
11 de Febrero 2025. 20 horas. Montevideo. Reducto. Club Dryco. Un día antes de subir a la Rueda de Ajustes. La segunda pasada.
Gerardo Nieto levanta su traje con los últimos ajustes, que no se sabe si serán los últimos.
Rosa, Johanna, Agustín, Ruben, Silvana, Soraya, son parte fundamental de lo que el público ve todas las noches. Pero de la parte que no se ve, pero que muestra. El equipo técnico de vestuario.
Cada componente en su lugar, practicando lo que al terminar la primera subida al teatro están trabajando. Es la rueda de ajustes y se van probando cosas en cada tablado. Algunas quedaron y llegaron hasta hoy, otras fueron mutando, otras se descartaron.
Esta noche, en un ensayo general, a puertas cerradas, solo para técnicos y allegados, se ajustará el espectáculo que Parodistas Adam’s, en el 2025 ha dado por nombre “Amores como el nuestro”.
El gimnasio techado, elección ideal para esta etapa suspendida, cubre y resguarda a todos de la lluvia que acaba de empezar.
Los ajustes finales
Suena una de las tantas canciones que acompañan a las coreografías y casi en automático, naturalizado, interiorizado bajo la piel, los bailarines y las bailarinas toman posiciones.
Verónica, la jefa de utileros, dice que está “histérica, con los pelos de punta, que no hay progresivo que le aguante”. Rosa grita desde su máquina de coser “Vero es el alma de la bañadera”.
Contra una de las paredes, en la cancha, están varios de las portadas de los discos de una banda icónica de la música tropical uruguaya, La Karibe. Portadas que se pueden encontrar en la casa de muchas familias del Uruguay y el mundo. El tema es el tamaño, ya que son de 1,80 por 1,80.
Estas seis carátulas son parte de los agregados que han hecho para esta rueda de ajustes.
Los arcos, que en algún momento, han recibido goles de distintos partidos jugados bajo este techo, sirven ahora de percheros gigantes de los trajes que subirán al Ramón Collazo.

Los cantantes ponen a prueba sus voces
“Somebody to love” de Queen es la música elegida para la canción que abre el espectáculo. Una, dos, tres pasadas, las necesarias, para que el ajuste sea perfecto. El canto se interrumpe con la llegada de Martín, arreglador coral del conjunto.
Las pelucas que van a usar prácticamente todos también se ajustan, se le dan puntadas, se cepillan, se ventilan. Ese cuidado especial, el tratamiento necesario está en las manos de Óscar, quien mañana hará los últimos retoques en el teatro.
Mantenimiento, vestuario y utilería que se fue agregando recae en las manos de Elvis, Uriel, Lucas, Laura, Pato, Pantera, Marisa y Vero o “Carlitos”, como dice ella que le dicen.
En la cancha, un living blanco, que forma parte de la escenografía de la parodia Toc Toc sirve para el descanso de componentes y técnicos.
Utilería, mucha utilería, invade, espera, es ubicada estratégicamente hasta que llegue el momento de entrar en escena. Pasan las 9 de la noche y el tema que estaban ajustando está pronto.
En una esquina de la cancha, unas tortas fritas son consumidas por un par de integrantes. Otro pasa con empanadas y un refresco chico.
Se van alimentando junto a espaldares con plumas, galeras, también con plumas, lentejuelas, una escena que se repite en las noches de carnaval. El brillo que espera subir nuevamente -o por primera vez- al Collazo.
El mago de Oz en un sombrero, el Principito en otro. Mocasines fucsia, botas plateadas.
En la cancha Cacho Denis con su celular, que abandona rápidamente para comenzar a probar su traje, Un dragón alado.
Los trajes toman vida, de a poco uno a uno de los componentes se visten con ayuda de las y los asistentes de vestuario.
Mientras no arranca el ensayo general Denis se arrima con su dragón alado, se va ubicando cerca de Gerardo Nieto y se arma una refriega, obviamente en tono de juego.
En devolución, Nieto ama fervientemente al dragón.
Pasada completa. Puesta en escena espectacular. Vuela vestuario, se desata el baile.
Actuación sin pausa, sin cortes, con una energía que el Ramón Collazo estaría orgullosa de recibir. Y esto pasará en poco más de 24 horas. La segunda fecha, de la segunda vuelta del carnaval más largo del mundo.
Ahora, a disfrutar esta actuación, donde unos pocos serán testigos de lo que en un poco más de 24 horas todo el mundo podrá ver.

