
HEREFORD en Sala del Museo.
30 años de historia, para celebrar como quien vuelve a casa
El sábado pasado, 15 de noviembre 2025, en la Sala del Museo, Hereford festejó sus tres décadas. La banda volvió a instalarse en el mapa hace un par de años, cuando reapareció en el Teatro de Verano después de una década en silencio. Fue un regreso que sorprendió incluso a quienes los seguían desde los noventa, cuando editaron Cuatro estómagos y empezaron a crecer junto a una nueva camada del rock uruguayo que tomó la posta tras la movida de la posdictadura.
En esa etapa construyeron una identidad muy solvente, sobre todo con los registros en vivo de comienzos de los 2000, donde Bienvenida al show terminó como uno de los himnos del rock nacional de esa primera década del siglo. Ese camino se afirmó con La corona del rey y de ahí la participación en festivales, giras y un ritmo que los tuvo siempre en movimiento.
Después de Manual de otro en 2010 la banda dejó de tocar. Cada integrante siguió con su camino, en distintos proyectos y en busca de otros horizontes.
Hace un par de años, los cuatro de siempre— Diego “Chirola” Martino, Guzmán Mendaro, Rodrigo Trobo y Frankie Lampariello — definen volver con otra receta, sin exigencias y en un formato un poco mas tranqui. Tocan cuando vale la pena, cuando hay tiempo para ensayar como quieren y cuando sienten que la música fluye. Ya no corren detrás de un disco que “tenga que pegar” ni de giras interminables. Prefieren cuidar cada paso, elegir bien los escenarios y sostener un ritmo que les permita disfrutar sin descuidar lo importante de la vida; la familia, los vínculos “lo mas simple de las cosas”
Algo de eso se dejó sentir en la energía que rondaba la Sala del Museo. La respuesta del público tenía un vibra emocional que se podía sentir; ratificando que las canciones siguen generado lindas sensaciones, incluso en los silencios, como si nadie quisiera soltarlas del todo.
Hoy se los ve más grandes y seguros de las razones que los mantienen en el camino. Llegaron con temas nuevos, con mucha energía y con el agradecimiento sincero para la gente que nunca dejó de acompañarlos Ofrecieron un show de festejo por los 30 años que superó cualquier expectativa: cracks arriba del escenario, virtuosos, precisos y con la presencia de buena gente, esa que siempre caracterizó al espíritu de Hereford.
El show empezó unos minutos después de las 21 con un “buenas noches, amigos!!! ¿nos vamos a gozar un rato?” del Chirola. Ahí nomás largaron el set de 21 canciones: Volver a Empezar – Sé lo que Sentís – Final Abierto.
Martino se acomoda los lentes: “Qué lindo verles por acá, bo. Perdón si nos sentimos como en casa… ahora sí. Lo único que extraño de estos 30 años es la vista, que he perdido un poco”.
Y así, entre risas y la confianza de quienes vuelven a encontrarse con su gente, entraron directo en Ruido, Dicen y Cerebro, marcando el ritmo de lo que sería una noche intensa y bien querida. Después llegó Estrellita, con Frankie dejándolo todo, como cada vez que le toca interpretarla. Más tarde presentaron Sembrar y Esperar, adelanto del próximo disco. Hay que Matarlos Hoy, volvió al repertorio después de años —“desde el Pilsen Rock no la tocábamos”, dice Chirola— y para eso subió Guillermo Peluffo, agradecido y prendido a ese ida y vuelta clásico con el público. Ese juego que tiene algún insulto cariñoso, pero que no deja de ser un gesto inofensivo, parte del ritual que se da cada vez que toca con La Trotsky.
Todo era jolgorio así que la noche siguió en subida con De Cerca, Juntos y Emilia, que Lampariello cantó con una entrega especial y dedicó a su hija, que se encontraba entre el público.
Y cuando llegó Estridencia, Frankie lo dijo sin vueltas: “esta es la canción que más nos gusta tocar”. Se notó claramente, aunque el sacudón grande vino justo después con Límite Perpetuo, uno de los himnos más coreados de la noche donde Guzmán se mandó un punteo feroz, disfrutándolo a cara limpia y contagiándonos a todxs.
Después aparecieron Músicas Tibias y una versión extendida de Aunque me vaya primero, mientras el equipo de colaboradores armaba una segunda batería en el escenario para el invitado de lujo; Juan Martino, sobrino de Chirola quien subió al escenario muy seguro y feliz. Le pidió el cambio a Rodri, que pasó a la batería recién armada, y Juan quedó al frente por unos minutos como si siempre hubiera estado ahí. Mientras se daban esos movimiento, Frankie contó que JUAN los acompaña en los ensayos desde los 5 años y bromeó diciendo que a esta altura ya toca mejor que Rodri, mientras el experimentado batero asentía con una sonrisa.
Juan se lució en El Verdugo de tus Sueños, cerrando su participación con un abrazo muy sentido con su tío. Fue un momento simple y poderoso a la vez; la alegría de un gurí cumpliendo un sueño y el orgullo de quienes lo vieron crecer entre cables, salas de ensayo y canciones.
El tramo final siguió con Perder, Nadie va a Hacerlo por Vos, La Corona del Rey y Lo más Simple de las Cosas, con Pablo “Bambino” Coniberti invitado en la guitarra. Cerraron la lista oficial con Cierto y se fueron un instante, lo justo para que el público pidiera la vuelta. Y obviamente volvieron para los bises: Medley, Cuando Quieras Usar y Bienvenida al Show. La sala estalló con ese riff que a esta altura, tiene perfume a Pilsen Rock, a noches viejas y memoria viva.
No faltó la foto final con la gente detrás. “Somos una gran familia, por eso nos vamos a sacar una foto juntos”. Antes de despedirse, Chirola pasó en aviso de lo que se viene: 9 de enero en PIONERO – Ruta 10, Santa Mónica – José Ignacio.
Terminaron con un gran abrazo ente los cuatro integrantes de la banda en el centro del escenario. Un instante amistoso y de reconocimiento mutuo. Antes de perderse tras bambalinas una última frase “De corazón, gracias…estuvo buenísimo”
De regreso a casa, mientras camino esas pocas cuadras que separan la Sala del Museo, siento que fui parte de la celebración de los 30 años de una banda que ya es leyenda del rock nacional. Una noche intensa, disfrutada y completamente merecida















































