
En Adorador, su segundo disco solista, Luis Angelero transforma la oscuridad en materia sonora. Entre guitarras, distorsiones, silbidos y geografías montevideanas, el músico construye un álbum que no busca respuestas sino una voz propia. Después de Boomerang, su incorporación al Cuarteto de Nos y de sus múltiples colaboraciones, Angelero parece haber entendido que crear también es aprender a no apurarse.
La noche no siempre ocurre cuando se oculta el sol, a veces empieza bastante antes, en algún lugar debajo de la piel, como una habitación a la que uno entra sin saber demasiado bien por qué. Puede tener forma de canción, de recuerdo, de una calle conocida, de una conversación que quedó flotando, de una pena que todavía no encontró las palabras exactas para decirse.
En Adorador, el segundo disco solista de Luis Angelero, la noche aparece precisamente así. No es la noche de la celebración ni la del ruido de una ciudad que todavía no quiere dormir. Es otra cosa. Una noche azul, nublada, introspectiva. Una noche de tránsito, de soledad, de túneles y terminales, de personas que se cruzan sin llegar necesariamente a encontrarse.
El disco llega después de Lejos, publicado en 2021, y de una trayectoria que en estos últimos años llevó a Angelero por diferentes territorios: desde Boomerang hasta su incorporación como integrante estable del Cuarteto de Nos, pasando por trabajos y colaboraciones con músicos y proyectos diversos. En ese recorrido también aparecen Suma Camerata y una cantidad de experiencias que, más que funcionar como una colección de influencias visibles, parecen haber ido depositando capas en su manera de escuchar y construir música.
Pero Adorador no parece querer demostrar nada de todo eso. Más bien parece querer despojarse.
El proyecto nació desde una estructura pequeña. Un power trío. Una guitarra, un bajo, una batería y una voz. Después aparecen otras cosas: sintetizadores, percusiones, ruidos, capas, sonidos que parecen venir de algún lugar entre la ciencia ficción y una ciudad reconocible. Angelero cuenta que muchas de esas capas están pensadas para aparecer lentamente, como sucede con ciertas películas que revelan algo diferente cada vez que se vuelven a mirar.
Primero está la canción. Después, si uno permanece, aparecen las sombras.
“Que los elementos más significativos fueran los que están bien presentes”, explica en la entrevista. La idea era que el disco pudiera sentirse minimalista en una primera escucha y que, con el tiempo, revelara aquello que permanecía escondido.
Es una manera interesante de entender la música en un tiempo que parece exigir exactamente lo contrario.
Todo debe aparecer rápido. Todo debe ser inmediato. Todo debe ser explicado, compartido, convertido en contenido. El algoritmo decide qué escuchar después. Las redes dicen qué pensar, cómo vivir, cómo comer, cómo descansar, cómo ser productivo. La música tampoco queda fuera de esa lógica.
Angelero parece querer escapar pero no necesariamente apagando el mundo, sino buscando sonidos que el mundo todavía no le haya recomendado.
Escucha música camboyana, músicos africanos, sonidos marroquíes, artistas de geografías alejadas de su universo cotidiano. No busca necesariamente una influencia concreta. Busca sonoridades. Busca aquello que pueda sacarlo de los cuatro acordes conocidos, de las referencias demasiado evidentes, del círculo cerrado que los algoritmos construyen alrededor de cada escucha.
En esa búsqueda hay también una idea política, aunque Angelero no la formule necesariamente en esos términos: la curiosidad como método porque escuchar algo que no se parece a lo que ya conocemos también puede ser una manera de salir de nosotros mismos.
Existe una geografía extranjera en el proceso creativo de Angelero, también existe una profundamente local.
Montevideo aparece sin necesidad de ser nombrada todo el tiempo.
Está en Tres Cruces. En sus túneles. En la terminal. En las calles que rodean el movimiento permanente de los ómnibus. En esa zona extraña donde conviven el tránsito y el encierro, el movimiento y la espera.
“XXX”, uno de los temas del disco, nace justamente de allí.
Angelero vivió durante años cerca de Tres Cruces y la canción se construye alrededor de una situación casi cinematográfica: alguien que trabaja en la terminal, que ve a otra persona, que imagina un encuentro que nunca sucede. La historia queda suspendida, como quedan suspendidas tantas historias anónimas en una ciudad.
Tres Cruces se vuelve entonces mucho más que una dirección y quizás ahí también se encuentre una de las claves de Adorador: esa tensión entre querer irse y permanecer.