Algo no planificado
Lo que leyeron anteriormente pensaba quedar ahí, ser una crónica unitaria, pero como pasaron cosas, al momento de retirarse surgió un “si mañana se puede se los acompaña” la respuesta “encantados, como no!”
El día D, de subir al Collazo
Cinco componentes pintados o en proceso de ser pintados. Las rejas que hacen parte de la escenografía de una de las parodias también, recibiendo pintura, pero en aerosol. El olor a pintura inunda el lugar.
Agustín, el director de diseño de vestuario, pega unas impresiones de época, de una época oscura en un traje nuevo. También oscuro, referente a la dictadura, un acierto.En la cancha que ayer era lugar de ensayo, hoy hay fútbol cinco, ya no están los trajes colgados en los arcos, los goles vuelven a entrar. Los utileros y las utileras superan ampliamente en número a las maquilladoras.
La pintura sigue, la utilería se sigue creando. Todo el tiempo se está creando, modificando, alterando, inventando. Magia que subirá al Teatro de Verano.
Una bolsa gigante de guata, lentamente se va convirtiendo en algodón de azúcar, pero de utilería.
Los bailarines ajustan detalles “que cuando tal entre, salí vos” y “que si aquel otro se demora algo, ¡avisale!”
Cinta de papel, o de enmascarar, delimita los pómulos de Rafa, que está siendo maquillado y comienza una nueva etapa de este sinnúmero de engranajes que hacen al show.
Una esponja va aplicando suavemente la base fucsia que lleva cada componente. La estación número uno de maquillaje los prepara.
Quien comanda las esponjas, pinceles y pigmentos es Valeria, que rota con Silvana como en un ballet y en un segundo comienza a colocar piedras, brillos y a ultimar detalles de cada uno.

¿Cuántos huevos enterraste?
Por lo que se escuchó, fueron más de 30. La idea era que esa noche no lloviese. El día anterior fue una Etapa Suspendida, una de las pocas del carnaval. Hoy, los hechizos, las simpatías, los pedidos a Momo fueron escuchados, se subirá al escenario mayor del carnaval.
Gerardo llega con una caja de bombones para Verónica. Los dos se abrazan hasta las lágrimas. El clima es de tensión pero de la buena, la de dejar los sentidos alerta. Muy alerta porque el cuerpo de bailes tiene cinco o seis cambios de vestuario, los cantantes tres o cuatro, todo tiene que ser perfecto.
Se multiplican los utileros, manos, brazos, pies que cargan, mueven y siguen preparando. Son más de 30 en total, vestuario y utilería, maquillaje, asistentes de vestuario. Los componentes, quienes llevan el espectáculo, son 21 en total, más un suplente.
Hay que llegar en hora
Una tarea faraónica es llegar al teatro, se mueven engranajes invisibles, hilos que tejen el entramado que forma parte de la magia, que aparecen ese día, o noche, y que solamente viviendo la experiencia se puede entender, en una mínima parte, de que sucede.
Tan es así que Sebastián, director del conjunto, decide quedar para el final en maquillaje y vestuario. Es uno de los que pone manos extra, tira, empuja, ordena.
Son en estos momentos que se comienza a tomar real conciencia de todo lo que implica mover un conjunto que vuelve luego de 19 años de ausencia en el concurso, pero que nunca se fue del corazón de la gente y este 2025 vino por todo.
Detalles que se siguen ultimando. Sombreros y trajes que siguen sumando detalles. Piedras, brillos, impresiones 3D y muchas cosas más que se ven de cerca, muy de cerca, que pueden ser vistas por la televisión, por los fotógrafos con teleobjetivos o el jurado con los binoculares y que por lo que contó uno de los integrantes, el mismo debería subir al escenario a ver esos detalles.
Alexis, uno de los últimos en pasar por las estaciones de maquillaje es voz cantante, si tiene que bailar baila, pero antes de subir a la bañadera hace una instalación eléctrica en un barco de utilería. Mientras pela cables y pone tornillos, calienta la garganta y repasa la letra.
Mucha merde!
Algunos y algunas hinchas se despiden, ya salen para el teatro. Hinchas de años. De antes y de ahora. Serán los hinchas de siempre.
En el salón donde se están vistiendo los y las últimas componentes suena La Deskarga Prepárate, prepárate, prepárate, prepárate ♫. El ritmo se acelera y comienza todo a caer por sí solo en su lugar, lo que no lo ha hecho aún, lo hará.
Cincuenta minutos separan al grupo para subir al omnibus. Son dos transportes que a las 22 horas tienen que partir rumbo al templo de Momo.
Dos camiones para la utilería
Se agregó un camión más de utilería, se duplicó, se ajustó, se sumó y se nota. Media ahora para partir.
“Diego, veniii”. Martín llama a distintos integrantes para los últimos detalles. Verifica que todo lo dicho ayer sea recordado, que no se les pase nada. Cada uno en su metié hace lo que mejor sabe hacer.
Llega un visitante ilustre, Petru Valensky se arrima al club, como un hincha más a saludar a amigos, a compañeros de tablas y luces.
Último cuarto de hora. Ronda de artistas, ajustes finales, otros que se alistan, otros afuera, hacen chistes, se ríen, cada uno a su manera sublima la ansiedad.
Ese viento fuerte que sopla
El cielo está casi despejado, lo que preocupa es que hay un viento primaveral que sopla fuerte. “Allá en el teatro no se va sentir. Con la reforma que hicieron corta muchísimo”, dice alguien.
El transporte de utileros sale y el viaje es en una sola canción. Los componentes y el camión con utilería llegaron antes, pero todos entran juntos como un grupo, familia, comunión.
En el teatro, las pelucas ya están en el camarín de maquillaje. Los últimos retoques. Boquitas pintadas, barbas y bigotes.
Barbas que no pegan, un hilo blanco que funciona de sujetador, como si fuese el hilo de una careta. Que con un poco de base se disimula, se camufla y ya forma parte de la personificación. Un bigote que fallaba también. Se resuelve de la misma manera. Don Quijote está pronto para subir a las tablas.

