
El nuevo gobierno que asumió con bombos y platillos el 11 de marzo pasado, se ha visto enfrentado no solo a las violentas manifestaciones que con odiosa cotidianidad se suceden en Chile, sino a la propia coalición que lo instaló en La Moneda. Lamentable para un Gobierno que se anunciaba como diferente, respetuoso y justo. En tan solo tres semanas los deslices comunicacionales de varios de los miembros de su gabinete y de su alianza política, ya conforman un anecdotario que da pena o da risa. Un gobierno atrapado por la mediocridad de sus dichos y sus acciones, sobre todo de quienes forman la “primera línea” (frase que simbolizó a los encapuchados que destruyeron el país en los vergonzosos días que se sucedieron al 18 de octubre de 2019 y que no tiene fin).
Al frente de la “primera línea” del Gobierno se encuentra la ministra del Interior, Izkia Siches, una mujer que ha brillado por sus actos desaguisados y dichos desastrosos cuando no ofensivos, o ambos a la vez, incluso desde antes de su nombramiento. Por ejemplo, cuando era presidenta del Colegio Médico: “Yo que he sido súper señorita, voy a todas las reuniones y me saco fotos con todos los infelices”. Le puso fuerza a su mensaje (reunión con la gente del expresidente Piñera). Claro que ella conjuga el verbo poner así: “La hemos ponido toda la fuerza a esta campaña” (cooperativa.cl).
Otra de sus frases como presidenta del Colegio Médico: “Faltaría que, en buen chileno, llueva caca para estar en un peor escenario nacional”. En fin, frases como estas la van perfilando como futura ministra. Pero ya a días de asumir como jefa de la “primera línea” del Gabinete, en un acto repudiable, un centro comercial dejó que ella se probase cuánta ropa quisiese pues “tenía un casamiento”. Como su ego es del tamaño de su boca, mostró fotos que rápidamente provocaron la reacción de la gente. Y desafiante como siempre: “Próximamente seré ministra del Interior pero sigo siendo mujer, madre y esposa y no renunciaré a nada de ello, así que es muy probable que me vean en el mall, en el súper o en la calle para que se vayan acostumbrando” (biobiochile.cl).
Ya ministra, la temperatura de sus dichos y acciones subieron de grado. Primero, su incursión por La Araucanía (sur del país), fue un verdadero fracaso al punto de que la recibieron balazos y debió refugiarse en una comisaría. No escuchó las alertas de la policía y no quiso ningún tipo de escolta. Ni la Mujer Maravilla. Una acción de extrema irresponsabilidad considerando que es la jefa de Gabinete en su calidad de Ministro del Interior. Sin embargo, la guinda de la torta fue su participación en eI Instituto Chileno de Administración Racional de Empresasl (Icare), que provocó la molestia generalizada tanto en el sector político como en la sociedad en general.
“Si yo pillo a una persona al lado de un crimen y es en Las Condes, es rubio y tiene apellido, no pasa nada. Si yo pillo a esa persona en La Pintana y es pobre, me lo llevo detenido. Si lo pillo en La Araucanía, lo llevo detenido y allano su casa, agarro a los niños y violento a toda una comunidad: ese es un sistema judicial que hay que ir a mirar” (redgol.cl).
Para que el lector no chileno se oriente, Las Condes es una de las comunas más acomodadas de Santiago, en cuanto que La Pintana, por el contrario, es una de las más pobres y con un alto índice de delincuencia. O sea, por un lado, la ministra crea con sus palabras nada más que odiosidades entre los chilenos. Estigmatiza a la gente de una comuna sufrida y busca el enfrentamiento entre pobres y ricos que, a su juicio, son rubios. De otro lado, ¿qué quiso decir con “tiene apellido”? ¿Acaso el pobre no tiene apellido? ¿O por apellido se refiere uno de tradición republicana o “raro”, como el de ella o del ministro Jackson o del propio Presidente? Y si son de La Araucanía, ni los niños se salvan. ¡Patética declaración!
O sea, un discurso que más suena a resentimiento social, a populismo decadente, a incomprensible violencia, lejos, por lo tanto, del discurso reflexivo, integrador y pacificador propio de un Ministro del Interior que tiene a su cargo la seguridad del país. La Corte Suprema (por quien no muero de amores, pero no puedo dejar de estar con ella esta vez), le respondió: “El Poder Judicial no tiene una formación clasista”. Por su parte, “un supremo consideró que fueron palabras imprudentes e ignorantes” (diario La Tercera, sábado 26 de marzo de 2022, p. 43).
No, definitivamente la señora Izquia Siches no tiene dedos para el piano. Tres semanas bastan y sobran para atestiguarlo. Su pasado la persigue.
Tal vez lo haga mejor tocando el timbre.
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