
EL TANGO O EL ELOGIO DE LA CLAUSTROFOBIA
“Puedes ser un gran campeón/ Jugar en la selección/ Y no tienes un poquito de amor para dar”.
En 1982 Argentina estaba convulsionada (cuando no) con la insólita declaración de guerra de la Junta militar (aun abrazada al poder) por las Malvinas.
En ese momento tan difícil, Charly García (1951), que venía de dejar Serú Girán se enfrascaba en dos discos casi en simultáneo: “Pubis Angelical” (banda de sonido para la película de Raúl de la Torre) y lo que sería más tarde “Yendo de la cama al living“. Absorto en el estudio, sin banda, respiraba la libertad, como un condenado una vez cumplida su estadía en la cárcel. Ya no había otros tipos con quien discutir.
La canción que dio título a su primer álbum solista fue, precisamente “Yendo…“. Y es una canción que tiene una interna interesante, más allá de la composición misma. En un disco en donde las baterías fueron tocadas por Willy Iturri, en esta el músico de GIT solo emprende el bombo del instrumento. El pulso del tambor (con ese peculiar sonido filtrado) fue tocado por el mismo Charly utilizando una manguera (sí) sobre el parche. Charly tardó bastante para grabar toda la canción de esta forma, que al mismo tiempo resultó novedosa y “moderna”. Todos los instrumentos fueron tocados por Charly.
El ingeniero Amílcar Gilabert tuvo mucha incidencia en el cambio estético de García, ya que habiendo grabado algunas cosas, se dio cuenta que sonaban resabios de SG. Y es así que encara la producción desde una nueva óptica. El inicio es hipnótico. Un tipo bosteza mientras un acorde anuncia la tonalidad (remitiendo al amanecer) y se abre el paso el tambor. En la primera estrofa sabemos que el protagonista es un cheto (“Podés pasear en limousine/ Gastar las flores del jardín/ Podés cambiar el sol y esconderte/ Si no quieres verme/ Puedes ver amanecer con caviar desde un hotel/ Y no tienes un poquito de amor para dar”).
En el estribo recién sabemos que el personaje (alter ego del compositor) está cautivo en su propia jaula: “Yendo de la cama al living/ Sientes el encierro”. Es inevitable no reconocer en la prosa de García el fantasma de Discépolo. La materia poética es casi la misma. Hay una mirada melancólica y ensombrecida de la realidad y además, una narcisista. El que sufre es el autor. Charly habla en segunda (tramposa) persona. Pero bien sabemos que habla de él mismo, como el tanguero existencialista. Es autobiográfico.
El puente es fantástico y abre una compuerta -como en muchas de sus canciones- para que entre el aire (“No hay ninguna vibración
Aunque vives en mundos de cine/ No hay señales de algo que vive en mí”). Y aunque no lo parezca en lo musical y en lo estético, esta pieza es un tango. Hay algo que no se puede ocultar y es tu propia cultura. Por más pop o rock que pretendas hacer, es imposible escapar del centro de gravedad. Casi todas las canciones de García son tangos. Y “Yendo…” es flor de tango.











































