
Para los que rondan los sesenta años, Imanol Arias es Ladislao Gutiérrez, el cura que vive un apasionado amor con Camila O’Gorman en la película Camila de 1984; para los que son un poco menores es El Lute, personificando a Eleuterio Sánchez, aquel delincuente español que tuvo en vilo a la policía española; para los más jóvenes será Ángel, el preso sabio que aconsejaba a Fernán Mirás en su papel de Tanguito en la película Tango feroz. Y si esta trayectoria no fuera suficiente, es posible que haya entrado a los hogares de la mano de Cuéntame cómo pasó, interpretando durante más de veinte temporadas a Antonio Alcántara, el padre de una familia de clase media española, con cuatro hijos en Madrid durante los años del franquismo.
Imanol no solo llegó a Montevideo a presentar una obra de teatro, sino que las autoridades del Ministerio de Educación y Cultura decidieron también homenajearlo con la entrega de la medalla Delmira Agustini, la máxima condecoración que otorga el gobierno uruguayo para reconocer a aquellas personas que han contribuido de forma excepcional a la cultura y las artes
La ceremonia se realizó el 23 de mayo 2023, en el Museo de Artes Decorativas del Palacio Taranco. Tras las palabras de la directora nacional de Cultura, Mariana Wainstein, y del director del Instituto Nacional de Artes Escénicas (INAE), Álvaro Ahunchain, llegó el turno de Jon Arias (hijo de Imanol y también actor), quien resaltó la alegría y honor que significaba estar en Uruguay trabajando junto a su padre. Contó que se enamoró del teatro cuando Rubén Szuchmacher dirigió a sus padres en Buenos Aires en 1994 y vino por primera vez a Uruguay. Desde entonces su vínculo con el país ha sido a través del fútbol, de la selección uruguaya y los jugadores nacionales que militan en el fútbol español, también el presidente Mujica significa un faro para Jon, pero la mayor conexión, sin dudarlo, afirma que es el enorme cariño con que el padre le ha hablado de Uruguay. Le hizo sentir que tenía un vínculo especial con el país pues aquí siempre había recibido afecto y respeto. Agradeció ese cariño y contó que siempre que Imanol habla de Uruguay se le ilumina la cara. Esta es la primera vez que trabaja junto a su padre y le parece ciertamente poético que, en el primer lugar fuera de España donde la obra se presenta sea Uruguay. Hoy adulto espera que este sea el principio de su historia personal con el país. “El de hoy es un día especialmente feliz” y dirigiéndose a Imanol, visiblemente emocionado agregó “Y, para terminar, no sabes lo orgulloso que estoy de ti, no solo por los títulos sino por el cariño con el que la gente se dirige a ti, te habla y te escucha. Y gracias por enseñarme que por encima del oficio está la persona, el respeto y la empatía”.
Prosiguió el ministro de Educación y Cultura, Pablo da Silveira que destacó como el estreno de Camila marcó a su generación, ese fue el primer contacto con su obra. Posteriormente recalcó el vínculo que une a Uruguay con España desde siempre y los aspectos más importantes que caracterizan ese vínculo.
Tras su alocución se exhibió un video homenaje a Imanol, con parte de su obra y los saludos del director Rubén Szuchmacher y de su colega Fabian Vena.
Finalmente fue el turno del homenajeado de recibir su medalla y decir algunas palabras. Quien agradeció y lamentó no haber podido memorizar unas líneas de la poetisa. Reconoce que su relación con Latinoamérica está marcada por dos grandes mujeres, la primera Cecilia Valdés, novela en la que se basa su primera película en este continente en 1981, llamada Cecilia, una producción cubana dirigida por Humberto Solás. Su experiencia en Cuba lo conectó con Latinoamérica, a través de músicos directores de cine que estaban exiliados allí, recuerda particularmente al chileno Patricio Guzmán, que casi mirándolos por encima les decía: ¿Tan difícil es contar la realidad, que tenéis que meteros en la ficción? Recuerda a los chilenos exiliados como los más exigentes y él con sus jóvenes veinticuatro años solo podía dar una respuesta de manual.
La segunda es la mencionada Camila, película argentina de 1984, que interpretó junto a Susú Pecoraro, bajo la dirección María Luisa Bemberg.
Imanol cuenta que desde niño sintió el impulso de actuar, primero para su propia familia, para sus hermanos, emerger desde abajo de la mesa del comedor cubierta por un manta convertido en otra persona. Su familia se mudó al país vasco cuando él era niño y su acento de Castilla era muy valorado en un lugar donde se había prohibido hablar el euskera. Con ese acento transmitía las carreras de bicicletas de sus amigos, y aunque en la ciudad de las bicis él no tenía una, sus amigos se la dejaban, me gané la bici hablando, afirma. Cree que la mayoría de los personajes que ha tenido que interpretar parecen hermanos entre ellos, el oficio no le ha exigido grandes transformaciones, todo se ha sustentado en la palabra.
