
Miércoles 12 de junio de 2024
El presidente venezolano, Nicolás Maduro, no solo es conocido por su hambre de poder y su desprecio olímpico por la democracia, sino también por sus payasadas propias de un charlatán o titiritero callejero. Su pasión por los medios lo llevó a estrenar su programa radial Maduro De Repente, el pasado jueves 30 de mayo de este año, a las 20.00 horas: “Los invitamos hoy a las 8 de la noche, hoy jueves 30 de mayo, hoy vamos a estrenar un programa con Maduro ‘De Repente’, de la radio a las redes, de las redes a las calles, no te lo pierdas”.
Recordemos que, en abril del año pasado, Maduro había estrenado en la televisión estatal, o sea, de él, el programa Con Maduro +. Recordó a Hugo Chávez y su legado “basado en los valores, su palabra, su imagen, su sonrisa, su verdad”. ¡Qué legado! Pero también se refirió a la transformación de Venezuela: “Vamos transitando por lo que he llamado el renacimiento de nuestra Patria, pasamos de la resistencia creativa, victoriosa a la etapa del renacimiento creador”. Sin duda, un político que ama los medios y los utiliza para manipular al pueblo.
A Nicolás Maduro le gustan las pantallas y los micrófonos. Le encanta la sociedad del espectáculo y le fascina ser el centro de las miradas (la metáfora de la pileta de plaza le calza como anillo al dedo). En su recién estrenado programa radial, los venezolanos tendrán mucha y variada información, noticias relacionadas con las lluvias “y otras cosas más”. Entre esas “otras cosas más”, divulgará ciertamente la creación de su nueva entretención para el pueblo: las motopiruetas. Circo para el pueblo, puesto que el pan escasea.
Se abrieron, entonces, las puertas del circo. El sábado 8 de este mes Maduro declaró las piruetas como el deporte nacional de Venezuela, y pidió de inmediato una ley que regule la actividad, así como la creación de espacios apropiados en todos los municipios del país: “Firmo el punto de cuenta para reconocer a las motopiruetas como deporte nacional en Venezuela”. Aprobó, entonces, un documento redactado durante un congreso en el que participaron 1.500 motoristas Así mismo, un censo nacional para conocer cuántos practican esta actividad.
Convengamos, en todo caso, que Nicolás Maduro es todo un personaje en el circense mundo de la política latinoamericana. Un farandulero de tomo y lomo que no solo hace de su persona un colorido espectáculo, sino que proyecta su propia imagen al cómic con su reconocido Súper Bigote, serie animada del año 2021, que lucha contra el imperio norteamericano y la oposición a su gobierno. Y, aunque cueste creerlo, el 5 de julio de 2022, durante el desfile de las Fuerzas Armadas en su homenaje a la independencia de Venezuela, una réplica inflable de Súper Bigote fue parte del acto.
Pero el circo maduriano no termina ahí. Para la Navidad de ese mismo año 2022, trece millones de Súper Bigote, acompañado de la Súper Cilita, la heroína esposa de Maduro, fueron colocados en las cajas de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), como regalo para los niños. Ignoro si este Súper Bigote, en alguno de los episodios, habrá hablado con el pajarito con que Nicolás Maduro se comunica con Hugo Chávez, que, como ustedes recodarán, es el intermediario entre él y su venerado Comandante.
Sí, Nicolás Maduro es un espécimen raro dentro de nuestra política latinoamericana. Un gozador de la vida y de la farándula. No me extrañaría, por lo mismo, que mañana aparezca en la televisión venezolana la serie Nicolás, el Súper Motopirituero.
En cuanto todo esto ocurre en el país de las fantasías de Nicolás Maduro, el pueblo no motopirituero, de la Venezuela real, se muere de hambre o huye del país.










































