
Por primera vez en su vida fuera de su país, el viajero y divulgador cultural argentino Fernando Duclos “Periodistán” se presentó con su espectáculo “El mundo sin filtro”.
Su idea es exponer frente a público en vivo algunos detalles de sus aventuras por el mundo, particularmente por “la ruta de la seda” que comenzó en el año 2013 y lo ha llevado a conocer exóticos lugares que soñaba visitar desde niño.
El show comenzó con un video grabado el 5 de enero de 2013 -día de su cumpleaños-, en una pequeña aldea de Uganda, donde le cantaron “happy birthday”, en inglés y su propio idioma, acompañados con tambores y palmas. Periodistán sube al escenario y confiesa estar un poquito nervioso por esta nueva aventura que significa presentarse fuera de la Argentina. Nos cuenta que quienes le cantaban pertenecen a la clase de música de un orfanato (producto de una población adulta arrasada por VIH), en una pequeña aldea africana de no más de 200 personas. Considera que es una buena forma de comenzar sus conferencias, con alegría.
Ironizando sobre la malograda frase del expresidente “los argentinos somos especiales porque descendemos de los barcos”, nos explica que siempre se preguntó de donde vienen los europeos, y descubrió que (salvo los vascos que son originarios), toda la población europea proviene de las migraciones indoeuropeas. Por eso el idioma latino es en verdad indoeuropeo y nos demostró cómo estudiar la etimología de las palabras, nos muestra la huella asiática.
En un interesante relato, nos explicó la historia del ajedrez desde su creación en la India, pasando por Persia, hasta Inglaterra y llegando a nuestros días, y las mutaciones no sólo de sus piezas sino también de las palabras que las describen. Los juegos hablan también de geopolítica.
El orador nos hizo reflexionar sobre las influencias arquitectónicas de la cultura persa y nos habló de los exóticos orígenes de nombres de frutas que hoy nos resultan cotidianos. Como un gesto hacia el público local, también estuvo investigando la etimología de nombres uruguayos como Canelones, Yamandú, y Yi, de origen guaraní. Pero en definitiva nos demostró como hasta el presente la herencia asiática está en nuestras vidas.
Luego nos contó de un nuevo cambio en su vida, a partir del año 2019 cuando viajó a Pakistán: nos mostró su mapa, nos explicó geografía y como terminó en un pequeño pueblo de sólo 4 mil personas que se declaran descendientes de Alejandro Magno, y actualmente están en peligro de extinción. Nos transmite lo maravillado que está frente a la infinita diversidad humana. Por ejemplo, nos muestra uno de los grandes momentos de su vida, cuando pudo conocer en persona a una anciana mujer cuya fotografía le fascinaba desde hacía años, y que para él es un caso de “persistencia arcaica”. Nos cuenta sobre una rarísima religión animista, nos describe un remoto pueblo del Sahara Occidental, región tantas veces colonizada, donde la gente más buena y bondadosa sobrevive sin acceso al agua, y las estrategias que utilizan en su día a día. Nos cuenta de la comida con efectos narcotizantes o alucinógenos que conoció en Etiopía, también como ingresó al fallido país Somalilandia y los vericuetos burocráticos que allí tuvo que sortear.
Cambiando de tema, Fernando nos habla de los más diversos medios de transporte que ha conocido: en Burundi, en Tanzania, Etiopía y Kenia, comparándolos con la locura extrema del tránsito sin reglas de Bangladesh, un país más pequeño que Uruguay pero con 173 millones de habitantes, que viven apiñados. Tanto así que Bangkok la capital de Tailandia, le resultó más ordenada. Nos describe ómnibus, motos, bicicletas, tranvías, trenes. También de su experiencia haciendo dedo, haciendo uso de los privilegios de ser hombre en lugares tan hostiles como la ruta hacia el Himalaya.
Siguiendo un diverso recorrido, pasamos por un casamiento bereber en el desierto y la explicación de sus costumbres en la vestimenta y las diferencias entre los sexos, a un Templo de las ratas en India (con 25 mil roedores divinos) como pretexto para hablar del hinduismo y la diferencia cultural que tienen las personas que creen en la reencarnación, ya que esto cambia totalmente el concepto de vida y muerte, se trata de un ciclo eterno. Allí nos mostró los ritos crematorios en el río Ganges y nos explicó que a eso se refiere cuando habla de “un mundo sin filtro”.
Promediando la conferencia Fernando nos muestra diversas formas de arte y celebración, como el extraordinario baile con ojos y cara Kathakali que exige muchísimo entrenamiento y disciplina, o la alegre fiesta Holi de polvo de colores, ambos tan distintos y sin embargo se realizan en el mismo país: India. Nos invita a cerrar los ojos y sentirnos como en las mil y una noches al escuchar el sonido polifónico del llamado a rezar musulmán, para luego llevarnos a la realidad de Afganistán, un pueblo arrasado por la guerra y las múltiples invasiones, con una cultura ultraconservadora y sin embargo que él describe como un pueblo tierno y sensible. Nos habla de que la guerra en definitiva es la pobreza en las calles, es lo que sufre la gente que sobrevive como puede. Nos cuenta la historia de Asis y Yamila, la convivencia con ellos, nos explica las diferencias entre sunitas y chiítas. También nos muestra la migración de 25 millones de iraníes que cruzan anualmente a Irak para conmemorar la muerte de un mártir de hace 1400 años y lloran como si lo hubiesen conocido.
Todos los conceptos se unen, de lo universal a lo privado, de la geopolítica a la historia más íntima. Periodistán nos fascina con sus relatos e imágenes, nos transmite la sensación alucinante de su aprendizaje por el mundo y nos da una muestra de la gran diversidad de culturas y de formas de vida que existe sobre el planeta. Se despide cansado, feliz y agradecido, firmando libros al pie del escenario.
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