
Don Osvaldo volvió a Uruguay, esta vez, al Prado con 29 canciones entre su repertorio y el de Callejeros. La Catalina abrió una noche de sonido espectacular y pogo intenso.
Frente al escenario, las banderas de siempre acompañaron el encuentro.
La convocatoria marcaba apertura de puertas a las siete de la tarde y comienzo del show a las nueve. Pero en la Rural del Prado hubo que esperar bastante más; el arranque llegó cerca de las diez menos cuarto. Mientras tanto, Los Redondos musicalizaron la previa desde las consolas y el público hizo su parte. Se cantó y se agitaron esos himnos como corresponde, con unas cuantas gargantas entrando en calor antes de que hubiera músicos sobre el escenario.
En las pantallas, Piano Piano repasaba su agenda de eventos, allí aparecían en distinto escenarios de Montevideo: La Kermesse, El Cuarteto de Nos, Dillom, No Te Va Gustar, El Plan de la Mariposa, La Vela Puerca y el Cosquín Rock Uruguay, entre otras propuestas. Un año intenso para la productora, que viene apostando fuerte a la organización de eventos super convocantes.
EL sábado 25 toco el prado; La Rural se presta para este tipo de recitales. Un espacio amplio, con una buena plaza de comidas a un costado y lugar para acercarse al movimiento o escuchar desde un poco más atrás. El suelo estaba cubierto con baldosas plásticas de encastre, una precaución para evitar el barro si aparecía la lluvia. Esta vez el tiempo acompañó. No llovió, un dato nada menor después de varios días de lluvias intermitentes.
Frente al escenario, las banderas de Peñarol y Nacional compartían lugar con la de Palestina, alguna de Argentina y la siempre presente de Cardona, esta vez en una versión renovada. Esta última es de Maxi Santos, un joven al que ya hemos mencionado en otras crónicas. El crack no se pierde un recital y su bandera ya es una marca registrada en nuestras coberturas. Ahí estaba otra vez, en esa parte central del público donde el calor humano se siente mucho más y, cuando llegan los clásicos, el pogo se pone intenso.
El Show arrancó con Agarrate Catalina y “La violencia”, enlazada con “Mis latidos”. Murga y rock para abrir un recorrido de 29 canciones entre el repertorio de Don Osvaldo y el de Callejeros. La presencia de La Catalina le dio al comienzo una marca de acá, antes de meternos de lleno en las canciones de Pato Fontanet y compañía.
“El reto”, “Barrilete” y “Otro viento mejor” ocuparon los primeros lugares. Después llegaron “Feliz y seguro”, “Rotos y descosidos” y “Los invisibles”. Con “Parte menor” y “La llave”, la noche siguió recorriendo distintas etapas de una historia musical que tiene continuidad en la voz de Fontanet y en quienes la acompañan desde abajo.
El sonido fue espectacular, permitió disfrutar del toque y detenerse en lo que hace cada instrumento. Las pantallas, las luces y la escenografía completaron una puesta maravillosa. Había para escuchar y también para mirar, incluso desde los sectores más alejados del movimiento frente al escenario.
“Lo que se dice y lo que se hace” dio paso a “Una nueva noche fría”. Siguieron “Imposible”, “Algo peor, algo mejor” y “Acordate”. En el centro del público, los clásicos encontraban su respuesta entre saltos, canciones y un pogo que se ponía intenso. Las banderas seguían marcando su lugar, aunque abajo nadie se quedara demasiado quieto.
También hubo homenajes al Indio Solari y al Negro Rada, reflejados en las pantallas. La música de Los Redondos, que había acompañado la espera, tuvo así otra presencia durante el recital. Pato, por su parte, volvió a poner en palabras un reclamo que sigue vigente: “Seguimos pidiendo justicia por las víctimas de Cromañón”.
El recorrido continuó con “Ilusión”, “Más allá”, “Si me cansé”, “O no” y “9 de julio”. La lista cruzaba canciones de distintas épocas, sin necesidad de detenerse a explicar de qué disco venía cada una. Desde abajo se las reconocía y se las cantaba.
“Tan perfecto que asusta”, “Dos secas”, “Armar de nuevo” y “Misterios” llevaron la noche hacia su último tramo. Todavía quedaban “Sé que no sé”, “Tanto de todo” y “El nudo”, antes de entrar en las tres finales: “Prohibido”, “Creo” y “Suerte”. La Catalina también acompañó las últimas canciones, compartiendo nuevamente el escenario con Don Osvaldo. Pato le dedicó una mención especial y al terminar, banda y murga se abrazaron para despedirse del público.
Con “Suerte” se cerró el recorrido. Había costado que empezara, pero el Prado tuvo sus 29 canciones, un sonido espectacular y una puesta que acompañó de principio a fin. Y la lluvia, que venía apareciendo casi todos los días, esta vez dejó escuchar.