
Se termina diciembre, y como desde hace un par de años, nos preguntamos qué cosa nueva hemos escuchado. Ella y yo tenemos gustos bastantes definidos, y lo nuevo en nuestros oídos, a veces se grabó hace décadas. Entonces puestos a ver qué de lo realmente nuevo del año nos gusta, el recorrido es bastante más complicado de lo que parece.
Lo que sigue es una lista de discos que nos gusta compartir, que nos hemos ido presentando a lo largo del año, y que nos ponen a charlar una y mil veces sobre temas que van desde los sonidos a las letras, sin obviar claro está, los criterios de una lista, y las formas de presentarlas.
Que a fin de cuentas, no somos más que dos cincuentones que escuchan música a diario, casi como una necesidad, y han elegido acompañarse.
1 – Milonga de Quirón, de Garo, es el disco que más me gustó en 2025. Son ocho canciones trabajadas con paciencia de orfebre. El sitio del cantautor le cae como un traje bien puesto a un músico que parece haberse liberado de la presión de un pasado sólido en La Trampa o El astillero. Un disco potente, que no reniega del pasado, lo incorpora en historias hechas de capas de música y palabras que están allí porque tienen algo que contar.
Garo es un poeta, un fabricante de canciones que brotan de la paciencia de unas manos que recorren el diapasón en busca de un tono, de un matiz sonoro, de una forma de acariciar o rasgar las cuerdas con la misma delicadeza con la que elige las palabras para que quepan en la métrica y conserven todo lo que tienen para decir.
Luego de varias escuchas, cada vez que vuelvo al disco, en busca de una u otra canción, me quedo escuchándolo entero. Y eso está bueno, porque hay allí una unidad temática y sonora. Si tuviera que elegir un par de temas, iría, sabiendo que soy injusto, a Como un río (la apertura) y No voy a caer (el cierre). Ella dice que Expreso le recuerda a El Loco de Cabrera.
2 – Room on the Porch – Taj Mahal – Keb’ Mo’. Un discazo de blues old school que ella me comparte mañana por medio. Taj Mahal nació en 1942, una lista de albumes muestra 32 discos de estudio, y 15 que lo capturan en vivo. Keb’ Mo’ es una década más joven, quizá menos conocido, pero igualmente prolífico. En este, su segundo trabajo en conjunto -el primero Taj-Mo, data de 2017-, recorren en diez canciones un blues de raíces country, con un universo sonoro más acústico que eléctrico, y cantan guitarra en mano, como lo que son; dos veteranos en el porche.
Blues del bueno, de ese que es mucho más la cura que la enfermedad, un canto a la vida, a la sencillez de reunirse con los amigos, compartir la mesa, las historias, la charla y las canciones. Ella dice que allí está lo que importa.
Más allá de que el disco se escucha sin problemas de cabo a rabo, me quedo con la fuerza y el swing de She keeps me movin’ y la declaración de principios de Blues’ll give you back your soul. Y, por supuesto, la que nombra el disco y donde Ruby Amanfu aporta una voz deliciosa. Sería un exceso nombrar a los otros siete cantantes que se alternan en los coros a lo largo de todo el album. Basta decir que lo que aportan en matices sonoros y feeling es tan vital como una charla con amigos.
3 – En el Ciber de Benito Cerati. Ha sido quizá de las sorpresas más lindas que ella me propuso este año. Me dan miedito las obras de “los hijos de…” Y sin embargo ¿cómo decirlo? Lo que se hereda, no se roba. Una frase hecha que siempre suena injusta, porque atribuye a la genética las horas de trabajo, de construcción de canciones, búsqueda de un lenguaje musical propio, una voz que pueda hablar en primera persona, fuera ya de la sombra de papá.