Adorador tiene una sensación muy marcada de estar hecho para ser tocado. ¿Qué buscabas cuando decidiste llevar el proyecto hacia el formato de power trío?
Luis Angelero: “Estaba en un proyecto como líder, o sea, líder no, voz principal. Y ahí fue una búsqueda un poco más pop, si bien tiene algunas cosas más crudas y hechas en vivo. Y bueno, tampoco tenía una banda armada.
Era un grupo que en ese momento era batería y guitarra más o menos. Pero ahora se armó como power trío. Entonces tratamos de capturar esa esencia de tocar en vivo. También he pasado por muchos proyectos que me gustan y busco una crudeza distinta, tanto al sonido como a la propuesta en vivo.
Es un disco bastante en vivo, si bien no logramos hacer todo en vivo. Hay varias partes que sí, cuidando los errores, justamente cuidándolos y no corrigiéndolos”.
¿Y cuándo apareció esa sensación nocturna que atraviesa el disco?
Luis Angelero: “A mí lo oscuro me es muy atractivo. No sé si tiene algunas cosas de luz, algunos temas, pero al escucharlo lo siento nocturno. Es un disco de noche, pero de una noche distinta. Nocturno de al revés. De soledad en las calles. También me gusta pensarlo en colores.
Soy muy de las imágenes. Y siempre, para hablar de esas canciones, soy muy de irme como al cine. Entonces me llevo por ese lado.
También porque es un disco que, si bien tiene muchos elementos y capas, la idea era que a la escucha fuera bastante más minimalista. Que los elementos más significativos fueran los que están bien presentes. Y frente a una segunda o tercera escucha, ojalá alguien lo escuche más de una vez, vaya descubriendo esas capas”.
En tu música aparecen distintas formas de oscuridad, pero también una cierta melancolía que parece muy uruguaya. ¿Te reconocés ahí?
Luis Angelero: “Totalmente. Yo soy fiel a eso y también a las emociones, a lo que sea que siento. No lo escondo. Pero para mí no puede estar en un punto medio, o estás maníaco o estás depresivo.
Me parece que es algo que estoy trabajando en mí. A veces cuando te pasan cosas, en relaciones humanas o en lo que sea, lo primero que tendemos a hacer es echarle la culpa al entorno, al otro. Y me parece que no.
Tampoco echarse la culpa a uno y pegarse con un látigo, pero hay que sacarse a uno mismo de las situaciones. No esperar mucho del contexto ni de nadie, más que de las cosas que uno puede controlar.
Y también, ahora que decías lo de Uruguay y Montevideo, a mí me encanta hacer cosas que geográficamente, lo más que se pueda, suenen a Montevideo sin forzarlo”-
¿Cómo entra Montevideo en tu música sin convertirse en una decisión artificial?
Luis Angelero: “Tengo mucho metido en la milonga, más que nada, o las cosas más relacionadas al tango. Yo no sé tocar tango, por supuesto, sin atrevimiento de decirlo, pero escucho mucho.
Yo creo que la música también la escucho desde un lado como si fuera alimento. Me gusta que lleven su proceso adentro mío y que salga de una manera más inconsciente a la hora de hacerlo.
Y volviendo a Montevideo, los videos son eso. Buscamos mostrar con belleza la diferencia de Montevideo que tiene, que también tiene su belleza, mostrar esos dos mundos de esa manera”.
“Tres Cruces” parece condensar mucho de eso. ¿Qué significa para vos esa zona?
Luis Angelero: “Viví mucho tiempo por ahí. Incluso vivía cuando yo vivía en Presidente Oribe de Octubre. Para mí es una zona muy significativa de mi vida.
El tema tiene una cosa sensual, más que sexy. Es una situación de ir a buscar a alguien y nunca lo hace.
Yo me inspiré un poco en una situación así, como alguien que está ahí barriendo o teniendo un laburo ahí en la terminal, que está como medio encerrado, como que no puede salir hasta que termine el turno, y ve a una persona. La ve y todo eso, pero nunca se termina.
Y eso también, un poco geográficamente, para mí es muy importante. No es que sea una obligación, pero me parece que es importante definir geográficamente tu música”.
Tres Cruces tiene además una metáfora bastante fuerte: túnel, tránsito, personas que llegan y se van, pero también cierto encierro.
Luis Angelero: “Totalmente. Yo viví frente a la boca del túnel. Incluso me acuerdo cuando era chico que una vuelta estuvo cerrado el túnel, con unas reformas.
Y también Tres Cruces tiene eso de que estás todo el tiempo en un tránsito, pero no en la escuela. Hay un submundo también”.
