamente a los responsables inmediatos de que esto suceda. Daniel Machín, Carlos Dopico, Sebastián Casafúa y Marcela Martínez. Los tres nombrados primeros se quedaron para la foto, Marcela ya estaba por otro lado organizando para que todo fluyera.
Lo que fluye es el proyecto: la gente se organiza, hace fila para dejar un documento y retirar los auriculares de Domo Silent, la tecnología que hermana a este grupo humano, ya con música para ir ambientando a este viaje sur.
En charla con Machín, Dopico y Casafúa surge que recién habían terminado de probar la curaduría del próximo recorrido, como dice la canción “rivales y hermanos”. El barrio a caminar, escuchar y disfrutar las próximas historias detrás de las canciones será Palermo. El 26 de julio, en horarios de 11 y 15 hs. Estaremos atentos a la convocatoria, como corresponde.
Sur, paredón y después
No es un paredón, y tampoco es una canción de éste Barrio Sur. Es una ventana que se abre, una cortina que se corre. Un vecino del edificio “Estrella del sur” se asoma a ver esta reunión de personas, donde en otros momentos hay reunión de tambores, cuando se llaman las distintas agrupaciones, cuerdas de tambores de todos lados y el seis de Enero se hacen las llamadas de San Baltasar.
Esta plaza que hoy convoca, ha sido punto de reunión de diversas demostraciones de cultura, organización barrial y de resistencia. La antigua fábrica de jabones Strauch, donde se erguía “La Buena Estrella” y sus jabones de creolina.
También lugar de reunión, como habrá sido de mucha gente, pero que está en la memoria de este cronista, allá por los años 90, cuando desde el viejo liceo Nº 5, con algunos compañeros había hora libre. Ese era el mojón de referencia para luego, por lo general, ir al cementerio central a recorrer, entre otras cosas, los túneles que ahí se encuentran, pero esa historia ya sería resorte de otras crónicas.
La mesa que sirve de oficina móvil lentamente se va quedando sin los auriculares que esperan a los futuros navegantes, que poco a poco se van colocando e integrando al silencio que se va generando.
El murmullo de la multitud se va acallando a medida que la música en los auriculares va tomando presencia y un “Buenas tardes, o buenas noches ya, bienvenidas, bienvenidos ¿Me escuchan bien?” de Carlos Dopico, conductor, relator, contador de historias, guía de este grupo humano conformado en el barrio corazón del candombe. Se armó una – a partir de ahora – Comparsa Silenciosa.
Comienza la presentación por parte de Dopico del proyecto, de los integrantes, de quienes conforman el grupo humano para que esto sea posible. Las recomendaciones de orden: cuidado al cruzar ciertas esquinas, tener cuidado y hacer caso al equipo de seguridad que protege en todo segundo. Nada está librado al azar.
El tango, la milonga, el candombe, el rock, el hip hop, los estilos que han nacido en esta zona, como el candombe beat, el candombe canción, la murga. Una zona crisol de razas, de costumbres, de naciones, de estos y otros lados, el verdadero aglutinar de personas, que quizá en un conventillo o en una casa de familia adaptada en pensión, donde convivía un obrero de subsistencias, quien salía en la cuerda de tambores de la cuadra, con alguien que terminó siendo guitarrista de tango y que lo vino a buscar el propio Carlos Gardel, una de las veces que estuvo por esta capital y quedó sin músico acompañante.
Historias que recorren calles, lugares, recovecos, puertas de zaguanes, esquinas a las cuales todavía no hemos llegado, porque todavía estamos en la plaza donde fue convocada esta Comparsa Silenciosa.
La plaza Alfredo Zitarrosa es el punto de partida, con toda razón: en esa zona vivió el cantante, compositor y guitarrista, considerado uno de los mayores exponentes de la música popular uruguaya.
Esta historia y otras, la dejaremos en suspenso para que la cuente Dopico, que sin dudarlo, lo hace mucho mejor de lo que podría hacerlo este humilde cronista. Ya con esa invitación aseguren lugar para el próximo Barrio Sur, o cualquiera de los recorridos, son verdaderamente imperdibles.
Luego de las primeras historias, la invitación a moverse, pero un poquito nada más.
Un chofer de UCOT también se mueve, mueve su bus que reposa para salir nuevamente a la ruta y permite que, de alguna manera, se corra el telón, cual obra de teatro, y deje ver la fachada de un lugar emblemático del barrio.
La Comparsa Silenciosa
Esta canción desde hace años forma parte del cancionero popular del Uruguay, es de Larbanois y Carrero, podría sonar perfectamente en esta curaduría, en este recorrido, pero no. El título de la misma sirve para referirnos a esta marea humana, a estas casi 120 personas que acompañan el relato en una fila, que en algunos momentos llega a la cuadra de extensión. Respetuosa de las historias, de la memoria viva y pasada del barrio, de las palabras que van brotando de la memoria prodigiosa de Dopico.
