
Transitar por la vida nos lleva a un final. Este año he escrito sobre personas queridas. Artistas con los que tuve una particular relación. Recientemente me han preguntado porque no escribí sobre el Indio Solari, a quién conocí y tuve una cierta relación gracias a Alfredo Rosso.
Hace unos días me consultaron porque no lo hice sobre Ruben Rada. Sobre el Indio pienso en su momento escribir, una vez que se aplaquen las reverencias que se le han hecho. No escribir sobre Rada fue por un acto de dolor y por mi consideración hacia él, que está por encima de la del músico, el cantante, el artista.
Lo conocí desde sus comienzos en los programas de “Discodromo Show” de Rubén Castillo, en el Canal 12. Allí aparecía con los “The Hot Blowers” con Cacho de la Cruz al mando de su trombón, también lo veía en el viejo Hot Club de la calle Guayabos, donde tantos y tan importantes músicos de nuestro medio se formaron y salvo contadas excepciones nadie recuerda.
Viendo “Discodromo” un mediodía de 1969 Rada apareció con su primer disco y canto “Las Manzanas”. De allí en más, además de sus intervenciones en diversas comparsas, murgas o en ciertos espacios televisivos, generalmente humorísticos, apareció el Rada compositor, no sólo “zapatito” como lo llamaban, el que nos divertía con sus gestos o apreciaciones sobre algún determinado aspecto de la cotidianeidad.
No fui amigo de Rada como lo fui de otros artistas. Era difícil llevarle el paso en esos años de comienzos de los ´70 cuando viajo a Buenos Aires a integrarse al elenco de “Hair”, la exitosa Opera Rock estrenada en Broadway en 1968 retratando la contracultura juvenil estadounidense de mediados de los ´60 y de la que ahora se hacia su versión en español.
En otras oportunidades he escrito que lo recuerdo imponente, con su look afro en la vieja y querida sala del Auditorio del SODRE (de la que sigo pensando que su incendio fue intencional) paseándose en el hall de entrada, esperando a que se abrieran las puertas de la sala y esa banda inigualable de rock y blues que fue Opus Alfa presentara su primer y único disco. La presencia de Rubén no era desapercibida para nadie y tras el concierto fue a departir con los músicos. El programa del mismo anunciaba: “Centro de Artes Pesadas presenta Opus Alfa en concierto”. El presentador de aquella noche no era otro que el propio Rubén Castillo. Rada volvió a cumplir sus compromisos con la obra “Hair” y a su regreso formó TOTEM junto a sus compañeros de entonces. Todos ellos son sabidos, no creo necesario nombrarlos, sólo citar al baterista Roberto Galletti, sustituido en el segundo disco por Santiago Ameijenda.
TOTEM según Rubén Castillo, “marcaría un antes y un después en la música uruguaya”. El golpe cívico militar de 1973 y la posterior dictadura, impidieron saber si esa afirmación terminaría por concretarse. La mayoría de los músicos de rock de entonces emigraron, otros de la canción urbana y de la veta folklórica también lo hicieron.
Entre ellos artistas plásticos, escritores, periodistas, representantes de la danza contemporánea, dibujantes, un largo etc. de una historia conocida por muchos y también mal contada por ambos bandos en pugna. Los que llevados por el timón de la revolución cubana creían ser seres iluminados, los tupamaros y sus peludos y los cavernícolas de las fuerzas armadas.
En 1972 Rada deja TOTEM antes de grabar su tercer y último disco “Descarga” (con una renovada integración) formando un año después, GULA MATARI. Una tremenda banda de la que no hay registros grabados, acompañado por algunos de sus ex compañeros. En ella el candombe se encumbraba y compartía la misma línea de fuego de sus ancestros africanos, del jazz de vanguardia (gracias a la participación de Nelson “Pito” Varela en saxo) y el rock. Una banda increíble de efímera duración.
La dictadura militar lo invadía todo, por entonces no se podían reunir más de tres personas a la vez en la calle, y se comenzaban a realizar conciertos y muestras clandestinas. Entre 1973 y 1977 la vida de Rada se convierte en una rueda tan aleatoria como giratoria. Pequeñas intervenciones en algunos circuitos comerciales hasta que viaja a Europa, y reside un tiempo tanto en Francia como en Alemania, de la que Chichito Cabral le había hablado tras su paso por Hamburgo. Fueron años de sacrificio, de cantar en la calle y de sobrevivir de la mejor manera posible. Hay tanta información en internet sobre él que no quiero repetirme, ni que esta nota sea un simple recordatorio, un especie de epilogo o un escrito simplemente testimonial.
