
‘’UNA MENSAJERA DE LA PAZ , TAMBIÉN PUEDE MOVER EL CULO’’ (Cazzu)
Cazzu pisó el escenario del Teatro de Verano en Montevideo el 10 de octubre de 2025 con un show que trascendió el género urbano para devenir en una apuesta teatral de trap y tango donde cada canción se convirtió en acto y cada movimiento fue una declaración. Llegó con Latinaje bajo el brazo —su cuarto álbum, lanzado el 24 de abril de 2025, que trasciende las etiquetas al presentar un género distinto en cada canción, desde la chacarera hasta el corrido tumbado, del tango al merengue, pasando por la cumbia y el pop latino. Desde ese horizonte mutante, el show fue como una película viviente, una novela sonora desplegándose frente al público uruguayo.
El Teatro de Verano se vistió con telas oscuras que contrastaban con luces ámbar, rojas y doradas. La escenografía evocaba un boliche antiguo, humilde y arrabalero: una entrada de puertas pesadas, un fondo con acordeón, percusión, teclados, violín, bandoneón, chelo; instrumentos que abrazaban la raíz latinoamericana del proyecto. Un escenario de boliche viejo junto a la unión de percusión, teclados, violonchelo, violín, bandoneón. El aire estaba cargado de tensión buena, esa que despierta expectativa. El primer acto tuvo una impronta suave pero contundente, casi bolero-tango, acompañada por un bailarín en vigilancia permanente. La sensualidad del arrabal respiraba en cada gesto.
El show se dividió en cuatro actos. En el Acto 1, con “Intro”, “Ódiame”, “Sobre mi tumba”, “Me tocó perder” y “Piénsame”, Cazzu abrió con vulnerabilidad dramática. Su voz, más susurrada que dominante, parecía invocar el duelo, el amor roto, el deseo reclamado. En esa secuencia inicial el público quedó atrapado, esperando hacia dónde giraría la noche.
En el Acto 2 la intensidad creció: “Mala Suerte”, “Engreído”, “Dolce”, “Jefa”, “Nena Trampa”, “Mucha Data”, “Brinca”, “Miedo”, “Toda/Loca”, “Ahora” y “Que Disparen”. Aquí apareció la Cazzu performática: coreografías, visuales en movimiento, cambio de escenografía, vestuario más explosivo. El tránsito fue de lo romántico a lo corporal, de lo íntimo a lo visceral, del arrabal al club. La mezcla de géneros se sintió: trap con matices latinos, bordes de salsa, pasajes de bolero y hasta guiños tangueros. En ese acto la energía subía de a poco, hubo momentos muy animales y viscerales.
El Acto 3 fue el momento de raíces, de identidad cultural y de homenaje. Canciones como “La Cueva”, “Inti”, “Pobrecito mi patrón”, más el cover “Quién va a cantar” de Rubén Rada, y “Una loca enamorada” hicieron la conexión con Uruguay y con Latinoamérica entera. El público uruguayo recibió con emoción ese guiño local. La presencia de los músicos a la vista, la percusión, la trompeta, el diálogo entre escena y música, subiendo el volumen emocional hasta redondear un pasaje que reivindicaba la tierra, el mestizaje y la memoria musical compartida. En ese tramo Cazzu habló con el público, impulsó reflexiones sobre el amor, sobre la humanidad que debe actuar con más ternura. Fue una pausa discursiva que no rompió la dramaturgia, sino que la engrandeció.
En el Acto 4, con “Peliculeo”, “Nada”, “Tú y tú”, “Con otra” y “Menú degustación”, cerró la noche con pop urbano, sensualidad y desenfado. “Con otra” —tema de gran impacto y éxito comercial— llegó como cumbia con influencias latinas, y puso en primer plano que Cazzu ya no es solo trapera: es artista multifacética que puede transitar universos sonoros con naturalidad. El final con “Menú degustación” dejó al público con la sensación de haber probado, degustado, sido parte de algo variado, rico y ambicioso.
El show no habría sido igual sin los bailarines que la acompañaron permanentemente y sin los músicos que tejieron las texturas musicales en escena. Cada pasaje coreográfico fue pensado, cada pausa dramática, cada respiración conjunta entre voz y banda. La puesta mantuvo siempre un hilo narrativo, el de una mujer que se reconoce en el amor, en el dolor, en la tierra, que invoca al público a amar más, a sentir más colectivamente.
La musicalidad de Latinaje sirve como columna vertebral de todo esto: el disco es un proyecto ambicioso que explora la identidad latinoamericana mediante géneros diversos. En Latinaje, Cazzu deja atrás el corset exclusivo del trap y abraza una estética mestiza: la chacarera, la bachata, la cumbia, el tango, el corrido, el merengue, el pop latino, la balada. En entrevistas recientes, Cazzu ha dicho que este álbum es el más íntimo de su carrera: una obra que expone raíces jujeñas, una exploración de identidad, un puente entre lo urbano y lo ancestral. Su canción “Ódiame” retoma el tango moderno, mientras “Dolce” introduce el corrido tumbado; “Con otra” celebra la cumbia; “Inti” es carta de amor personal. Esa pluralidad sonora refrenda lo que viviste en escena: una Cazzu que no renuncia al pasado, pero que construye un futuro híbrido.
La noche cerró con el público puesto de pie, vibrando con el eco de los últimos acordes, con la certeza de haber sido testigo de la transformación de una artista. Cazzu no vino a repetir fórmulas: vino a narrar, a convocar, a habitar espacios del alma que el trap puro no alcanzaba. En su nueva etapa, ella es la jefa de un trap expandido, una voz que reclama humanidad y canta con raíces.
SETLIST:
Ódiame
Sobre mi tumba
Me tocó perder
Piénsame
Mala Suerte
Engreído
Dolce
Jefa
Nena Trampa
Mucha Data
Brinca
Miedo
Toda Loca
Ahora
Que Disparen
La Cueva
Pobrecito mi patrón
Cover: Quién va a cantar (Rubén Rada) /
Una loca enamorada
Peliculeo
Nada
Tú y tú
Con otra
l84Menú degustación















































