
El miércoles 19 de febrero, un escenario icónicos de la ciudad nos regaló uno de sus últimos latidos. Antes de cerrar sus puertas, La Trastienda nos dejó el recital que, por ser de los últimos y por el porte de la banda, será recordado por años.
NTVG regaló el mejores shows que vi en este lugar. Obviamente mi mirada tiene toda la subjetividad propia de quien narra desde lo que ve y siente, es inevitable cuando las emociones están a flor de piel, pero también hay certezas que sostienen esta afirmación. ¡Ahí vamos!
Los músicos, puntales como siempre, impecables en cada detalle. Estética, escenografía, sonido y luces; todo pensado al milímetro. Y lo más importante, una vibra que traspasó el escenario y se metió de lleno en la gente. Arrancaron con la intención clara de que esta despedida quedara en la memoria colectiva.
A sala llena y con entradas agotadas, elegí vivir el show desde la platea para tener la mejor óptica del escenario y el público. Apenas me acomodé en la parte izquierda del balcón, supe que estaba pasando algo importante. La energía era distinta, se sentía en el aire. Muchas personas que integraban grandes grupos; padres, abuelos, niños. A mi lado, una familia numerosa de unas 15 personas, entre ellas cuatro nenas que, paradas en el centro de la platea, gritaban emocionadas, pidiendo que Emiliano saliera y arrancara. Y como si el llamado hubiese tenido el efecto buscado, el show comenzó.
“Llueve tranquilo”, “Cero a la izquierda” y “A las nueve” abrieron la noche. Después de la cuarta canción, Emiliano saludó al público: “Felices de estar y tristes porque el lugar cierra. Gracias a Danilo por todas las veces que nos invitaron. Ojalá disfrutemos mucho, como nunca”. También avisó: “Hoy vamos a tocar alguna rareza de las que nunca hacemos”.
Es impresionante lo que la música puede generar cuando una frase o melodía se asocia a algo personal. Historias de vida, momentos significativos, colores, musas, olores. “Clara”, “Memorias del olvido” y “La única voz” despertaron esas emociones: abrazos, miradas, lágrimas contenidas que se rompían en cada estribillo. En particular, “Memorias del olvido” pegó profundamente, evocando la sensación de desarmarse y reconstruirse en medio de la música. Desde mi lugar, vi cómo la música conectaba con la gente de la forma extremadamente honesta . Qué importantes son estas expresiones artísticas. Lo que generan, lo que movilizan.
Los músicos fueron los de siempre. No hubo invitados especiales, pero sí algo que hizo la noche única: “música a la carta”. Emiliano invitó al público a pedir canciones y fueron tocando pasajes de las sugeridas. Un “Aquí está su disco” pero en vivo, con rarezas como “Yrigoyen”, “El Oficial” y otras. En una dinámica interactiva no habitual, que logró hacer aún más partícipe al público
También hubo pogo. Un pogo cuarentón, medido, casi con protocolo. La gente entraba casi pidiendo permiso, con pedido de disculpas si algún empujón se iba de la línea. Algo acorde al clima familiar y amoroso de la noche. Pasado el popurrí de pedidos, la banda retomó su lista original con “Ya entendí” y “Me cuesta creer”, cerrando, como siempre, con el clásico “No era cierto”.
Una de las noches más emocionantes, con todos los elementos que se necesitan para estar agradecidos por vivirlo y por dejarse atravesar por los sentimientos. Algo que no es tan común en estos tiempos. El cierre de La Trastienda marca el fin de una era en la escena musical de Montevideo, dejando un vacío difícil de llenar. Sin embargo, la noche que No Te Va Gustar nos regaló. Se convirtió en un espacio donde la música se entrelaza con las historias de quienes lo viven, las memorias del olvido se transforman en un tributo a todo lo que este lugar significó.
Reflexiono que las experiencias y emociones vividas permanecerán en nuestra memoria colectiva. NTVG logró capturar la esencia de una noche irrepetible, haciéndonos sentir que, aunque el escenario se apague, la música y las memorias siempre encontrarán la forma de mantenerse vivas.
Mientras el alma se agite al son de nuevos latidos y el corazón marque el compás de una nueva historia, la esperanza se renueva, recordándonos que cada cierre es la antesala de un nuevo comienzo.
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