Si vínculo con Uruguay es anterior a conocer el país y está marcado por dos momentos cruciales, uno cuando Atahualpa del Cioppo se exilia y llega a España y cae en una suerte de red que habían tejido para no desconectar a esos grandes artistas del teatro y de sus posibilidades. Los integraron a elencos, generaron espacios para que dictaran cursos, los mantuvieron dentro de su profesión El curso de Atahualpa duró seis meses y le permitió entablar una relación fascinante con él. El otro momento del vínculo con este lado del mundo viene por el lado de su padre, quien estuvo navegando por el Río de la Plata, venía a Montevideo y a Rosario en Argentina y años después conoció gente habían sido sus amigos. El actor agrega que:
Esas cosas te vinculan con un lugar, pero lo que no espera es que las cosas ocurran de manera tan contundente. Si hay una biografía neta de un hombre es la de su hijo, las palabras de mi hijo me hacen pensar que los grandes papeles de mi carrera han sido vistos más en Uruguay que en otros sitios, Uruguay hay tenido una relación con España en lo televisivo, en las noticias, yo he tenido un sentimiento de sentirme más uruguayo que mi padre que estuvo mucho tiempo aquí, eso ha provocado que la relación con el país sea muy extensa. Siempre he querido hacer algo con ese vínculo de ida y vuelta permanente que tienen nuestros países, yo he tenido un vínculo de trabajo más grande con Argentina, he pasado más tiempo allí, pero siempre digo que el paraíso no reconoce límites, hay un río en el medio y nada más, hay una cordillera y un mar que se mantiene a salvo. Todo esto me hace decir que es lo único que puede explicar todo esto que es inexplicable para mí y que me llena de gozo. Todo esto se explica porque me creyeron, desde el momento que salí de la manta debajo de la mesa de mi casa, cuando era niño me creyeron, y no me hacía falta transformarme demasiado, no necesitaba vestirme de romano para ser uno de los personajes que había visto en una película de semana santa, desde ese primer momento me han creido.
Por último, Imanol resaltó a la palabra escuchada como el último refugio de la humanidad
Cuando la palabra se pueda reconstruir sin un humano, cuando se pueda escribir sin un humano, la palabra escuchada volverá a ser como la mano que estaba en la cueva indicando dónde estaba la ceremonia, en momento de gran expansión cuando el ser humano dejó de ser más animal, la palabra es lo importante y si algo tiene es un poder extraordinario y si el intérprete tiene una suerte es la de poder concentrarse en ella y si tienes la suerte de ser querido como lo soy yo por ustedes, vengo a hacer un concierto para defender a la palabra, una defensa de nuestra cultura en lo comunicativo que produce la admiración mutua, el camino, la cercanía, el entendimiento perfecto hasta en el humor.
Imanol llegó a Montevideo para presentar Muerte de un viajante en el Sodre, en el papel de Willy Loman, un padre de familia agobiado por sus circunstancias. La obra de Arthur Miller, que ganó el Premio Pulitzer en 1949, es una crítica despiadada al sueño americano, e interpretar el papel de Willy Loman es un hito para cualquier actor, es consagrar una trayectoria, alcanzar un punto de esplendor. La obra está dirigida por Rubén Szuchmacher, la puesta es despojada y la actuación de Imanol es soberbia. Las esperanzas rotas, los conflictos sin resolver, las mentiras, que inexorablemente salen a luz, van llevando al personaje a su destino final. Es destacable el trabajo del resto del elenco que incluye a Jon Arias, hijo también en la ficción, Cristina de Inza, Carlos Serrano-Clark, Jorge Basanta, Fran Calvo, Virginia Flores. La obra dura 150 minutos, tal vez podría ser un poco más corta sin perder calidad, pero lo cierto que es las dos horas y media pasan casi sin darnos cuenta.
El actor cerró su intervención en el Palacio Taranco subiendo la apuesta del retorno, con una obra que se ha montado una sola vez, en España a cargo de Carlos Saura, se trata de El coronel no tiene quien le escriba. Imanol tienta a los productores locales a traerla a Uruguay, él se compromete a venir a Montevideo, hacerla durante diez días en un teatro que permita precios razonables y poder presentar literatura latinoamericana hecha en el teatro.
Mientras tanto, seguirá su gira para totalizar más de doscientas funciones en la piel de Loman para morir cada noche y revivir en el aplauso de un público que se va encantado.














































