
Las palabras de Hugo, que definieron la alegría que sentía la Banda de que los 2 shows de este fin de semana de julio en La Trastienda se agotaran, fueron algo así: “a nivel Trotsky, a nuestro nivel, estamos felices, no podemos creer lo que hemos logrado”.
Te digo Hugo; el show de anoche merecía un baile universal.
No dudo que el de la noche de hoy sea igual.
Hicieron mover el cuerpo como locos a todos quienes estábamos, a sus eternos fans y a quiénes no los seguimos antes. Si estabas anoche ahí, te fuiste encantado. Así me pasó.
Canto, electricidad, luces, pogo, pasión, risa. Tremendo show.
Un show visual, veloz, inmediato, efectista, familiar.
Su público los ha entendido y sigue estando ahí, agradeciendo, cantando, bandereando y coreando “vengarán, trotsky vengarán!”
Pero también a los otros, como yo, quienes comprobamos que de ser una banda sobre la que no teníamos mucha opinión o expectativa (tonta subestimación quizá sostenida por alguna cercanía), de golpe y porrazo terminamos sintiendo que lo vivido ayer pasó a ser uno de los grandes motivos por los que seguimos manteniendo eso de que aquella mùsica que nos hizo crecer sigue vigente y despierta a los más dormidos.
Ríndanse ante la evidencia, nos toca la responsabilidad de levantar banderas al rocanrol, a su legado.
Aprovechemos ahora, con las generaciones jóvenes, hagamos que recuerden de dónde nació todo; es un gran momento para la música, la precisamos. Y éste fin de semana es un gran momento para La Trotsky.
El final fue merecida ovación y una promesa en la cabeza de más de uno (me sumo) que al llegar a casa se los escucharía con más atención.
Sinceramente creo que la noche de ayer se encaramará en el top 5 de mis conciertos del año, me volví a casa con una sonrisa de oreja a oreja y con los tímpanos sordos, que maravilla la mùsica que entra al cuerpo y se queda, compruèbelos usted mismo. Los aconsejo.
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