
Si uno piensa en una figura femenina del rock de finales de la década del ochenta y noventa, no hay dudas que la primera y casi la única que nos viene a la mente es Alejandra. Empezó haciendo coros en La Chancha Francisca y luego se consolidó como la cantante de La Tabaré desde el icónico Placeres del Sado Musiquismo, hasta el proceso de grabación de Yoganarquía, ese disco al que le puso su cuerpo a la carátula, pero no su cara. Cinco años le alcanzaron para convertirse en la referente ineludible del grupo, tomando la posta que le dejó su amiga Andrea Davidovics. Se fue en un momento complicado de la banda y volvió en otro, diez años después, para subirse al escenario del Pilsen Rock en Durazno, era un tiempo de reestructura, casi de refundación y Tabaré recurrió a ella para sostener y cuidar el proyecto mientras aparecía una nueva cantante. Desde ese noviembre del 2007 y hasta ahora, Alejandra es una invitada permanente, su lugar está intacto para usarlo cuando quiere y puede.
En paralelo, ha desarrollado una gran carrera como actriz, ingresó al elenco de la Comedia Nacional en 1997, y también hizo televisión y cine.
Cuando tenía quince años pensó en ser abogada, como esas de la televisión, pero se dio cuenta de que no, que su vocación no iba por ahí, pensó en ingresar a la escuela de actores de El Galpón, pero la prueba de ingreso la desmotivó, no se sentía preparada y se anotó en la carrera de Letras de la Facultad de Humanidades, un par de años le bastaron para darse cuenta que le gustaba leer, pero no estaba interesada en el análisis de otros autores, leía y escribía desde que tenía memoria, pero el futuro no estaba allí. Las tablas le volvieron a dar otra oportunidad, esta vez a través de la EMAD, se fue a Buenos Aires a la casa de su padre que la ayudó a preparar el examen de ingreso y al otro día de aprobarlo se enteró de que su papá estaba en coma internado al otro lado del Plata, allá fue de nuevo a acompañarlo, cuidarlo y contarle, en algún momento en que salió del coma, que había salvado, que sería actriz.
Con más de treinta años de trayectoria musical resulta por lo menos curioso que estemos recién ante su segundo disco solista, el primero en que letra y música le pertenecen. Da la sensación de que estamos ante un cambio de piel, empieza a preparar a la artista que se viene, la que en un par de años piensa retirarse de la Comedia Nacional y afrontar otros caminos.
Pez del cielo surge a raíz de un puñado de canciones que Alejandra tenía compuestas, pero que no sabía por dónde arrancar, hasta que su amigo y sonidista Pablo Sóñora le propuso empezar a trabajar en ellas. Esto lo convirtió en el productor musical del disco, pero sobre todo en la columna vertebral de este trabajo, «sin Pablo no hubiera sido posible», afirma, «a mí me ayudó mucho ver que le entusiasmaban las canciones, que les veía el potencial, fue interesante recibir su apoyo porque me reafirmó que lo que estaba haciendo, lo que estaba componiendo estaba bien encaminado».
El desafío era interesante y podía ser aterrador a la vez, ella nunca había sido la responsable de todo, componer las letras y las músicas de sus canciones, ser el mascarón de proa de su propio proyecto, hasta ahora había sido parte o había compartido la responsabilidad, como en el disco Primer Ángel de 2016 donde hizo las letras de las canciones y su ex compañero de La Tabaré, Gabriel Brickman compuso la música y se encargó de la producción general. En esta ocasión, ella es la productora ejecutiva de su propio disco, también comparte con Pablo la producción musical y a la hora de las decisiones finales tuvo que estar involucrada en todos los aspectos. No fue un trabajo fácil, al principio no se animaba, se tomó el tiempo suficiente como para ir agarrando confianza y dando los pasos justos que la llevaran a buen puerto.
Este es un disco distinto, «creo que es visible que no soy la misma, diez años después, hay una maduración y se nota. Este trabajo refleja lo que estoy haciendo ahora, lo otro pertenece a otra Alejandra». Siente que este disco la encuentra en un momento de plenitud que lo abarca todo, su mente, su cuerpo, su crecimiento personal, «a pesar de ser o por ser una señora mayor», afirma. Se trata de darle un valor positivo al camino recorrido, a la experiencia que la ha fogueado, la ha formado, le ha dado golpes y recompensas, hoy siente que está más madura, fuerte y segura.
