
Noches montevideanas en las que la música se corre de las etiquetas fáciles y demuestra que los caminos paralelos de la cultura urbana se cruzan en un mismo latido. La apertura de la segunda edición de Montevideo Live Rock en la sala Live Era propuso una alquimia que a priori despertaba tanta curiosidad como expectativa: reunir en una misma cartelera a El Congo y La Tabaré. Lejos de tratarse de un desfile apresurado de canciones, la fecha se concibió con generosidad de tiempo, ofreciendo a cada banda más de una hora de escenario para desplegar su universo sonoro con total plenitud.
Desde temprano, el paisaje en la calle Uruguay ya daba cuenta del fenómeno: en la sala confluyeron generaciones diversas, desde aquellos que peinan canas y custodian décadas de recitales en el cuerpo hasta jóvenes que se sumaban por primera vez a la liturgia del pogo y la danza.
El Congo: cadencia, resistencia y anuncio de nuevo viaje
Los encargados de abrir el fuego fueron los músicos de El Congo. Con su habitual elegancia rítmica, la banda construyó desde el primer acorde una atmósfera envolvente donde el reggae de raíz, el candombe y las síncopas urbanas encontraron su cause natural.
El primer gran pico de la noche llegó con la presencia de Chole Giannotti como invitado especial sobre las tablas, aportando su impronta y sellando esa hermandad musical tan propia de nuestra escena. Entre tema y tema, la banda compartió una noticia celebrada por toda la sala: se encuentran trabajando en un nuevo disco de estudio, confirmando que su pulso creativo sigue encendido y en marcha.

La Tabaré: rabia poética, memoria y presente intacto
Con la temperatura de la sala ya en lo alto, La Tabaré tomó la posta con la contundencia teatral y corrosiva que la define desde hace cuatro décadas. Liderados por Tabaré Rivero, la banda desató esa ceremonia visceral donde el texto dramático y la distorsión conviven en permanente provocación.
Los Tabarecianos, esa hinchada fiel y comprometida, transformó el espacio en un agite constante. El setlist no dio tregua: fue un viaje cronológico integral que dialogó entre el presente de sus últimas producciones y aquellos himnos inoxidables que marcaron a fuego el rock posdictadura. La participación de Santi Cutinella sumó una dosis exquisita de filo y blues en las seis cuerdas, enriqueciendo una presentación milimétrica pero desbordante de pulso vital.
El saldo de una noche redonda
Tanto en lo sonoro como en la puesta lumínica, Live Era estuvo a la altura de un encuentro de alto voltaje. La convivencia entre la cadencia luminosa de El Congo y la descarga teatral de La Tabaré dejó en claro que la música uruguaya goza de una salud envidiable cuando se le da el espacio y el tiempo que merece. El lente de Johnatan La Paz capturó en rostros, gestos y sudor el reflejo exacto de una noche que ya quedó inscripta en la memoria viva de nuestro rock.
Redacción Cooltivarte
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