
Algo preocupante nos está pasando como sociedad, que estamos perdiendo el vínculo con la palabra para incurrir en acciones violentas, volviéndonos agresivos y autodestructivos en el peor de los escenarios posibles.
El deterioro moral es evidente, pero peor sería quedarse alojados en la queja de quienes se lamentan sin hacer nada para cambiar, convirtiéndose también en parte del problema y no de la solución.
Los discursos de odio han ganado la calle y forman parte de la cotidianeidad.
El vacío existencial se expresa en absurdos fanatismos que marcan el pulso de los estados de ánimo.
La angustia lleva a trastornos de ansiedad, ataques de pánico o cuadros depresivos, que enferman a las personas al punto tal de que en algunos casos llegan al suicidio.
El mundo exitista, urgente y apremiante, no da tregua.
Asfixia con sus demandas, no da lugar al ocio y explota a trabajadores que para sobrevivir no tienen prácticamente margen para los placeres.
Estamos cada vez más solos y separados por un móvil para unirnos a comunidades virtuales, en las cuales la conectividad ha reemplazado a la experiencia del encuentro.
Necesitamos entender qué sucede.
Calmarnos ante las adversidades.
Dar lugar al dolor como una instancia de transformación y no de permanencia.
Decir quiénes somos, qué soñamos y para qué estamos en la vida.
Aprender a amar, respetar y dejar ir.
Nos urge reflexionar para conocernos en esencia.
La genuina alegría y el bienestar colectivo se imponen como derechos a conquistar, defender y expandir en cada día.
Sólo así, la filosofía tendrá sentido.
Dentro y fuera de las instituciones.
Mucho más allá de sus autores y teorías.
Bien cerca de las problemáticas inmediatamente de fondo.
Y mucho más acá de aquellos deseos llamados a crecer como personas.
A principios de siglo, la UNESCO estableció que el tercer jueves de cada año sea el Día Mundial de la Filosofía. El principal argumento gira en torno a que con ella se favorece la paz y la integración de los pueblos.
No hay que hacer oídos sordo ni mirar para otro lado.
Si somos una vez en la vida, todavía deberíamos estar a tiempo de escucharnos interiormente.













































