
En el amanecer del día siguiente, como un abrazo a la solidaridad recibida comparto un texto que leí al conmemorarse un año de la identificación de los restos de Eduardo Bleier, el demócrata revolucionario cuya eticidad recuperó la lucha.
El “iortzait”, es una conmemoración religiosa judía que se celebra al año de la muerte, se desenvuelve no como un mandamiento, sino como la descripción de un sentimiento instintivo de tristeza…
Aquí, al modo judeo bolchevique que le era propio, se trata de trocar tristeza por la celebración de una resurrección: la de su eticidad humanista radical sabiamente rebelde. Llevaba en sí el acumulado cultural de todas las revoluciones liberadoras…
El texto contiene, en la forma de un salmo, motivos del trovador canadiense Leonard Cohen:
“El dolor no puede comprometer a esta luz.
Labrada ella como dignidad de lo Justo.
Ni a la ira o la tristeza de los días que regresan a ti…
En las manos que te recrean, en el tesón de los que te encontraron,
“que se alzan ante ti, desde el llanto que te fue llorado”,
y desde la franca risa que te fue recuperada
como lo más puro de ti: vitalidad que regenera vida.
La iluminación de tus huesos,
la verdad la resurrección de tu espíritu,
la generosidad:
esa ética de la entrega desinteresada del tiempo propio
para expandir la libertad y la igualdad como un bien común.
El dolor no puede comprometer a esta luz.
Así tus pasos entre nosotros, el contenido de tu ser:
La verdad fue, es y sigue siendo revolucionaria”.
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