En tu música también aparece una relación fuerte con letras y sonoridades rioplatenses, aunque no necesariamente desde una forma tradicional.
Luis Angelero: “Yo ahora estoy escuchando bastante por acá, por todo el disco, y a mis hijos les inculco un poco eso. Hay letras increíbles. Y eso también es un poco buscarle esa parte, esa belleza que a la vista no ves.
Yo a veces me pongo a tararear canciones del estilo, y después me pongo a pensar que son letras complicadísimas, que uno dice: “Ah, ¡Cuánto se dice!”. Y no sé si estamos del todo conscientes”.
¿Sentís que tu escritura fue cambiando?
Luis Angelero: “Sí. En mi segundo disco creo que tuve un crecimiento musical y lírico respecto del disco anterior. Eso ya es un montón. También pasa el tiempo.
Yo saqué el primer disco en 2021 y en el medio saqué unos singles. Los tenía apurados, pensando que eso ya era mi segundo disco y fue de movilidad. Nunca pude quedar tranquilo. Y ahí empecé a trabajar en lo que iba a ser este segundo disco. Creo que fue una buena decisión.
Me gusta mezclar un poco de eso, más también imágenes. Yo no soy muy de contar historias. Puede ser un poco abstracto, pero me gustan más que nada las imágenes.
Y lo que me pasa es que construyo más que nada… No es que musicalice una poesía. A veces son cosas que surgen como medio del momento. Y a veces sacrifico tal vez el sentido por la sonoridad, por si era algo que me gustaba”.
¿Cuánto influyó en tu manera de ver la música formar parte del Cuarteto de Nos y trabajar con otros proyectos?
Luis Angelero: “En el mundo más compositivo, la verdad que no tanto. Más la perseverancia, no sé, más del espíritu.
También es gente que yo admiraba de muy chico y que por momentos es medio surreal para mí. Yo Cuarteto lo escuchaba cuando tenía nueve años, entonces ahora estar ahí compartiendo con ellos es como muy loco.
Soy muy admirador también de la composición de Cuarteto, de Juan (Casanova), de Luciano (Supervielle), con la que he aprendido un montón. Pero también he aprendido de proyectos anteriores. Todo deja algo, lo malo y lo bueno.
Para mí es eso de la perseverancia, de seguir, de armar planes nuevos. Gente que hace muchos años está en la música”.
Y también aparece una idea de humildad.
Luis Angelero: “Sí. Me pasa que todos tuvimos nuestras épocas de quejosos. Eso te hace aprender a cerrar un poco el pico, ser más humilde, decir: no me querés con nada, las cosas son como son, hay que seguir.
A veces lo admito porque he pasado por etapas así. Pero nada, eso: la continuidad. Hablar menos y hacer más.
Eso es un gran aprendizaje de vida”.
¿Qué lugar ocupa para vos la búsqueda de una voz propia?
Luis Angelero: “Para mí la búsqueda de eso, de tu voz, es todo.
Siempre se va a parecer a algo. No importa. Si fueras tan original es más complicado porque nadie sabe qué estás haciendo.
Es por asociación con muchas músicas, obviamente. Como algo rockero con esto, con lo otro. No importa que sea como Tokio, allá hay varios elementos. Siempre lo más que se pueda y es más creativo”.
También buscás música en lugares bastante alejados de tu universo habitual.
Luis Angelero: “Sí. Buscando distintas músicas, lugares más remotos o músicas bastante solo para tomarla porque la verdad que es súper complejo, súper rústico, pero lo tienen tan metido.
Eso no sé de dónde me llegó. Me apareció en YouTube.
Siempre que busco música nueva hay cosas que las escucho a veces por obligación, porque tienen una sonoridad distinta también.
Creo que la sonoridad es lo que más me interesa, más que las notas en sí”-
¿Es una forma de escaparle al algoritmo?
Luis Angelero: “Sí. Creo que está bueno salir un poco de la música que te recomienda el algoritmo. Porque no salís del círculo, estás siempre ahí”.
Hay algo muy fuerte en tu relación con la música como memoria. ¿Qué te pasa cuando volvés a escuchar algo que escuchabas hace muchos años?
Luis Angelero: “Me voy directo a ese momento y hasta vuelvo a conectar con eso, obviamente desde otro lugar y otra óptica.
La música tiene una cosa que te lleva. Es como si viajaras un poco. Es como viajar a esa persona que fuiste, no sos más, pero que hay puntos de conexión.
Y no sos más, pero también es como verla ajena, medio de lejos, pero seguís siendo el mismo.
Con una cierta… Nada, en realidad solo pasó el tiempo.
