Dicen- lo leí alguna vez- que Lazaroff le habría confesado a Jaime Roos su arrepentimiento de haber hecho una música tan ruptural perdiendo el sentido de la comunicación más directa con el gran público. Como que Jaime había acertado en su modo y línea de hacer las cosas. De ese “arrepentimiento” habría forjado este disco, el último de su carrera, PELOTA AL MEDIO, con obras más “directas” y sin tanta ruptura discursiva, aunque nunca la abandonara, aun en este disco del que hablo. La canción homónima es quizá la mejor que se ha escrito referida al fútbol, y más precisamente, a la Celeste.
Es un canto de guerra. Pero aquí, el Choncho, no puede más y vuelve a la trinchera militante, la que abrazó durante años con Los que Iban…El sentido es doble. Este partido puntual que debe enfrentar la selección no es literal. Esta “celeste” no es otra cosa que el pueblo enfrentando a las trampas políticas, al poder de turno (local y global) y a los milicos. Era época del voto Verde, fecha infame si las hay. El Choncho arenga, ya no a un grupo de jugadores, sino a la masa, y nos pide que salgamos desde el túnel “del tiempo” a dar la batalla como se pueda, con el cuchillo entre los dientes y hasta cargando amuletos culturales: Tacuabé, Gardel, Artigas, por ejemplo. Ese es el fin de esta canción de trinchera que tiene una música complejísima, desde lo armónico y arreglístico. Es un candombe feroz pero cruzado con murga y tiene 2 partes bien definidas y el puente donde Jorge desgrana su filosofía. Exige, pide a gritos, que seamos solidarios: “tuya y mía/mi amor/tuya y mía”. Es una enorme canción de un enorme y melancólico disco, porque sería el último ya que el Choncho nos dejaría poco tiempo después de su edición.

















