Historias, que en una de las esquinas congrega, como si fuese un foro griego, a un semicírculo orgánico que se forma casi instintivamente.
El viento Sur hace sentir, también el olor a cocina de hogar que sale de las ventanas de los vecinos permanentes para estos vecinos temporales que forman esta Comparsa Silenciosa que atraviesa el barrio.
Llega a los oídos un candombe de los clásicos, de los que sabemos todos, en la voz de una habitante de toda la vida de este barrio.
Barrio que sufrió tantas modificaciones a lo largo de su existencia, un barrio marginal, donde convivían obreros, familias, algunos malandras y mucho inmigrante que plasmó la identidad, donde la piqueta fatal del progreso quiso hacer mella -y la hizo- queriendo borrarlo para siempre y no pudo.
Un tendedero en la vereda, un camión levantando residuos, coches que pasan, nos recuerdan que estamos en una zona que vive, se mueve y lucha, sigue luchando por su cultura, por la cultura de todos. Esto se hace patente cuando una chica, de unos 18 años, pasa a través de todos con un tambor repique al hombro. Salía de una de los baluartes de resistencia cultural, ahí nomás, en la Peatonal del Candombe.
Si bien, uno de los trayectos, de los recorridos, podría ser todo candombe, este no lo es, hay mucho más música, estilos, pero sin dudarlo es el candombe un ritmo que atraviesa todo: murales, casas, una cuerda ensayando allá a lo lejos, todo nos hace recordar que estamos en el corazón de este sonido único y que en este barrio tiene un toque fundamental.
“Lonjas de Cuareim van por la acera” cantaba Fatorusso en una versión más moderna junto a las Lonjas de Cuareim, una canción de Hugo Alberto Balle, del año 1961. El candombe cuenta la historia, la historia de este barrio.
Un ritmo que quiso ser frenado y no pudo, que en la época más oscura de nuestro país trató de desmembrar las familias tirando abajo casas y conventillos.
Esta acción hizo que las familias se llevaran consigo la cultura, la música, por lo que en el momento de escribir estas crónicas, en el barrio de Nuevo París, al oeste de la capital del Uruguay, se escucha una cuerda de tambores que en en medio de una ola de frío, en este crudo invierno, aun así salga, toque y replique el sentir.
El tambor, anárquico, cimarrón, porfiado, se niega a desaparecer y una clave de candombe deja a la gran mayoría de esta comparsa silenciosa repitiendo “chás chás” con las manos, con el cuerpo, con los piés, con el alma.
Un barrio para caminar, conocer, disfrutar
Aprovecho estas líneas para hacer un recuerdo de otra caminata por este Barrio Sur realizada por el gran Néstor Ganduglia, con su Montevideo Secreto haciendo “La Ruta del Candombe”, uno de sus últimos paseos guiados, el 29 de diciembre de 2024.
Un claro ejemplo que el barrio, la zona, la historia permite realizar distintos enfoques, como el de Montevideo Secreto, que lamentablemente por el fallecimiento de Ganduglia, no será más. O como el que plantea Montevideo Sonoro, que como cuenta el mismo Dopico, es uno de los posibles cinco recorridos que junto con Casafúa y Machín prepararon. Si, cinco, como lo leen, así de amplio es este barrio montevideano, quizá uno de los más característicos en sus formas y cultura.
Se sigue avanzando, en canciones y en historias. Canciones novedosas para algunos, un Hip Hop candombeando, un Rock que viene desde el tiempo, un candombe canción, con toques de resistencia a una nueva embestida a la cultura.
Montevideo Sonoro es y forma parte de esa resistencia, nos invita a todos a ser parte de ese testimonio, de este movimiento que rescata la oralidad, la musicalidad, las historias detrás de las canciones y de las canciones que fueron inspiradas por esas historias.
A un año de haber visto la luz, la calle, de hacerse parte indiscutible del paisaje montevideano, con su marea humana de paseantes, escuchas atentos, con auriculares iluminados de azul en el medio de la noche cerrada, o de una tarde cualquiera, atraviesan barrios, zonas, calles, historias, corazones.
Seis circuitos realizados, más por venir. Algunos que fueron creados a medida para fechas especiales, como el que se hizo y llevó como nombre “Montevideo Sonoro de la Memoria” el jueves 22 de mayo pasado, el proyecto se ha hecho realidad y podríamos decir que no se demoren en agendar fecha, el próximo recorrido Yacumenza.
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