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Paths of Glory: Kubrick y su etapa Clásica

Paths Of Glory* (también conocida como “Senderos de Gloria o “La Patrulla Infernal”) la vi por primera vez cuando lo único que quería era ver cuanta cosa Stanley Kubrick hubiese hecho. Creo que más por purista de querer ver toda su filmografía, que por esperar un filme que esté a la altura de sus películas más famosas. La reacción que tuve al verla fue similar a la que tuve con Shadow of a Doubt de Hitchcock. Títulos en principio menores de su catálogo pero que terminaron siendo sorpresivamente memorables. Me cautivó en seguida por su particular trama, los intensos climas y la impactante expresividad en la puesta en escena. Y la escena final es de antología. Aunque a decir verdad varias lo son.

Estrenada en 1957, está inspirada en la novela de 1935 del mismo nombre, escrita por Humprey Cobb. El guión no fue rápidamente recepcionado por los productores. No fue hasta que cayera en manos del actor Kirk Douglas (leyenda viviente, padre de Michael) que el proyecto empezó a tomar forma. Naturalmente, tuvo problemas en cuanto a su exhibición por las duras críticas que se mostraban a cierta gente que pareció sentirse muy identificada.

Kubrick desde su temprana juventud ya trabajaba de fotógrafo para revistas. Y desde sus principios como cineasta se encargaba personalmente de la fotografía de sus películas y en general colaboraba con el guión. Con su film noir The Killing (1956) ya había una notoria madurez para la puesta en escena y foto de sus películas. Con Paths of Glory el director ya llega como cineasta con oficio, con un lugar hecho en la industria.

La historia, ambientada en plena Primera Guerra Mundial, en la Francia ocupada por los alemanes, cuenta un insólito hecho en un cuartel del ejército Francés. El detonante se desata en seguida cuando el General mandatario del cuartel acepta la propuesta del General mayor para un ataque imposible. El hormiguero alemán situado próximo al cuartel es el blanco. El mandatario se toma con humor las palabras del General, consciente de la situación de sus soldados debilitados. Rápidamente acepta al enterarse que ganaría una medallita en su historial. Así se vendrán numerosas discusiones por lo absurdo de la orden puesta por los Generales a un ejército venido a menos por la guerra. Obligados y aceptando a duras penas, el Coronel es el encargado de dirigir al pelotón para conquistar el hormiguero.

La segunda tanda de soldados al ver el panorama no se atrevieron a moverse de las trincheras. El General del cuartel indignado no sólo ordenó un ataque de explosivos a su propio territorio para hacerlos avanzar, sino que decidió condenar a tres soldados aleatorios por supuesto acto de cobardía.

Los planos secuencia se usan con mucha frecuencia, dando un dinamismo y realismo constante. Las trincheras son un punto clave en la historia del filme. Queda claramente plasmado en los travelling tanto de frente como de espaldas siguiendo al General, dando tensión a la situación. El punto máximo de expresividad con este recurso sucede la primera vez que aparece el Coronel (interpretado por Kirk) recorriendo las trincheras, ya que esta vez el travelling es subjetivo, con todos los soldados mirando a cámara confundidos e incrédulos. Uno de los momentos de mayor realismo.

La escena de en que una pequeña brigada sale a investigar la situación en el hormiguero contrincante culmina con un recurso extremadamente expresivo que se convirtió en un sello del director. Una toma que podría considerarse ya “Kubrickiana”. Esto es en el momento en que un soldado descubre que su compañero fue asesinado accidentalmente con una granada por el propio superior de ellos. La forma en que es contado esto es mediante una imagen cargada de intensidad y perturbación (el cuerpo destrozado), yendo rápidamente de un plano entero a un plano bien corto y un sonido agresivo que acompañe seguido de un silencio seco.

La carga expresiva de ese momento es absoluta. Kubrick usaría un efecto similar en varias de sus películas, y lo iría perfeccionando: en “2001: a space odyssey” cuando la computadora HAL acaba de matar a un tripulante y la evidencia se muestra por una sucesión de planos de HAL acortándose con gran velocidad, con un silencio absoluto. O en “A clockwork orange” cuando el veterano hospedante se entera que Alex violó y asesinó a su esposa, con un contrapicado del viejo convulsionando mientras escucha al joven canturrear “Singing in the rain”. Algo parecido sucede con el pequeño Danny en “The Shining”, con un primerísimo primer plano de él.

En ésta es usado frecuentemente por ser una película de género que lo amerita. Y en la mirada del soldado que se revela en “Full metal jacket” antes de matar a su general. Aunque esta última también sea una película bélica, está contada con otro enfoque, y es sobre Vietnam.

