
El pasado miércoles 1 de marzo 2023, Gonzalo Deniz se presentó en Montevideo Late, serie de recitales que comenzó el 26 de enero con Fernando Cabrera y finaliza el 16 de marzo con Mariana Vázquez, en el Cabildo de Montevideo. Por él pasaron ya Florencia Núñez, Socio, Laura Canoura, Garo Arakelián y Diane Denoir.
El recital de Gonzalo estaba programado para el jueves 23 de febrero, pero una de las tantas lluvias que en este verano amenazaron y no se concretaron motivaron la suspensión para el miércoles siguiente.
El patio del cabildo estaba lleno cuando la directora de Cultura, María Inés Obaldía, como cada jueves, dio la bienvenida al público y al artista.
Donde todo comenzó es el lema de este ciclo de recitales en el primer recinto gubernamental del país, allí donde en 1923 juró por última vez un presidente democráticamente electo. (Dato que conozco porque lo contó Gonzalo en el recital, en una breve clase de historia, pero mejor no adelantarnos…).
Tras las palabras de María Inés y los agradecimientos de rigor del artista, el recital comenzó con «El campo en ciudad», desde donde se percibe ya un tratamiento distinto en la guitarra, la presencia de un folk más cercano a nuestro folclore, al sonido de este lado del mundo que Gonzalo viene explorando desde su tercer disco en la piel de Franny Glass. La experiencia de trabajo con Eugenia Sasso es palpable y brilla con más intensidad en la segunda canción, «Si siguiera mi instinto».
El público aplaude, ovaciona y calla rápidamente cuando suenan las primeras notas de «Con ese amor», una canción que juguetea entre un canto melódico y una bossa nova con aires milongueros.
El nuevo disco recorre todas las pieles que Gonzalo ha habitado como artista, desde aquella banda que formó hace como mil años o veinte con sus amigos en San Luis, llamada Mersey, pasando por sus quince años como Franny Glass, su tiempo en el trío El Astillero o su colaboración compositiva con Luciano Supervielle. Pero también hay lugar para canciones ajenas, algo que ocurre por primera vez, «no suelo hacer versiones, no soy el mejor invitado a un fogón», afirma, aunque decidió darse el gusto y tomó una canción que le encanta de The Divine Comedy titulada Tonight we fly, y decidió hacer una traducción libre titulándola «Vamos a volar».
Sigue «Las luces», la fantástica canción que abre Canciones de amor para el fin del mundo, su último trabajo firmado como Franny Glass. Su voz y el poder de la letra se imponen.
«Mientras tanto en Montevideo» es la canción que da nombre a su último disco, una postal de la ciudad que bien puede ser hermana de «Biromes y servilletas», de Leo Masliah, donde la poesía habita la ciudad en gestos sencillos, en las cosas cotidianas, una letra mayor con un arreglo sencillo y feliz.
Es ahora el momento de la clase, Gonzalo tiende la red, se ataja preguntando si hay alguien que sea docente de historia y ante la ausencia se larga confiado como el trapecista que sabe que la caída no tiene riesgo: «Hace exactamente cien años, hoy, el primero de marzo de 1923, fue la última vez que un presidente asumió el cargo aquí en el Cabildo» —nos cuenta y agrega que— «por eso se suspendió el jueves anterior, para poder decir eso hoy. Se trató de José Serrato, que estrenó la constitución de 1918, fue el primer presidente votado por todo el cuerpo electoral, con voto secreto y universal que en ese momento no incluía a las mujeres, universal de 1923», y ante algunos tímidos abucheos nos recuerda que no fue su culpa.
El humor es muy importante en la vida de Gonzalo, y en el escenario cada vez está más presente, es un humor simple y efectivo, casi una broma cariñosa que está más cerca de la sonrisa cómplice que de la carcajada.
El recital prosigue con «Alrededor de una estrella», una canción de Mersey compuesta junto a sus amigos Diego Zapata y Gabriel Mazza, tema con luz propia sobre la que orbitó la totalidad del último disco de la banda, «Posibles presentes». El arpegio inicial funciona como un mantra, nos introduce en un mundo anterior camino al futuro, a ese al que viaja Gonzalo lentamente, solidificando un nuevo proyecto sin olvidar el camino recorrido, paso a paso, con la certeza de que el camino se recorre lento, se lo disfruta, se pierden cosas y otras quedan pegadas para toda la vida.
Es el turno de «Ojos de ventana» desde el disco Planes, y sigue otra de las canciones nuevas, «Baila», con su energía casi tribal que invita al cuerpo a moverse, que suelta las palmas, que dan ganas de danzar alrededor del fuego al ritmo del rasgueo de la guitarra. Gonzalo agradece la participación del público y prosigue con otra de las canciones nuevas, «Hay cosas que el tiempo no va a curar», una canción que habla del viento, del tiempo, que en el disco tiene bandoneón y maracas y un video clip filmado atrás del Club de Pesca del Cerro.
Es momento de «Tu nombre tatuado», una de las más exitosas de la de última etapa como Franny, lo que confirma el público.
Vuelve con Mersey en «Nadie nos va a volver a romper el corazón», del disco Canciones de Irma y Julio, probablemente la única letra de toda la música uruguaya que logra insertar en uno de sus versos el Test de Rorschach.
Este es un disco que merece una reedición en la música uruguaya. La canción fue reconocida a través de una versión por Panamericana, una super banda brasileña integrada por Toni Platão (ex-Hojerizah), Dado Villa-Lobos (ex-Legião Urbana), Dé Palmeira (ex-Barão Vermelho) y Charles Gavin (ex-Titãs). Gonzalo lo cuenta y nos avisa que él la va a cantar en español, aunque al final se cuele nada vai machucar meu coração, verso que da nombre a la canción en portugués.
Las palmas del público vuelven con «Mientras el viento sopla afuera», proveniente del disco Desastres Naturales. El recital va llegando a su fin, Gonzalo agradece la presencia, la colaboración del público y a quienes colaboran en sonido, luces y producción, también extiende las gracias a la organización del evento.
La despedida se inicia con «Algún día», canción que este año tomó la murga Cayó la cabra para la despedida. Entre bromas afirma que cuando hizo esta canción se imaginaba a los Beach Boys bajando de un tablado. Más allá de la chanza, el agradecimiento es sincero y para alguien que se crio yendo al tablado de Defensor Sporting o volvió de San Luis escuchando carnaval en el auto con sus padres e interpretó en familia los repertorios murguistas, haber logrado que su música formara parte de la fiesta de Momo debe ser una bonita procesión que corre por dentro, así como si los Beach Boys bajaran de un tablado.
El público aplaude de pie, el pedido de otra no se hace esperar y Gonzalo tampoco, vuelve al escenario y agradece, porque si no pedían otra quedaba fuera del recital su canción más popular, esa que es la más escuchada de El Astillero, la que llegó a los coros de las escuelas, esa que ya es casi un himno, «El amor anda suelto por ahí». Durante una hora la comunión fue perfecta y nos vamos felices, tarareando una de esas canciones que se nos quedan pegadas como tatuajes temporales, esos que duran unos días y uno los renueva cada tanto. Si usted quiere renovar el suyo, la oportunidad es el 20 de abril en la Sala del Museo, con banda completa e invitaciones de lujo.














































