
RECUPERAR LA IZQUIERDA EN 2026 (El marxismo de Marx)
Desde hace un par de décadas por lo menos, cada vez son más las propuestas filosófico-políticas que se ocupan de desacreditar las ideas centrales del marxismo de Marx (en adelante se explicará este concepto). Esta ha sido, ante todo, la respuesta desesperada a la necesidad de construir una nueva izquierda que tome distancia de la experiencia soviética, esencialmente de la tragedia de los abusos stalinistas y de lo que dicho período supuso, ante todo, como expresión fáctica de un invento antihumanista que no podía acabar de otra manera.
Lo llamativo es que, para muchos, sobre todo para aquellos sometidos a los dogmatismos que prohíben hurgar en otra biblioteca que no sea la suya -la que ellos postulan como única verdad-, no parecería ser sospechoso ese giro en la supuesta experimentación socialista, en las formas y sentidos de eso que sus propios textos parecen predicar como única expresión del “socialismo real”.
Deberíamos, ante los hechos tal como lo cuentan inclusive sus propios defensores, dudar por lo menos del arbitrario recorte que “ese” marxismo se dispuso a realizar sobre la pata humanista del marxismo de Marx. Podríamos, inclusive, sospechar de la posibilidad de que se llame marxismo a algo en lo cual el objeto le gana tanto al sujeto que la acción humana parecería reducirse única y exclusivamente a los avatares de las leyes de la historia.
La respuesta es bien sencilla. El marxismo que se impuso en nuestro país y que venía de la URSS, fue una creación de la propia Unión Soviética y de los filósofos a los que se les encomendó construir una filosofía para sostener un proceso que en ningún caso podría sostenerse si solamente se consideraban los supuestos de la filosofía del verdadero Marx. Eso que llamaron materialismo dialéctico es una construcción que se quedó de forma arbitraria con aquello que les servía para alimentar su proceso y cuyo propósito evangelizador fue replicado por la editorial Progreso en la mayor parte de los países americanos. Gran parte de los sectores de la izquierda sudamericana desarrollaron procesos de formación en los cuales no se leía a Marx, sino que se leían panfletos de lo que la historia ha llamado marxismo-leninismo, una suerte de creación pseudo-mística que publicaba libros de difusión filosófica para formar futuros socialistas en los cuales, como lo supo decir el propio Che en sus apuntes filosóficos, no había necesidad de pensar, porque ya otro lo había hecho por ti.
La base filosófica del marxismo-leninismo y de la gran mayoría del materialismo dialéctico se encuentra en dos libros que no son siquiera del propio Marx. Hablamos de la Dialéctica de la naturaleza [CITATION Eng71 \n \t \l 1034 ] y el Anti-Duhring [CITATION Eng68 \n \t \l 1034 ], ambos textos de Engels. El primero de ellos armado de a retazos, ni siquiera publicado por el propio filósofo. Es difícil inferir qué hubiese hecho Marx de vivir otros cincuenta o cien años, pero es poco factible que se hubiese dedicado a escribir una dialéctica de la naturaleza.
Más aún, cuando sabemos que su preocupación fue elaborar un dispositivo de lectura de la historia social -no de la naturaleza, que es otra cosa- y que su gran tarea fue perfeccionar ese dispositivo de forma de proyectar un telos histórico.
También es un error filosófico expresar que la filosofía de Marx carece de metafísica. Como lo expresaba José Pablo Feinmann [CITATION Fei13 \n \t \l 1034 ], es justamente en su telos donde radica su metafísica y es tal vez ahí donde podamos, con el diario del lunes, encontrar la gran fisura en una filosofía que, hoy en día, sigue teniendo muchos más aciertos que desaciertos.
Dicho lo anterior, y ya leído y releídos los textos de la editorial Progreso, también es poco probable que el propio Marx, amigo del movimiento permanente de los objetos tanto como del espíritu absoluto, hubiese osado a reducir su filosofía a tres leyes tan generales que podrían ser aplicables a cualquier fenómeno y que no tienen mucho más mérito que ese, servir para todo. En efecto, si toda una filosofía puede reducirse a la unión y lucha de contrarios, a las relaciones entre los cambios cuantitativos y cualitativos y a la negación de la negación, parecería que está todo dicho.
