Con una duración de 215 minutos (3 horas y 35 minutos), “El Brutalista” no solo desafía las convenciones tradicionales del cine, sino que demuestra cómo una historia puede mantener al espectador completamente absorto. Lejos de sentirse pesada, esta monumental obra de Brady Corbet, ganadora del León de Oro al Mejor Director en el Festival de Cine de Venecia, nos sumerge en una experiencia visual y emocional que trasciende el tiempo.
La película sigue la vida de László Tóth, un visionario arquitecto húngaro judío interpretado magistralmente por Adrien Brody, quien, tras sobrevivir al Holocausto, emigra a los Estados Unidos en busca de una nueva vida. Se reencuentra con su esposa Erzsébet, interpretada por Felicity Jones, después de años de separación forzada. El sueño americano, sin embargo, se convierte en un desafío repleto de sacrificios y dilemas morales, especialmente cuando László se encuentra trabajando para el poderoso industrial Harrison Lee Van Buren (Guy Pearce).

¿Qué es el brutalismo y por qué importa en esta historia?
El brutalismo es un movimiento arquitectónico que se popularizó en la posguerra, conocido por su estilo austero y monumental. Este tipo de construcción utiliza materiales desnudos como concreto y ladrillo, destacando la estructura sobre la ornamentación. Inspirado por arquitectos como Le Corbusier y Marcel Breuer, el brutalismo buscaba funcionalidad y honestidad estructural, a menudo reflejando los traumas y la resiliencia de un mundo en reconstrucción tras la Segunda Guerra Mundial.
En “El Brutalista”, la arquitectura se convierte en una metáfora de la lucha de László por construir algo duradero en un mundo que constantemente amenaza con derrumbarse. Su obra más ambiciosa, el Instituto, no solo es un testimonio de su talento, sino también un reflejo de las cicatrices psicológicas que cargan los sobrevivientes de la guerra.
Adrien Brody entrega una actuación profundamente conmovedora, apoyado por un elenco de primera línea que incluye a Felicity Jones, Guy Pearce, Joe Alwyn, y Raffey Cassidy. La dirección de Corbet, junto con la coescritura de Mona Fastvold, logra plasmar una narrativa épica que abarca tres décadas y múltiples lenguajes, entre ellos inglés, húngaro y hebreo.
El diseño de producción, a cargo de Judy Becker, y la cinematografía de Lol Crawley, capturan con precisión la esencia del brutalismo y el contexto histórico, mientras que la música original de Daniel Blumberg añade una dimensión emocional única.

El estreno previsto en Uruguay para esta película es el 6 de Febrero











































