
Eso. Se emocionaron. Hicieron felices a una turma que las sigue y admira. Eso tiene un valor intangible. Por ellas, por la gente y lo todo lo que representan.
Después de la postergación del show por una semana, del 4/06 al 10/6, tenían a La Trastienda a su merced. Toda la fauna esperaba lamiéndose las heridas. Afuera, en la calle el clima casi a cero. Adentro, un público fiel y consecuente, esperaba oír sus canciones. La manada predispuesta, contra viento y marea. Voces en off, efectos lumínicos cayendo sobre una escenografía divina (torres de edificios de diferentes tamaños con cientos de ventanas abiertas ocupando el ancho del escenario).
La banda armada con los teclados y la voz de Chane Pérez a la izquierda. Julia Guerriero machacando los parches. Camila Rodríguez en voz y guitarra. Isabel Palomeque en bajo-coros, y Camila Bustillo en la viola y voz. Niña Lobo dejó en claro desde sus comienzos en el 2018-19 que, al influjo de sus guitarras rasgadas de sonido espacial y fluctuante, era el sendero por el cual querían transitar.
Desde aquellos primeros pasos en su recorrido fueron acumulando premios y menciones. Se les abrieron puertas, sumaron público y buenas críticas. Hoy se nota el crecimiento. Como instrumentistas, como compositoras. Llegaron a La Trastienda para cosechar los frutos. Transparentes, sin ocultar nervios y emotividad, fueron generando, tema a tema y en el transcurso de la noche, el clima propicio para que su gente disfrutara.
En las canciones del nuevo disco los teclados y las voces crecieron. Ellas crecieron, y van por más. La estética y su forma de decir están definidas.
Las letras en primera persona son el hilo conductor y durante todo el show navegaron en su ola dark e introspectiva. Seguras, tras el rumbo de “SU” noche.
Tocaron todo el disco “Lo que duró la vida de alguien” y pintó una pausa de diez minutos “Y volvemos con los temas viejos…” (¡¡¡ dos o tres años Niña Lobo !!!, ¿viejos?). Pero esa es la impronta de su fuerza, el empuje que corre por sus venas. Hoy es Ayer. Las/os fans gritaron el nombre de su “Niña Lobo” favorita. Llovieron los… “Te amo: Juli/Cami´s/Isa/Chane”. Llovieron respuestas: “I konw”. Invitados de lujo que sumaron un montón a la cacería: Guille Berta en guitarra, Papina de Palma (crack, terrible voz), Ernesto Tabárez (capo) con toda su fuerza, incitando naturalmente al pogo.
Son una banda, ni más ni menos que eso. Una banda tras un objetivo, un sueño. Viajando libres en este tiempo. Aprovechando este tiempo. Haciendo carretera. Todos disfrutaron con el ida y vuelta. Tienen todo para ganar, para crecer, en el ataque de las violas rasgadas, en el beat del bombo (hablando de como sonaron en vivo). Fue indudable el laburo en la preparación del toque, pensado como un todo: escenografía, puesta, luces (mil aplausos por todo el show), vestimenta… y la gente!
Todo listo, en procura de más corderos.
Salú.
fino.
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