
En la Sala Benedetti de Agadu y con la presentación de Jorge Bafico y el autor Osmio Curbelo, se presenta su primer libro, una obra que conecta letras, vivencias y emociones.
Ante nutrida concurrencia, nos reciben el psicólogo Jorge Bafico y el psiquiatra jubilado Osmio Curbelo.
Jorge nos cuenta que no lo conocía personalmente a Osmio, pero como el libro venía prologado por el afamado escritor y periodista Rafael Courtoisie, accedió a leerlo y acompañar en esta presentación, además de bromear sobre la aparente rivalidad entre psicólogos y psiquiatras.
Indica que se trata de un muy buen libro de cuentos, de un autor que tiene un estilo propio, que es algo no fácil de encontrar en una primera obra. Que cuando supo que Curbelo era psiquiatra pensó que seguro el texto iba a tener que ver con la clínica, pero no. No está el psiquiatra en el libro. Se trata de otra cosa: historias mínimas, un universo diferente a todo lo que pensaba.
J.B. – Cuando uno escribe, por lo general hace un ranking personal de los cuentos, que en general no coinciden con el que hará luego cada lector, entonces más que hablar de ellos, la dinámica será de dos formas: hacer preguntas al autor, y luego analizar la “nube de palabras”. Comencemos.
J.B.- ¿Qué te llevó a escribir Buena letra?
Antes de contestar, Osmio comenta que Bafico le fue recomendado por una psicoanalista amiga que él respeta mucho, y que además supo que también fue alumno de Courtoisie, y esto confirmó la decisión de invitarle esta noche a la presentación.
O.C. – Siempre me gustó escribir, pero por trabajo, no era posible dedicarle el tiempo necesario. Cuando hace 5 años me jubilé, empecé a probar, hice unos talleres, escribí algún cuentito, me presenté a algún llamado… sin éxito. Esto lo hago por el gusto de contar, y el gusto de compartir. De hecho, hay en la audiencia varios compañeros de talleres que me animaron y así se empezó a armar el libro. Aunque pensé que me iba a gustar sólo a mí.
J.B. – Siendo el autor alguien acostumbrado a escuchar cosas terribles, pensé que las iba a encontrar en el texto. Sin embargo, no están.
O.C. – Sería fácil.
J.C. -Efectivamente. Son cuentos minimalistas que no tienen el horror ni el dolor. ¿por qué pensás que no tomaste el camino fácil?
O.C. – Yo quería escribir algo que me gustaría leer. Ya no quiero leer casos espantosos, porque detrás hay gente. Es lo que me gustaba de mi trabajo, cada paciente es una vida, una historia. Yo era de hacer entrevistas largas, no sólo medicar. En mi libro quería encontrar ternura, nostalgia; historias que nos puedan llegar a todos. La clínica se lee con distancia, porque se trata de un paciente.
J.C. -Si le hubiese conocido antes, le habría derivado pacientes. No se escucha mucho este tipo de aproximación al paciente. Escuchar con ternura. El espíritu de este libro va para ese lugar. Hay algo del deseo que se juega, hay mucha nostalgia: de balnearios, de calles, de comidas. Ese es el motor que mueve al escritor a salir del lugar común, para llevarlo a algo más interesante. Y no se ve a Rafael Courtoisie en este libro, eso también es interesante. ¿Qué autores tomaste como referentes?
O.C. – Javier de Viana, Morosoli… leí (que no aparece) mucha ciencia ficción. Son 50 años de lector. Mucha novela histórica también. Yo tenía un profesor de psiquiatría llamado Daniel Murguía que cuando los alumnos le preguntaban qué había que leer para ser mejor profesional, el contestaba: “lean mucho, eso les va a formar”. Podría decirte que leí a Moliere, a Balzac, pero lo hice salteado.
Bafico recuerda que Murguía también fue su profesor, y que hacía ateneos en el Vilardebó.
J.B. – Otro punto a favor, de un libro coherente consigo mismo. Toca lo singular, lo nostálgico. Es como una foto que ha perdido el color.
Bafico nos cuenta luego sobre la “nube de palabras”, que consiste en cargar en un software todos los cuentos del libro y pedirle que identifique las palabras más usadas. Es una técnica que usa con músicos también, y sus canciones. Entiende que es una forma de entender la clave del asunto.
J.B. – Miren qué interesantes palabras: Ella, el, años, padre, joven, vida. Ahí tenés la coherencia. ¿Por qué aparecen estas palabras?
O.C. –Tiene que ver con los sentimientos de uno. Ya no soy un pibe. Hay que mirar atrás y ver como se ven las cosas: distintas. El tiempo es muy importante. Ser padre me marcó profundamente. Biológico, padrastro, tío de mis sobrinos porque ahí sos padre también. Luego de una entrevista radial que hice hace poco, sentí “mis padres estarían orgullosos”. Me conmovió.
- B. – Es que son historias de gente común, cosas que has visto en uno, y en los demás.
O.C. – La vida habla por sí sola. Los que pasamos los 60 y descubrimos todo lo que podemos hacer… cada vez hay más cosas. Hacer lo que dejamos atrás, es una nueva oportunidad. Y yo quiero contar historias.
J.B. – Osmio me demuestra cosas interesantes. Es un hombre lleno de vida. Porque jubilarse a veces no deja de ser un problema. Mi padre, por ejemplo, no pudo sobreponerse, porque no tenía la palabra “vida”: se le terminó en el trabajo. Osmio es un optimista, nos dice que se termina la profesión, la cotidianeidad, pero nos invita a otras cosas: familia, plantas, vida. No es casual que parezca joven, la juventud no pasa por el cuerpo.
O.C. – Cuando mi padre se jubiló, mi madre se enfermó y murió. Como eran una pareja muy avenida, pensamos que iba a decaer. Pero no, comenzó a participar en actividades, a militar en política y en religión, se acercó al Centro Canario y hasta llegó a viajar a las Islas Canarias a llevar un brote de una planta a la tierra de sus ancestros. Hizo de todo. Realmente hizo lo que le dio la gana.
J.B. – Aparece el padre en el libro, y todos son los mismos.
O.C.- El, Ella, me remite a mi pareja. Todo el mundo sabe que es muy importante en mi vida. Que me ha animado mucho con esto. Discutimos, porque somos desordenados, pero en cosas diferentes. Ella es mi vida, ella lo sabe, lo que más queremos es tener buenos años juntos.
J.B. – En el libro, el punto más alto es el encuentro con el otro. En un tiempo que se ha deteriorado y vivimos prendidos del teléfono, es un buen lazo que en lo personal me recuerda a mi infancia. Cuando un psiquiatra de tantos años logra atravesar la clínica, la experiencia, y dejarlo, para llegar al otro lado. Felicitaciones y por muchos más libros y más letras.
La presentación finaliza con un espectáculo musical a cargo del dúo instrumental Los Esquimales, compuesto por Alejandro Schmidt (hijastro mayor de Osmio) y Gonzalo Peluffo, que “se juntan y hacen estas cosas que me gustan tanto, que quiero compartir con ustedes, aunque sea un ratito”, introduce Lalo, como se le conoce familiarmente.
El dúo se presenta con guitarra clásica y guitarra eléctrica, un final de fiesta que nos deja con un muy buen sabor de boca.










































