
Pasó el primero de los tres shows que la banda dará en la sala del Parque Rodó. Los dos que restan ( 14 y 15 de Noviembre 2024) ya están agotados pero las presentaciones seguirán en otros escenarios hasta fin de año.
Lo que sucedió anoche en Magnolio fue realmente emotivo. La banda fue construyendo, paso a paso y tema tras tema, un show que deleitó a todos quienes asistieron y la sala llena terminó de pie junto al escenario pogeando y coreando las canciones con pasión y adrenalina. Un final por lo alto y a toda emoción.
Es que la banda liderada por Fontanini y Boudakian, fue llevando los temas que formaron el repertorio elegido para la ocasión con una mezcla inteligente de sutilezas y poder. Si bien la excusa para estos conciertos fueron los veinte años de “Dejando Marcas”, el segundo disco de la banda, el entramado de canciones fue de tal magnitud que aparecieron joyas que estaban en descanso desde hacia mucho tiempo. Algunos temas muy pocas veces tocados y que esta vez se lucieron con un brillo total. Tal como se merecían.
Mape Bossio y Mikael aguantaron la base con la contundencia que nos tienen acostumbrados, que más podemos decir, hacen frente a lo que venga con la naturalidad que los distingue, como si eso fuese fácil. Joel Capdeville y Martín Casal, en las violas, forman un entramado de solos, llevadas y distorsión en que la música de Snake se hace incontenible desde los pies al cerebro. El aporte de las teclas Tato Cabrera sumó en cada intervención lo que el tema necesitaba, piso y armonía.
Y después… Snake. La música de Snake. El soul, el funk, el power, la balada y las letras de que hablan de vos, de mi, de nuestra ciudad. Esa lírica que nace del corazón astillado, del amor, de las madrugadas, de la necesidad de expresarse con todo lo que se tiene para dar, en el cuello de una botella y en el abrazo que acomoda el corazón. Todo pasado por el tamiz que da la voz de Marce, un sello distintivo. Escuchas ese timbre vocal y decís Snake. Además anoche cantó impecable, un disfrute total. Las luces y el sonido a la altura de la fiesta.
Disfrutamos de su mezcla sinuosa de estilos, de la montaña rusa, de la intensidad, de la mística y el camino, de Cohen, de Hank y Marcelo, de vos, nosotros, la esquina, el bar. Y el regalo de “Suicida” con un solo de arrepio del maestro Popo Romano, haciendo que el bajo hable con la voz de sus cuatro cuerdas ¿solo cuatro cuerdas? Salve.
La banda disfrutó y se notó abajo. Busquen las fechas que siguen si no tienen entradas para Magnolio. Fueron veintiséis canciones, veintiséis historias y miles de emociones en la alfombra mágica de la canción. Una reacción física ante una voz y el sonido, no solo belleza y armonía, lírica y swing… hacia ahí van las balas.
La lista: Interludio. Cómodo. Mordiendo la ciudad. Dejando marcas. Ya no hay tiempo. Explotar. Magnéticos. Vampiro. Real cómo el día. Sin mirar atrás. Uruguay. Esquivando balas. Ojos de serpiente. Los antídotos. Volverse a encontrar. Mundo paralelo. Equis. La Muralla. Montevideo volvè. Hijos del tiempo. Fríos los reptiles. Dinosaurios. Suicida. Lo poco que te queda. Dos pasajes para Marte (Litium – Nirvana). Ataque de Pánico.
Gracias Snake por la música. Salú.
fino.
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