Elvis, manos mágicas
Como si fuese Macgyver, con el recurso que tiene ahí, soluciona un problema técnico desarmando su bolso. Con la tapa fabrica una suerte de forro negro para que una luz cumpla su cometido, sea el faro que guía al resto.
La charla final, “vamos arriba, vamos, vamos”. Aplausos que rompen, Martín, guitarra mano da las notas y el arreglo que ayer llevó muchos ajustes lleva solo uno. Está más que pronto.
Los bailarines corren y calientan, ¡falta una valija, la de Gerardo!. Quedó en el club!
Cuando Verónica se enteró que faltaba la valija, se sintió mal. Tan mal que terminó en la ambulancia que está detrás del escenario.
La atienden, llega la valija volando en un taxi, – como el murguista de Jaime Roos – y le avisan que está. La atención de los médicos de urgencia y la adrenalina hace que el cuerpo retome sus funciones. En menos de un minuto ya está con la valija, con Gerardo, en el escenario, preparando los cambios de ropa, que no son pocos.
Los nervios, la emoción y las tarimas en posición, los contrapuntos también, detalles finales, prueba de micro.

Ya del otro lado
Álvaro Recoba, presentador histórico del Templo de Momo, anuncia que hay gente de todos lados, por ejemplo “Graciela se vino de Burkina Faso y está acá”. Paola Bianco agita a la hinchada y se prepara todo, luego de unos consejos comerciales. “Rulemaneees ♫…”
El show se llama “Amores como el nuestro” lo presenta Recoba, se abre el telón y se cae el teatro en una catarata de aplausos.
Toc toc, la parodia, arranca risas y aplausos como era esperado.
En la platea, con una linterna chiquitita, uno de los más reconocidos periodistas especializados en carnaval va tomando apuntes.
La Karibe cierra el espectáculo y no queda una persona en el teatro sentada. La hinchada recibe y devuelve en un solo aplauso lo que vino a buscar.
La historia de una de las bandas más grandes del Uruguay hecha parodia. La Karibe es La Karibe.
Cinco minutos en el reloj que marca la bajada. Una canción final que pone los pelos de punta, una despedida de amor.
El remix final y un “qué excelente!” emitido por este periodista, que le comenta a un colega, también uno de los más renombrados periodistas de carnaval del país, y los dos están de acuerdo, están para la liguilla, y es muy seguro que para el podio.
En el pedregullo
El afloje, el festejo de haber dejado todo, no haber guardado nada.
Señoras y señores, volvieron Los Adam’s y el carnaval más largo del mundo lo sabe.
Seguirán estas crónicas de Momo. Hasta que se apague la última bombita amarilla.





