Benito Cerati ha construido un mundo musical propio y absolutamente personal. En el ciber es un disco intenso donde siete canciones comprimidas en 21 minutos, duran mucho más. Como en un milhojas o una buena lasaña, son capas y capas de texturas, voces filtradas, dinámicas que pasan de la lentitud susurrada a la explosión rodeada de riffs potentes. Un universo sonoro hecho de mil trucos de tecnología puesta al servicio de que cada canción suene viva. Hecha para ser cantada en vivo en un escenario que siempre es íntimo.
El disco se estira en la escucha porque cada capa es audible, y a la vez se vuelve un disco corto, cortísimo, porque cada vez que termina deja con ganas de más. Y ese es el sello de un verdadero artista. No guardarse nada, y dejarte con la sensación de que siempre dará un poco más. Ultrademente (donde también BB Asul hace lo suyo) y Artificial son dos virus que se te meten en la oreja, y no te sueltan.
4 – Ain´t done with the blues de Buddy Guy.
Desde el Hooker thing de apenas un minuto con que inicia, Buddy Guy lo deja claro. Aun tiene un par de asuntos pendientes con el blues. ¡Dios le bendiga! Es un remanso de música que por momentos se celebra a sí misma y a su riquísima historia, y no deja nunca de hablar – en primera persona- de la peripecia humana, el dolor, la angustia, la fiesta, los reencuentros, los recuerdos. La lista de invitados es amplia, poderosa: Joe Bonamassa, Joe Walsh, Peter Frampton, los Blind Boys of Alabama y más.
Buddy Guy cumple 90 años en unos meses, y sigue haciendo una música que se puede escuchar siempre, como si siempre hubiera estado allí. Sea en la soledad de las noches pegajosas de este verano, con el primer mate de la mañana, o a la hora de la siesta, bajo una anacahuita, solos o acompañados, el disco funciona. Como a la playlist quiero enviar solo dos temas por disco, me quedo con Blues on top. Lento, dolorido, de notas largas que sostienen el pulso mientras el piano dibuja y el bajo construye un suelo martillado con paciencia por un redoblante demoledor que no falla. También la enérgica It keeps me young que se te mete en los huesos y te deja meneando la cadera como si no hubiera un mañana.
5 – Breakthrough de Joe Bonamassa. Es un disco de blues hiper eléctrico, hard rock, soul distorsionado, parejo, divertido, potente. La sonoridad tiene aires de Led Zeppelin cuando se pone pesado, de ZZ Top cuando acelera y se llena de boogie. Es como la playlist soñada de una noche de pool y cervezas en algún tugurio lleno de humo, o un mediodía junto a un mediotanque en alguna azotea de la Aguada o el Reducto. El bajo siempre suena gordo y preciso. La batería marca un beat demoledor, los riffs son tan clásicos como efectivos, las melodías se te adhieren.
Es quizá el disco de sonido más pesado de los que hay en esta lista. Triger finger te lleva puesto sin permiso, y Still walking with me, es un derroche de swing, lo cual es siempre más que bienvenido.
6 – Montevideo despierta, de Niña Lobo. Propone un viaje colorido, donde cierto dolor encuentra una forma dulce de ser dicho. Los temas de las canciones recorren lenguajes nuevos para el amor y su gemelo el desamor. La espera, el miedo a no encajar, la melancolía, la delicada porfía de seguir viviendo.
El sonido propone atmósferas hechas de teclados, efectos, guitarras que arpegian incansablemente o sueltan acordes cargados de distorsión en estribillos pegadizos, bajos sonando bien adelante en la mezcla, baterías que sostienen el pulso de la forma más directa posible, voces que siempre parecen venir de la balsa a la deriva donde una sirena desorientada susurra pidiendo una mano que la devuelva al mar, porque ella no lo hará por sus propios medios.
Un viaje musical que penetra en escuchas sucesivas hasta que se instala, sin pretensiones, como al descuido, insistiendo, hasta que te encontrás sentado en la rambla, mirando el mar, y tarareando Tormenta, o Flores celestes.
Texto: Edh Rodríguez
Edición: Paola Menta
















































