Gastón Ciarlo es la quintaesencia de lo despojado y mínimo. En esa total transparencia, casi inocente, es que crea sus joyas. A primera vista es “pobre”, demasiado simple. Pero a medida que uno se ahonda en este cauce tranquilo y sin brillantina descubre que esa apariencia sencilla es solo exterior. Dino viste sus canciones con ropas humildes pero ellas son poderosas. Dentro de estas obras hay una serena complejidad y sabiduría, que solo los autores geniales ostentan. Pienso en Lennon como paradigma de lo que apunto. Esta canción es nada. Parece hecha con harina y agua. Está ahí como una flor del campo, inadvertida. Pero lo dice todo y traspasa.















