Siento que todo esto se refleja en este paso que estoy dando, en las canciones que son las cosas que me salieron, porque no me impuse nada, dejé que fluyera, traté de jugar con esto y que lo que saliera de mí fuera honesto y permitirme ese espíritu lúdico. No cuestionarme tanto, que es algo que siempre hice mucho, en este caso, vino una cosa más de dejarme ser y aceptar lo que salía, más allá de que hubo mucha revisión, mucha elección y descarte, pero siempre desde un lugar de mucho disfrute y con la honestidad como norte. Descubrir que podía musicalizar, que me podía internar un día entero o días tratando de encontrarle la música a algo o las palabras justas, jugar con eso fue un descubrimiento enorme y placentero, siento que desbloqueé algo, que pasé una pantalla, porque descubrí un mundo creativo que hacía mucho que le andaba alrededor, pero que no le hincaba el diente.

Un apoyo fundamental en este proyecto fue su participación en un taller de canciones que brinda la Udelar, dirigido a todo público y brindado por Mario César Paz y Damián González Moreira. En el marco de esas clases fue investigando el proceso de creación y se dio cuenta de que podía, de hecho, varias de las canciones que integran el disco nacieron en ese espacio. «Fue encontrarme con algo que quería hacer desde hacía mucho y no me lo estaba permitiendo».
Si tuviera que describir este disco te diría que es un disco de rock, de pop, es un trabajo personal, tiene mi huella, mi impronta y eso me gusta porque es eso de usar mi autenticidad como mi bastión, mi plataforma de despegue. Es un disco que describe mis búsquedas de los últimos dos años, cuando lo escucho siento que hay un concepto que lo recorre que tiene que ver con ciertas aspiraciones mías de trascender algunas de mis limitaciones personales, mi lucha contra mi propia oscuridad tiene que ver con mi aspiración de evolucionar como ser humano y dirigirme a algo más grande, mas expandido, es mi canto a ese intento. Es un deseo y una aspiración de que las canciones se propaguen y resuenen en otras personas y las acompañen en sus tránsitos personales también.
Pez del cielo contiene once canciones, diez de ellas de puño y letra de Alejandra y la penúltima es una versión revisitada de «Sigue siendo rocanrol» el primer éxito de La Tabaré. La primera intención fue que hubiera una canción de la banda, una especie de guiño a su pasado y para eso se trazó algunos criterios, primero que no se tratara de una de las que ella había cantado o de aquellas que cantaban las mujeres, sino que realmente fuera una nueva versión. Lo siguiente fue elegir una canción que fuera icónica, pero que a la vez no fuera obvia, no fuera la que se espera que ella cante, con ese norte buscó un tema al que pudiera intervenirle la letra, pero también los aspectos musicales. Estos elementos convierten a esta canción en una muestra de afecto hacia la banda y un reconocimiento a la amistad que la une a Tabaré desde hace tantos años.
A mí me costó mucho reescribir la letra, porque no fue fácil encontrar una canción que entrara en esos parámetros y que yo la pudiera cantar hoy, que no me quedara forzada, y por otro lado no debía traicionar el sentido de la canción. Escuché mucho, revolví mucho y llegamos a esta que me divirtió mucho reescribirla. Le actualicé a las personas muertas y las desgracias, porque estaban un poco desactualizadas. Hicimos una maqueta con Pablo, se la mostré a Tabaré y me dijo: ¿Me vas a invitar a cantar?, algo que era obvio y además estuvo divertido invertir los roles, porque lo que en su momento cantaba Andrea acá lo canta Tabaré, y yo canto en el lugar de él. Buscamos hacerlo desde ese lugar lúdico y ese guiño cómplice entre quienes nos queremos y tenemos mucho camino transitado. A él y a todos nos encantó la versión.
El disco se encuentra disponible en todas las plataformas desde el 25 de abril, editado por Bizarro. La presentación será el próximo viernes 6 de junio 2025, a la hora 21 en la Sala Camacuá. Alejandra se propone un espectáculo cuidado, cargado de energía y amor, las luces estarán a cargo de Martín Blanchet y en las visuales estará Miguel Grompone. El responsable del sonido será Pablo Sóñora.
A nivel musical estará acompañada por Gonzalo De Lizarza en guitarra; Rodolfo de Luca en la batería; en el bajo, Gabriel Araújo; en teclados, Clarisa Prince y Adriana Álvarez en coros. También tendrá como artistas invitados a Ana Prada, Tabaré Rivero, Bruno Matonte (armonicista en la banda La Máquina de Vapor); Tote Fernández en batería, que grabó en parte del disco, y un cuarteto de cuerdas integrado por Fabrizio Beschizza, Agustín Yao, Lucas Arín y Joaquín Meikle. La apertura del show estará a cargo de Rodrigo Brocal.
Las entradas están a la venta en RedTickets.













































