
Uno de los estrenos cinematográficos más esperados de 2023 es la película Oppenheimer, dirigida por el aclamado realizador Christopher Nolan. En ella, se cuenta la historia de uno de los científicos más preponderantes del siglo XX, capaz de tensar aún más la discusión entre avances científicos y dilemas éticos.
Independientemente de la ficción, la historia se centra en una biografía que ineludiblemente toma en cuenta el contexto de la Segunda Guerra Mundial. El Proyecto Manhattan fue el efecto de una invasión totalizante llevado a cabo por las grandes potencias del planeta: Estados Unidos de Norteamérica, con apoyo de Reino Unido y Canadá, se dispuso a extender sus dominios creando armas de destrucción masiva.
Una iniciativa de tal naturaleza, además de poner en jaque los sistemas de la democracia, también impacta a nivel político, económico y social. Financiar ese objetivo implica destinar fuertes inversiones que, por caso, van en detrimento de la mayoría de la población.
En ese ideal aspiracional, la cultura norteamericana nunca renuncia a sus principios imperialistas. Por el contario, decidió llevarlos a cabo en una contienda bélica, oportunismo que fue apoyado por los gobiernos pero que, en este caso, dejó muy expuestos a los protagonistas enfocados en la ejecución de la idea.
Robert Oppenheimer (1904-1967) fue un físico teórico superlativo, eminencia en una disciplina que, así como promueve el desarrollo, también está muy vinculada a los peores escenarios de la humanidad. A principios de la década de 1940 lideró un proyecto tan ambicioso como cuestionable: crear la bomba atómica para poder destruir urbes enteras en el menor tiempo posible. Su obsesión por el proyecto lo llevó a traspasar límites que no sólo cuestionaron su reputación sino que también repercutió en su psiquismo.
En algún punto, el film retrata una historia que podría emparentarse con Una mente brillante (Ron Hadward, 2001), sobre la vida del matemático John Nash (Estados Unidos de Norteamérica, 1928-2015) y La teoría del todo (James Marsh, 2014), acerca de la trayectoria humana y profesional del físico inglés Stephen Hawkins (1942-2018). En todos ellos hay un patrón que se repite: la inteligencia prodigiosa, la exactitud de sus formulaciones, la extremada fijación por pensar minuciosamente una idea y finalmente concretarla. También, vale agregar, resulta algo común cierto desborde emocional que incluso los lleva a generarse patologías. Incluso, también haría afinidad temática con el Alan Turing de Código Enigma (2014, Mortem Tyldum)
Oppenheimer tuvo libertad y recursos para trabajar durante algunos años en una revolución científica sin precedentes que impactaría en la geopolítica norteamericana, convirtiendo a su país en esa confusa potencia que se propone garantizar la paz mundial atacando hasta aniquilar a enteras poblaciones.
Las bombas de Hiroshima y Nagasaki pusieron un alto a la vanidad de Oppenheimer. Si alguna vez sintió alivio por culminar su máxima creación en las afueras de Nuevo México, presionado por las autoridades, luego se mostró profundamente arrepentido, llegándole a confesar al Presidente Harry S. Truman que sentía tener las manos manchada con sangre. Inútiles habían sido sus intentos por impedir que se lanzaran bombas en ciudades del continente asiático. Era ingenuo creer que con tanta ingeniería económica destinada al proyecto, la nación más fuerte del planeta fuera a replantearse algo.
Luego de estos episodios, Oppenheimer resultó perseguido por el FBI, que lo acusaba de tener relaciones con comunistas. En 1953, el Presidente Dwight David Eisenhower le pidió la renuncia. Como se negó, fue sometido a un juicio por el cual quedó sobreseído de las acusaciones de traición, aunque se dictaminó que no podía tener acceso a secretos militares.
Finalmente, ya en el gobierno de John F. Kennedy, Oppenheimer logró reconocimientos por su contribución a la física, llegando incluso a dar conferencias en Europa y Asia. Entre esas contribuciones, se destaquen profundas reflexiones sobre la relación entre la política, la ciencia y el Estado.
Hay quienes dicen que, a la luz de posteriores investigaciones sobre el campo gravitacional y las estrellas de neutrones, hubiera sido merecedor del Premio Nobel.
Cuesta dimensionar la valía de un hombre cuyos aportes en el campo de la ciencia fueron en contra de la humanidad. Sin embargo, su ética podría estar a salvo al exteriorizar su arrepentimiento, como parte de una evolución intelectual que le hizo retractarse. Desde entonces, y hasta el final de sus días, su batalla fue hacer frente a los planes militarizados de las potencias contra la población civil.
Toda este recorrido confirma aquello que no necesariamente un progreso para la ciencia lo es también para la humanidad.




























