
INDIO Fest -en Live Era
Viernes de guerra con: LARRY ZAVALA – EL ASILO DE LA BESTIA – SENDA NEGRA – IMPRO – DOOMSDAY
No es común que un festival de metal arranque tan temprano un viernes. Tampoco que, en pleno invierno montevideano, se organice un festival entero dedicado enteramente al metal y al heavy, géneros que suelen florecer bien entrada la noche y en salas más chicas, casi secretas. Pero ahí estábamos, viernes, seis de la tarde, en Uruguay 960 casi Río Branco. Afuera, Montevideo mordía en una de las semanas más frías y crudas de las últimas décadas; adentro, el negro y el cuero ya imponían su liturgia.
La organización estuvo a cargo de INDIO Producciones, que desde hace un tiempo viene ganando terreno entre quienes sostienen el metal como actitud y bandera. A pulmón, pero con rumbo. Apuntando a un público reducido, sí, pero fiel como pocos.
Charlando con varias personas presentes, entendí un poco más de qué se trata esto. Había gente llegada desde pueblos canarios como Santa Rosa, San Antonio, otros de poblados sanduceros y otros rincones del interior; algunos venían por esas bandas legendarias del género, otros por el deseo de sostener un espacio que es de pocos, donde reina la hermandad. y con la clara intención de apoyar la iniciativa y a la productora organizdora.
La noche comenzó cerca de las 19, sin muchas vueltas y luego de algunos contratiempos. IMPRO, banda de heavy metal oriunda de Paysandú, fue la encargada. Con Germán Jss Fraschini en voz y guitarra, Santiago Rondán también en guitarra, Braulio Paz en el bajo y Gerardo Mareco en la batería, se apoderaron del territorio desde el arranque con Existir y Un Día Rebelde, dando muestra que el poderío de la banda. Siguieron con una seguidilla oscura y bien pulida; Detrás de las Sombras, Buscando Salida y El Silencio de la Noche. Hubo un momento para la emoción con Cuando un amigo se va, justo antes de que retomaran el pulso con Cuando llega la noche, Reyes del poder y Orgullo de ser. Cerraron con Rock N Ron, y de toque recibieron el reconocimiento del público. No solo cumplieron con encender la mecha del festival, también establecieron una conexión real con la sala. Miradas, gestos, canciones coreadas. El metal, cuando fluye así, se vuelve pertenencia.
El segundo acto fue El Asilo de la Bestia, banda de La Floresta que viene creciendo entre impasses y cambios de formación, que encontró un sonido propio, difícil de encasillar. Ellos/as definen su propuesta como visceral, desde las letras hasta el sonido; un equilibrio entre melodías dulces y estridencias macabras. Se consideran una banda conceptual, inspirada en el pensamiento de Thomas Hobbes —“el hombre es el lobo del hombre”—, una música al límite entre lo filosófico y lo artístico. Con una apuesta cada vez más sólida, mostraron una formación convencida de lo que proponen, con la hoja de ruta clara y la certeza de que su propuesta tiene madera; Apuestan a profesionalizarse; talento y energía les sobra. Mantienen una seriedad que se impone, pero al mismo tiempo transmiten una esencia amigable, una especie de buena vibra que contagia. Con Leonardo Borges al bajo, Edgardo Olivera en guitarra, Esteban Lafargue en batería, Eugenia Bonilla en la voz y Joy Amorín —recién incorporada— en teclados, arrancaron con Despertar, una declaración de intenciones. Siguieron con La reina del olvido y Volveré, donde Eugenia desplegó toda su intensidad. Helada y Alma Blanca marcaron un tramo más denso, hasta que Enemigos cerró el set con firmeza y una furia contenida.
La tercera en presentarse fie la banda argentina Doomsday cruzó por primera vez el charco para presentarse en Montevideo, dejando una impresión fuerte y positiva. Originarios de Lanús, Buenos Aires, este grupo se ha consolidado en la escena del metal nacional Argentina gracias a su tributo fiel a Arch Enemy, combinando death metal melódico con toques de thrash y metalcore.
Su setlist, compuesto por ocho temas cuidadosamente seleccionados, comenzó con la potente Enemy y Burning, para avanzar sin pausas con Dead Eyes, War Eternal y Diva. En My Apocalypse y Ravenous alcanzaron su punto más alto de intensidad, cerrando con We Will Rise y Nemesis en una muestra de energía y técnica que mantuvo al público con toda la atención puesta en lo que pasaba sobre ele escenario. Un torbellino de metal, actitud y profesionalismo. Con Silvina Harris en la voz, Rodrigo Lefosse y Nico Trino en las guitarras, Diego Sotelo en el bajo y Cristian Azas en la batería, Doomsday combinó agresividad y precisión, entregando un espectáculo sólido y contundente. Agradecieron la oportunidad y la hospitalidad de Indio Producciones, dejando en claro que esta primera visita a Uruguay es solo el comienzo de una historia que promete tener más capítulos
Pasamos a la presentación de Senda Negra, que con casi treinta años encima salió a tirar toda su historia sobre el escenario desde el primer tema. Generación ’96, la banda dejó claro por qué sigue marcando el camino en el metal nacional. Con un set poderoso de nueve canciones, arrancaron a todo trapo con; Ansias y Agonía, y fueron subiendo la tensión con Resurrección y Si me dieras la oportunidad. Pastores y El legado de Nimrod marcaron el centro del repertorio, antes de encarar el cierre con Presencia, La Tregua y La Espada Sagrada. Una actuación con carpeta, fruto del trajín de años de carretera. Dominadores del escenario, dueños del tiempo y del espacio, con la confianza que da el rodaje.
El final quedó en manos de Larry Zavala, leyenda viva del metal rioplatense, histórico ex cantante de Nepal y telonero de bandas reconocidas a nivel mundial como Megadeth y La Renga en la escena latina. Cruzó el charco con su bajo al hombro y esa voz que sigue rasgando gargantas desde hace más de cuatro décadas. Hubo algunos problemas con el sonido que se notaron y generaron cierta incomodidad, pero la banda no cortó el show. Fueron una aplanadora, abrieron con Noción y Hogar, y mantuvieron la intensidad. Mutilado, Refugio y Memorial marcaron el tramo más denso, mientras que Castigo, Amanecer, Cristal, Mala Jugada y Algo más lejos completaron un repertorio muy poderos. El público los ovacionó como la leyenda que son. Un cierre firme y a la altura de su historia. Unos caballeros sobre el escenario, con una presencia poderosa que centralizó de forma casi hipnótica la atención de todos/as. Impresionaba, y a la vez no podíamos creer que esos veteranos estuvieran a dos metros, tocando esas canciones que escuchábamos en la radio cuando éramos adolescentes.
El festival terminó como debía, con camaradería y el respaldo de un público fiel que entiende de que se trata. Hubo buenos shows, momentos intensos y algunos contratiempos que no opacaron lo esencial, las bandas estuvieron a la altura, y la propuesta se sostuvo hasta el final. Una fecha bien armada, con variedad en las propuestas artísticas, que confirma que el metal local y regional sigue en movimiento, incluso cuando el contexto no siempre acompaña.
Felicitaciones a INDIO Producciones por seguir abriendo caminos para el metal y por ser una alternativa concreta para los amantes del género.














