Finalmente, los hermanos Fattoruso lo llaman para que se incorpore a OPA y en 1977 viaja a los Estados Unidos y participa del segundo disco del grupo “Magic Time” a las que aporta dos canciones. “Montevideo” y “Malísimo”, una de las melodías más hermosas de toda la música nacional. Una canción que me acompaño años, cantándola en voz baja dentro del autobús mientras vivía en El Prado retornando desde la facultad: “Puedes, puedes, puedes ver el mar / Puedes ver la luz, puedes más / Tú puedes contar las estrellas / Guardar la más bella / Remontar las nubes para no verlas jamás….”
El concierto que diera OPA en 1981 en el entonces Cine Plaza, contó con su participación, junto a los hermanos Fattoruso, Ringo Thielmann y el trompetista estadounidense Gary Gazaway. Esa noche Jorginho Gularte canto su “Tambora”. Años después me dijo que con “Bando Sur”, su grupo (junto a Nego Haedo) trataba de que; “los tambores estuvieran bien adelante….”, y que eso lo había tomado de TOTEM.
El concierto de OPA removió los cimientos de la canción de resistencia, convertida en una estructura panfletaria a través de subterfugios urdidos sabiamente, y que nos atrasaban culturalmente tanto como la dictadura misma.
Rada luego colaboró con músicos de la música brasileña (MPB) y Hermeto Pascoal grabó algunos de sus temas, así como lo había hecho Airto Moreira en EEUU donde registró una mágica y potente versión de “Dedos” (Fingers) perteneciente al primer trabajo de TOTEM. Es decir que la presencia de RADA planeaba sobre nosotros.
Estando sin estar. Era mucho más que un músico, era casi una insignia nacional, con trabajos grandiosos y otros desparejos, porque Rada tenía que alimentar una familia y porque mucha gente estaba abierta a sus canciones más simples y no a sus trabajos elaborados y grandiosos como los del disco “Sonido Original del Sur” (1974), o “Tango, Milonga y Candombe” de 2015, donde establece influencias y paralelismos entre estas vertientes musicales.
En 1978 se instala en Buenos Aires y junto a músicos de la talla del guitarrista Ricardo Lew, el tecladista Ricardo Nolé o el saxofonista Bernardo Baraj entre otros, funda LA BANDA, una agrupación con la que toco en Montevideo que le diera una serie de importantes éxitos, entre ellos el “Rock de la calle”, acrecentando su imagen creativa y acercándolo nuevamente a nuestro país.
Con la restauración democrática Rada volvió a Montevideo y su historia ya es más conocida. No pretendo contar una genealogía de su vida, pero sí recordar sus fabulosos “Rada para niños”, así como lo hacemos con “Canciones para no dormir la siesta”. “Hola” – me dijo una vez en la entonces Plaza Mateo frente a Playa Ramírez.
Nunca fuimos amigos, pero en “La Semana” escribí varias notas sobre él y lo sabía. “Que tal che..”- textual me dijo cierta vez. “Todo bien”- en otra oportunidad. La última vez que nos vimos apenas hablamos, fue en el velatorio de Eduardo Darnauchans. Es decir que Rada continuaba planeando no sólo sobre mí, sino en el “imaginario nacional” que se estaba reconstruyendo, más allá de generos musicales, artísticos, sexuales, o partidismos políticos.
Sería de justicia que alguien rescatara sus más importantes obras, no aquellas que según sus propias palabras: “las hago porque tengo que alimentar a mi familia”. En sus diferentes facetas de songwriters, showmen, entertainers, Rada se daba el lujo de tocar junto a Divididos, Sandra Mihanovich, o a quién se lo propusiera como sucedió con La Vela Puerca. Que Liliana Herrero grabará algunos de sus temas o que compartiera escenario junto a León Gieco, y hasta perder su premio Grammy Latino en un taxi en Las Vegas, eran parte de sus viajes.
Rada continuaba planeando sobre nosotros, muy cerca de concretar sus conciertos en homenaje a TOTEM, también junto a su ex integrante Daniel “Lobito” Lagarde. Un día decidido aterrizar sin saber que su plan de vuelo se había transferido de generación en generación, y que tanto “Biafra” (los que cantaban canción protesta empalidecen ante esta) como “Heloísa” del segundo disco “Descarga”, ya estaban instaladas en el inconsciente colectivo no sólo de una comunidad, sino de toda una capital.
Rada era Montevideo, tanto en su luz como en su sombra. Aún cuento esas estrellas que se alejan de nosotros, mientras el universo se expande y el mar respira. Ya he guardado la mía y abre también de remontar las nubes.
Nadie podrá negar que si alguna vez tuvimos una verdadera “estrella pop” y no sólo una efímera estela de comparsa, que se excedía a sí mismo, ese fue naturalmente Rubén Rada.