Volví por estos lados, por supuesto para hablar de alguna de las nominadas. Esta vez voy a hablar de esta película que debo confesar, no había llamado demasiado mi atención en un principio. Seamos sinceros, una película sobre un jugador de Ping Pong (o tenis de mesa) es una premisa que puede resultar muy bien o muy mal. Pero lejos de ser una película “aburrida” tiene una narrativa muy interesante y te mantiene atento hasta el final, sin llegar a ser la bomba de adrenalina que fue Uncut Gems, la anterior de Josh Safdie que nos dejó a todos literalmente agotados.

Marty Supreme no es exactamente una biopic aunque sí tiene una narrativa similar y aplica algunos clichés del género, pero se le agrega siempre un giro en los momentos justos para que nos olvidemos de eso. Sí es cierto que está inspirada en la vida de Marty Reisman, jugador de tenis de mesa que ganó numerosos premios en los años 50 y 60. Safdie siempre tuvo interés en este deporte y en 2018 su esposa le regala una copia de The Money Player, una autobiografía de Reisman. En ese momento él había comenzado una amistad con Timothée Chalamet y al notar su parecido físico con el jugador, le propuso hacer una película y Chalamet aceptó.
Es un papel escrito especialmente para él y se nota, sobre todo porque ya sabemos que es un excelente actor y en este personaje lo da todo. Nos ponemos nerviosos con él, lo odiamos, lo perdonamos y lo volvemos a odiar. La historia se toma muchas licencias y mucho de lo que pasa es 100% ficción. Sin embargo Reisman sí era un personaje muy excéntrico, se dedicó a ciertas actividades ilegales como el contrabando y si se le presentaba la oportunidad de estafar o aprovecharse de alguna manera de algún conocido o colega, sin dudas no la desperdiciaba.
El humor que tiene la historia es como una película hecha por los hermanos Coen, pero con alguna sustancia estimulante encima. Pasa de estar todo relativamente tranquilo a que suceda algo que desencadena todo tipo de situaciones absurdas que en otras circunstancias sería ridículo, pero en el contexto acelerado de lo que venimos viendo es muy disfrutable. También ayudan mucho la edición, la banda sonora y el diseño de sonido en general: uno se olvida que está viendo una película ambientada en la década del 40 porque tanto la música como el montaje son de una típica película ochentosa.

Y en cuanto al final (y acá sí vienen los spoilers) pasa algo extraño…
Normalmente cuando el protagonista tiene un final feliz es muy satisfactorio para uno como espectador, pero en este caso se siente fuera de lugar. Sentimos que es injusto que Marty termine “bien” dadas las circunstancias, porque te deja con esa sensación de que el personaje no aprendió nada ni tuvo un “castigo” después de haberlo visto por más de dos horas siendo un completo irresponsable, tratando mal a todos los que lo rodean y siendo la persona más arrogante que hayas visto.
Pero esto no es una queja hacia el guión ni mucho menos, me parece perfecto que genere esa sensación al verla. Además de que al analizar mejor los hechos vemos que esta victoria es más como un placebo, una victoria pírrica. Sí, le gana a su rival pero es un partido de exhibición y ni siquiera pudo clasificar al torneo que tanto deseaba, se vuelve a casa sin dinero y debiéndole prácticamente a todos los que conoce, y tiene que hacerse cargo de un bebé que negaba hasta el último minuto. Pero también es una oportunidad de redención y de comenzar una nueva vida, y la escena final nos transmite esa esperanza con Marty llorando de emoción y con un temazo como Everybody Wants to Rule the World de fondo.













































