
23 Mar 2017
Montevideo me re parió hace veintiún años: nací azul y en silencio. Sin embargo, todo lo que tiene que ver con el principio se sitúa en una calle con nombre de viento del manso solymar (el color y la aparente calma del primer día, insisten). Años después, me recibe el buceo, los semáforos, el umbé, el disco todo a 10; una calle entre dos calles que ya no se nombran tal y como son llamadas por los vecinos. Más tarde, carrasco y el norte; el silencio versus los bondis eternos; el patio verde. Hasta entonces, montevideo era para mí un montón de contenedores desbordados y su jodido ruido a motor. Con el tiempo, giannasttasio se disuelve porfiada en avenida italia (lo más cercano a tener raíces). Yo soy, para entonces, una persona civilizada. La ciudad, una casa que no se conserva.
Pero todo comienza antes: explorando por primera vez alguna imagen de la que nunca he podido hablar u olvidando el significado de una palabra, antes, por demás conocida. Nada puedo hacer con la claridad de las cosas. Por el contrario: cuando reconozco al mundo todo, todo desaparece. ¿Cómo es que, habiendo tantos modos de capturarlo, sigue éste teniendo tan poco sentido? De ahí parto, de saber que este espacio es más el rincón que ocupo -y que no me dejo contemplar- que todo el resto sobrante. Y si es que la poesía es algo, será una laguna, un punto ciego, “una bomba/ que no va a explotar/ ahora/ ni va a explotar/ mañana/ sino el día/en que ya no espere nada”1; un hueco irrefrenable que solo es posible de ser habitado por otro distinto. El día que de ésta digamos todo, agur!
1 Fragmento de “La mochila” de Nerina Álvarez Durán (en El efecto es malísimo).
Estudio psicología en la Udelar.
Participo de la antología En el camino de los perros desde 2015
Esto no es un blog: ribolucusario.blogspot.com
El resto del tiempo: la vida.
Inversamente proporcional
si nos cambiáramos de lugar las piezas
si nos desordenáramos de lugar los dientes
-como rebobinando el tiempo-
y pudiésemos descuartizar la carne
-las palabras-
con la primera fila de soldados
no esperar a que el impulso parta
de un montón de cuerpos mutilados
de la supervivencia como laboratorio
para que nos deslicemos seguros
a los ojos cíclicos del frente alterno
si recostáramos la masa cruda
no como un cuerpo entero
sí como un puzle de piedras filosas
que se va tajando mientras camina
o se a r r a s t r a
o se
des
mo
ro
n
a
y llenáramos de manos
-amputadas y sedientas de un tronco vivo-
el suelo esmerilado o blando o transparente
donde nos vamos derritiendo inválidos
y nos dejáramos escindir por ellas
–esa era la palabra-
en posturas y ojos que se resguardaban
dentro de
y de [cubículos que fueron
y de bautizados en otro idioma]
no seríamos los mismos
no estaríamos acá diciendo
estaríamos seguros
de habernos encontrado
durante el apagón

