Cada condenado parece representar una faceta distinta del asunto. Dignidad, impotencia y muerte. Los tres en verdad tienen un poco de cada una. El más digno cargaba con la impotencia anteriormente, llorando a los pies del jefe de fusilamiento. El más impotente carga con la dignidad de haberse presentado al fusilamiento y avanza como puede con la ayuda de un cura. Y a los tres los persigue y acarrea la muerte, lo que ya parece adelantársele al último condenado, quien tuvo un desafortunado encontronazo con sus propios compañeros.

Si la película hubiese terminado con la escena del fusilamiento hubiera sido igual de brillante. Pero el señor K. no contento con esto decide darle un final definitivo. Un anexo de lujo a esta tan intensa historia.

Resulta curioso como cambia la propuesta estética y puesta en escena. Luego de la soberbia fotografía de la escena del fusilamiento, con una prolijidad y dinamismo de oficio, la escena final parece esta pasada de época. Recuerda a películas de los 30’s, al clásico de Tod Browning “Freaks” en concreto. No sólo por la estética sino también por el concepto. Los aullidos de los hombres recuerdan al fervor de los freaks cuando intentan envenenar a su dueña. La iluminación es más barroca y menos realista.

La joven alemana, Christiane Harlan, es interpretada por la por entonces pareja de Kubrick, quien sería su esposa hasta su muerte. Hoy es conocida como Christiane Kubrick. La mujer parece estar sobreexpuesta de luz y los encuadres de los soldados lucen desprolijos para los stándares de Kubrick.

Probablemente se haya buscado esa propuesta cruda y expresiva. Los 30’s lo fueron, en especial las corrientes alemanas. Quizás haya un guiño doble a esto, por la puesta y por la nacionalidad de la mujer en el filme. La escenografía luce descuidada y con líneas y ángulos duros, característicos del expresionismo alemán.

La escena es inevitablemente conmovedora. El rostro en lágrimas de la humillada blonda, el cambio de expresiones de los soldados, y los ojos humedecidos del coronel hablan por sí solos. La mayoría del canto está en off, centrándose en las reacciones del resto. Kirk Douglas culmina dando una de sus más impresionantes actuaciones. Honesta, principalmente. En Spartacus (1960) sería mucho más pomposa. La diferencia es que aquí Kubrick pudo dirigirlo tranquilo, mientras que en la otra película que hicieron juntos, el director fue contratado a las apuradas con la película ya en camino. Ni siquiera le gusta que lo acrediten por haberla dirigido. Pero eso no viene al caso ahora, supongo.

El cántico murmurado a coro de los soldados en llantos es una celebración del poder de esta película. Es entonces cuando el espectador siente lo mismo que los propios soldados. Ambos se dan cuenta de los horrores en donde están metidos y qué tanto se añoraba lo humano. Algunos se emocionan, otros no saben exactamente qué están sintiendo. La canción es una marcha tradicional alemana, pero lo que importa su hipnótica melodía.

Mucho se ha dicho del filme. Desde la película más explosiva en 25 años (por ese entonces), a la mejor película anti-bélica de la historia. Lo que no hay dudas es que es un inteligente documento audiovisual, cargado de humor negro y cinismo. Cada cuadro luce una fotografía y encuadre que se valen por sí solos. Las interpretaciones son excelentes. No sólo la del Coronel, el héroe moral de la historia, sino también las de los diversos roles secundarios. Eso habla del oficio del director. Cuando se estrenó no tuvo demasiada popularidad en taquilla, pero fue muy elogiada por la crítica especializada. Hoy goza de un gran reconocimiento, siendo una película obligada para cualquier seguidor de Kubrick o un cinéfilo en general.

*United Artists, 1957.

 
 

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Agustín Fagetti

Agustín Fagetti

Nació el 28 de enero de 1991 en Paysandú, pero se muda con su familia a Rocha en 1993 y vive ahí hasta 2004. Desde entonces reside en Montevideo, donde termina secundaria en el liceo I.A.V.A en 2009. En 2009 y 2010 toma cursos de cine y empieza en 2011 la carrera de Realización Cinematográfica en la Escuela de Cine del Uruguay, donde se mantiene cursando. Colabora con una pasantía en el 30° Festival Internacional de Cine de Cinemateca uruguaya en 2011 y participa de rodajes diversos de cortometrajes estudiantiles de distintas generaciones curriculares y extra curriculares. Desde el 2013 miembro de ACCU - Asociación de Críticos de Cine del Uruguay. Desde 2011 como cuenta pendiente por su pasión por la crítica de arte, empieza a escribir reseñas musicales en su blog bron-yr-agu.blogspot.com, y algunos meses después comienza a colaborar en Cooltivarte.