
Desde el 2012 recorre y comparte escenarios con músicas y mùsicos de gran trayectoria. En el Canelones Suena Bien del 2024 se destacó cautivando al numeroso público que asistió. Debido a su tenaz impronta autogestiva se ha presentado en escenarios de México, Brasil, Argentina y Ecuador.
A pocos días de su presentación en La Cretina, el 27 de mayo 2026 (ver nuestra agenda), charlamos con Luana.
Escuchar, escucharnos. Navegar en mares de palabras y sensaciones. Respirar, darnos el tiempo para ver en lo profundo de los ojos, de otros ojos. Compartir. En las letras y melodías de Luana vive esa invitación, esa premisa. Muchas veces decir tiene mucho más sentido cuando la mirada es parte de la palabra. Esa búsqueda es la estructura de su proyecto. Ella lo canta. Ella lo dice.
Cooltivarte: Verte sobre el escenario, cantando y tocando la viola, tan segura y vital, me hace imaginarte siempre rodeada de música desde muy chica ¿Eso es así?
Luana Mendez: En mi entorno familiar siempre había un buen disco sonando en el equipo de música. Rúben Rada, Malena Muyala, Tribalistas, Mercedes Sosa, León Gieco, Jorge Drexler, Bob Marley, Manu Chao, Maria Bethânia, Caetano Veloso, Alfredo Zitarrosa… La música siempre tuvo un lugar muy importante en mi familia, ha sido una compañía necesaria. Además, había instrumentos al alcance de cualquier curios@; un tambor, una guitarra, una pandereta, alguna flauta… y eso fue una puerta abierta a la exploración. Yo conecté especialmente con el canto y con la guitarra. Mi padre es candombero desde antes de que yo naciera, y tengo recuerdos muy lindos de mi madre cantándome para dormir. Un tesoro. En los encuentros familiares o celebraciones se armaban círculos de improvisación, como pequeñas jams espontáneas. Creo que, si algo nos caracteriza, es justamente que el canal de la expresión artística siempre ha estado muy presente.
C: ¿Cuál es y de que habla la primera de tus composiciónes? ¿La recordás vivamente? Pues hay veces que queda solo un leve recuerdo o se transforma hasta mutar en otra canción…
LM: No recuerdo cuál fue exactamente mi primer composición dado que hay muchas canciones que se las regalaba al viento y no cuento con registro de las mismas. Sé que a los tres años me encontraba inventado mis primeras canciones. A los seis años tengo el registro de algunas de ellas. “Flor amarilla” se titulaba una. Trata de una niña que se despierta para alumbrar el día con su presencia y la canción la llama, le incita con entusiasmo a levantarse, para que suba al cielo, para que juegue y recolecte flores por el campo. Poco después entré en una etapa de canciones de desamor y desde los 8 hasta los 14 años, todas mis composiciones hablaban de un corazón roto, ausencias y abandonos. Cuando me encuentro con alguna de esas letras, me dan ganas de abrazar a esa niña y preadolescente. La música era mi lugar de liberación ante las adversidades y me alegra haber encontrado ese lugar. Hoy lo sigue siendo.
C: ¿Escribís en paralelo a la música? Pues se nota una búsqueda permanente en la lirica de tus melodías..
LM: Bueno, siempre he tenido bitácoras de vida. Escribo como una forma de pasar tiempo conmigo, de reflexionar sobre lo que vivo y lo que siento. También surgen poesías y letras de canciones.
C: Una vez frente al público, la postura , la presencia, la recepción de mensaje influye en la energía del momento. Gran diferencia con la creación en soledad. Uno contrapeso del otro, complementos ¿ Cómo manejas esos dos, supongo, placeres?
LM: Disfruto mucho de crear en soledad, intento plasmar en letra y melodía lo más fiel a mi sentir, es un momento de conexión que atesoro. El primer impulso que me lleva a crear es alquimizar eso que siento y el segundo es compartirlo con el mundo, deseando que acompañe tiernamente algún proceso personal. Me siento muy afortunada de que mis canciones encuentren refugio en otros. En los momentos en vivo, todo vuelve a cobrar sentido para mí. Allí recuerdo que la vida también es buena, que estamos junt@s y que aún hay esperanza. Cuando todo termina, junto a la gratitud, aparece también una estrujante soledad; qué dualidad insoportablemente humana.
C: La costa, sus paisajes, su latido formador de posturas y modos de encarar el mundo. Marca rumbo y mensaje. ¿Lo consideras así?
LM: La costa y sus paisajes forjan al ser. El sonido del oleaje y la diversidad de aves cantando son sonidos que habitan incluso en mi inconsciente, son una fuente constante de inspiración y de ahí han nacido muchas de mis canciones. Aquí he sentido una expansiva alegría y también una profunda saudade. Valoro muchísimo este lugar del mundo y la sensibilidad a la que invita, aunque también representa un desafío para mí; ya que también me ancla. Intento moverme y conectar con otras formas de vida.
C: Alamo, tu primer disco tiene ocho años. El disco en vivo vino después.Ya con mucho material nuevo, con colaboraciones enriquecedoras y cientos de espectáculos por todos lados, incluidos países vecinos… ¿Cuales son los desafíos para el 2026?
LM: En febrero de este año pude darle luz a un nuevo material” Instantes cuánticos” un Ep de cuatro canciones. Ese lanzamiento fue un logro para mi. Fruto de un largo proceso itinerante y artesanal co-producido con Hober, cantautor y productor uruguayo. Sueño con poder materializar fonográficamente las obras que han nacido durante todos estos años. Cuento con más de 200 canciones y, con suerte, unas 20 pueden escucharse hoy en plataformas digitales. Así que espero, antes de terminar este año, poder grabar algunas canciones más. También me gustaría hacer una gira por el interior del país, llevar mi proyecto a lugares nuevos y ver qué sucede. Ansío también llegar a España e intercambiar con otr@s cantautor@s, poder presentarme en distintos espacios y descubrir si las canciones tienen algo para dar por allí. Amaría que así fuera y poder construir un circuito musical en esos lugares del mundo. Sobre todo, deseo mantenerme abierta a las oportunidades que la música tenga para mí.
Ella lo dice. Ella lo canta.
Gracias Luana por la música.
fino.









