El intento de Engels por postular un socialismo científico acercó peligrosamente la teoría de Marx a los límites de una filosofía nomológica y por tanto predictiva en términos históricos. Parecería, en ese sentido, que saber las tres leyes nos habilita a predecir el futuro de la historia, a inferir sucesos históricos que no pueden trascender mucho más allá de los límites de sus presupuestos científicos. En términos filosóficos, no habría ningún lugar para el acontecimiento. Lo llamativo es, llegado a este punto, lo mucho que se le parece, en términos epistemológicos, el materialismo dialéctico al positivismo: ambos postulan leyes con el propósito de anticiparse a sucesos prácticos que parecen responder siempre a mecanismos inamovibles. Algo que resultaría extraño hasta para el propio Marx, cuya mirada gnoseológica jamás se detuvo en esa posibilidad.
Si toda la historia se reduce a tres leyes y si en esas tres leyes que asisten al materialismo dialéctico como dogma radica la esencia del movimiento histórico, podríamos decir que nosotros, o nuestros hijos, o nuestros nietos, o los hijos de nuestros nietos, vamos o van a llegar a la utopía que supone el telos marxista, a la materialización de los postulados de su única metafísica.
Lo cierto es que hoy parece que estamos poco cerca de lograrlo. Podríamos atrevernos a decir que el desencanto marxista deviene de lo que el marxismo-leninismo entendió o quiso entender del propio Marx para sostener un proceso histórico que comenzó negándolo. Porque está claro que los rusos no esperaron a que explotara el capitalismo en la Rusia zarista para acceder posteriormente al tan deseado estadio socialista.
Por tanto, la necesidad hoy día no nos permite desechar a Marx por lo que hicieron de él, por lo que en su momento supo ser su valor de uso. Tal vez debería ser menester de la filosofía post-posmoderna -o como le queramos llamar-, recuperar los textos de base del filósofo alemán hurgando en sus elementos filosóficos centrales, en su humanismo, el que ya se encontraba en los Manuscritos del 44 [CITATION Mar91 \n \t \l 1034 ] y en La Ideología alemana [CITATION Mar13 \n \t \l 1034 ], textos a los que los propios soviéticos accedieron mucho después que ya habían comenzado a armar y a amar todos los ladrillos evangelizantes de su dogmático materialismo dialéctico.
Tal vez sea aún más sencillo y se trate de leer, como lo supo hacer Benjamin [CITATION Ben18 \n \t \l 1034 ], los problemas de un progresismo materialista que avanza destruyendo y cuyas ruinas no parecerían molestarse por los restos de humanidad que se entierran, por el abandono absoluto de esa humanidad olvidada que reclama su lugar y que no debería someterse a esperas eternas, las que no terminan más que en el desencanto del que han sido objeto varios de los supuestos socialismos reales, los que no pudieron leer mucho más allá del horizonte del marxismo-leninismo. No podemos someter a una sociedad a años de sacrificios para prometerles el cielo de la utopía porque esa, justamente, fue la lucha ideológica central del pensamiento de Marx.
Bibliografía
Benjamin, W. (2018). Iluminaciones. Madrid: Taurus.
Engels, F. (1968). Anti-Dühring. México: Grijalbo.
Engels, F. (1971). Dialéctica de la naturaleza. Máxico: Grijalbo.
Feinmann, J. (2013). La filosofía y el barro de la historia. Buenos Aires: Planeta.
Marx, K. (1991). Manuscritos económico filosóficos. Mexico: Altaya.
Marx, K., & Engeles, F. (2013). La ideología alemana. Madrid: Akal.














































