
No estoy segura de cómo hacer esta reseña. Quiero hacerla, quiero compartir esta historia que me obsesiona, hasta hoy, semanas después de haberla terminado. Aun así, no sé cómo poner en palabras la maravillosa experiencia que tuve con este libro, la forma en la que por momentos me transportaba a Ketterdam con seis ladrones inexpertos que querían venganza, libertad o tal vez solo un poco de acción en sus vidas. De todas formas, voy a intentarlo.
En Ketterdam, la violencia y el crimen son protagonistas. Los derechos escasean y todo puede conseguirse por el precio correcto. Es el hogar de burdeles, casinos y bandas criminales, está plagada de asesinos, bastardos que aprendieron a blandir un puñal antes que andar en bicicleta. Kaz Brekker es un claro ejemplo: líder de los Despojos, banda que se encargó llevar a la cima, se labró una reputación de ladrón experto, consiguió un equipo a la altura y estableció que es capaz de lo que sea con tal de abultar el bolsillo.
Cuando un reconocido mercante necesita robar un secreto que, en manos equivocadas, podría amenazar al comercio mundial, no es sorpresa que deje las legalidades de lado y busque al mejor ladrón disponible. Sin embargo, Brekker no es ningún héroe, solo la promesa de una riqueza inimaginable es capaz de captar su atención y hacerle reunir un grupo de jóvenes insolentes capaces de un golpe imposible a cambio de una vida de otra forma inalcanzable.
Es así como empieza el mayor desafío al que cualquiera de estos delincuentes se ha enfrentado jamás.
Con personajes hostiles, impulsivos y completamente cautivadores, Leigh Bardugo teje un mundo maravilloso con la pizca suficiente de magia y brutalidad que merece. Compleja como ninguna, esta historia no te da un respiro, todos tienen secretos y no te atrevas a pensar que sabés lo que está pasando. Gana el más astuto y Kaz Brekker está preparado para el reto.





