La esencia está ahí. Y hay mucha información ahí también”.
¿Qué significa para vos recuperar el juego en la música?
Luis Angelero: “Está bueno mantener un poco las ganas de jugar. Es una de las cosas que a veces he perdido y he tratado de recuperar, y la recuperé.
Es como hacerlo cuando lo empecé a hacer. Sin ningún tipo de espectáculo. Solo por hacerlo.
Y creo que eso al final te va a dar mejores resultados porque transmitís algo que es menos pensado.
Lo pensado ya está. Estamos llenos de cosas pensadas, rodeados por demasiada información. Estamos rodeados de gurúes por todos lados que nos dicen lo que tenemos que hacer”.
Y mientras tanto también hay algo que está pasando por fuera de esos algoritmos: músicos compartiendo fechas, intercambiando escenarios, ayudándose.
Luis Angelero: “Sí. Nosotros vamos a Argentina. Ya es como el quinto año consecutivo que vamos. Empezamos de a poquito, como todo. Ahora ya estamos yendo a banda entera.
Vamos a estar tocando en Buenos Aires, en La Plata y en Morón. Tenemos gente amiga allá que siempre nos lleva, nos hospeda, nos cuida.
Nos hemos hecho buenas migas también con gente de La Plata. Gente hermosa y que siempre está para dar una mano.
Y bueno, nosotros acá también hacemos lo que está a nuestro alcance”.

Parece estar creciendo un intercambio interesante entre escenas independientes de Uruguay y Argentina.
Luis Angelero: “Sí, está buenísimo. A nosotros, que somos el hermano chico, nos recontra sirve. A ellos les gusta, vienen. Les gusta venir a Uruguay, la verdad que sí.
Son proyectos más under, más intercambios. Estamos un poco en un mismo barco, o puede ser un barco con muchos botes, pero siempre está como lo mismo.
Y está bueno colaborar y hacer las cosas por cariño y no tanto por interés. La amistad y eso, la verdad que está buenísimo”.
En un momento donde parece existir una sensación general de que todo está llegando a algún tipo de final, ¿la colaboración también puede ser una manera de resistir?
Luis Angelero: “Creo que es un período donde, como todos sentimos esa idea apocalíptica, que puede ser simplemente una sensación, la gente está colaborando más.
Por lo menos es como que le hacés un poquito de pelea al otro mundo. Al mundo despiadado y calculador y todo eso.
Las generalizaciones probablemente son bravas, pero está bueno hacerlo. Lo más importante es ir y hacer”.
¿Y cómo estás pensando la presentación de Adorador?
Luis Angelero: “No me quiero apurar en presentar el disco este año. Quiero que circule el disco y después haremos la presentación.
Me encanta presentar el disco, pero me encanta también armar un show para la presentación que después lo pueda seguir haciendo.
Con experiencias anteriores, con otras bandas o lo que sea, a veces preparás un disco, preparás un disco, y si mi único show va a ser de esa manera, a mí no tiene mucho sentido.
Entonces, lo que estoy pensando es no hacer una presentación que sea solo para ese día, sino que sea como un comienzo.
La idea es preparar el mundo de las luces, de todo eso, pero hacer algo que puedas volver a repetir.
El disco, la verdad, ya lo estamos tocando. Estamos tocando cinco temas. Lo estamos retocando porque nos gusta y porque no nos lo vamos a guardar”.
Hay una frase que aparece varias veces durante la conversación: no apurarse.
Luis Angelero: “Está bueno no urgir las cosas.
En tiempos donde la urgencia es como lo normal, ir a contramano de eso.
Hay un montón de cosas. Tenemos dos videos más para sacar, tenemos otra gira que vamos a hacer. Por suerte hay muchas cosas.
Lo que está bueno es organizar, organizadamente hacerlo de la mejor manera posible.
Está bueno que decante, que se escuche bien el disco y ver qué onda.
También adaptado al proyecto de lo que es. No siguiendo reglas o ejemplos ajenos, sino ver analíticamente de la mejor manera tu proyecto, tus metas, a dónde estás parado y actuar en base a eso.
También eso es muy importante: hacer las cosas a la medida.
Y lo que uno quiera comunicar también. No sentirse forzado a comunicar algo por un calendario.
Nada de eso. Forzado mejor no. No es lo que quiero, Sale mal”.
Para escuchar el nuevo disco de Luis Angelero y darnos el tiempo de disfrutarlo, lo pueden encontrar en diferentes plataformas, y si quieren cruzar el charco para verlo en vivo este mes, aquí están las fechas.