
1.
¿Dónde dormitan las palabras cuando la voz enmudece? ¿Hay algún apelativo que pueda describirlas en su sueño encapsulado? ¿Entre el apareamiento de sombras inquisitoriales, y el llamado despeñado de las luces? Es el texto la vitualla de todo lo lejano, extraviado en sus viajes de preguntas. En sus valles de encadenados rituales y maledicentes exabruptos. En qué capítulo del “Planeta de los Simios”, perdimos nuestras rúbricas. Las constelaciones que nos iluminaban a través de los universos de Ofelia, de los mutantes replicando sus plegarias bajo lloviznas de estrellas, oliendo fritos olores de los pistilos exhaustos. De las ramas derivadas en aserradas páginas del árbol proscripto. Del panegírico que la tarde establece cuando el agua se hunde y huye, y el horizonte capitula sus fronteras.
2.
Si el silencio fuera la verdadera enunciación del tiempo, el silencio que no es tal y se torna ruido, farándula, onda conspirativa que diluye toda la orquestación del miedo. Si la palabra es el territorio y no el paisaje de una ciudad esclava. El océano y no la fragata o el ariete del velamen, ni el remo redentor o el ancla sufrida en su espejo de cielo. Si la voz trepa como un incunable archipiélago de pliegos y se enciende en el capitolio de los capítulos sin escribir. En el cielo revertido que nadie ha percibido, enumerándose a sí mismo, que se titula y marcha en persecución de su génesis. ¿Estarás mañana buscándome en las apercibidas diásporas de las adelfas?
3.
Juliette Binoche en “El vuelo del globo rojo”. En “Azul”, en “Los amantes de Pont Neuf”, bajo los puentes del Sena y los soportales de los edificios incendiados al amanecer. Como un sueño de palabras entroncadas como piezas de un lego. Un otoño detenido entre otros que supieron vestirse de primavera. Las historias vagabundas, los amores erráticos, las vísceras de los recuerdos aturdidos como perros bajo el verano soporífero. Juliette en sus lugares secretos, en sus pequeñas extremidades interminables.
4.
El misterio de la mujer en sus hálitos de perdidas miradas. El impredecible segundo antes del próximo, del mañana encubierto entre nubes oscuras. Sus diatribas de momentos imprecisos, la memoria de los atuendos de los días luctuosos, de los bancos olvidados, de los insectos que has machacado bajo tus pies. Los cajoncitos de cartón donde dejabas tus pequeños hallazgos del día. Ramitas de seda, botones de cristal, tizas de ceniza, caramelos de arena. Los momentos que nunca habitaré, las canciones que quise compartir con Natalie Merchant.
5.
Esos globos rojos en su deriva de cielos y tejados, llevados por el orgasmo de remolinos ventosos. Los pequeños bocados que pude recuperar entre viejas cartas de amoríos y pedrerías, como fábulas desoladas bajo un concierto de tormentas. Atronados truenos, relámpagos acendrados, las circunvalaciones de los cuervos. Aún vestida la belleza siempre está desnuda. Nada la cubre, salvo el prodigio y el estigma que la prefigura. Si Banksy invisibilizara sus pinturas, y sus obras fuesen sólo el vacío de una enunciación, ¿cómo ofertarlas en una subasta? ¿Llevaría la ausencia bajo el brazo el oferente comprador? ¿Pondríamos precio a la nada intitulada? ¿Llamaría dragón a la mujer dragón? ¿Descalza a la mujer descalza? ¿Planeta a la mujer lunar?
6.
Plantaría una piedra en tu boca, para que la muñeca del escaparate pudiera reírse. Dejarte un esbozo de sonrisa, un aire agridulce, un pequeño vocabulario de esperanza en la tina de los desasosiegos. Los que han tenido la suerte de escapar a los despechos, a las “biblias de neón” * y a los sumergidos hundimientos de las congojas. Un afinador ciego atina sus notas en las clavijas desclasificadas de un piano invertido.
7.
En ese mundo de apariencias la ciencia se vuelve superflua, apenas una teorema en su entelequia de supuestos. Los All Star al borde de la cama desperdigados uno en cada lado. Tus pequeñas bragas entre uno de mis calcetines y la silueta húmeda de los cuerpos que se han ido. La luz que baja del cristal, sube de a ratos hacia los postigos de las alacenas. Todo se duerme en esos dormitorios de calles intermitentes y semáforos dispersos. En esos muros alguien escribió su nombre y ahora sólo quedan rastros, hilos desflecados de un cortinado somnoliento.
8.
¿Dónde se refugian los cuerpos cuando se quedan sin nada? ¿Cuándo se quedan sin tiempo y huyen de sí mismos entre monólogos de tabloides y sucursales de despechos? En qué lugar los desechos se acumulan camino hacia el deceso forense, hacia el horno de las cremaciones donde las cenizas se acumulan como revoltijos de moscas que han hervido sus alas. Si no puedo compartir esa felicidad y me atoro en el ahogo. Si visionó un paso más allá y no me estancó en la superficie del agua, donde refulgen los anteojos del sol. Si me pregunto en el signo atragantado de los vergeles disfuncionales, y huyó de mis perfiles ante de asomar el rostro por sobre los balcones de la siesta. Si sudo y transpiro en la vergüenza de mi esencia, en las faltas cometidas, en los imperdonables fracasos que llevo quemados en mi cerebro.
9.
Si la lluvia fluyera entre extraños rezos, de los que sólo creen en sociedades encrespadas de sequías. Aquellos entre las contrariedades del afluente hipnótico, que sólo caminan bajo las sombras de sus pies. Pretendiendo eludir los sacrificios de quienes exponen sus vidas, de los que yacen embarrados en sus trincheras, en fosas anónimas o pedanías carcelarias. Si los rezos inundaran las aguas, y no fuesen cánticos destinados a descomponerse en sus territorios de ausencia. Si la biodiversidad no fuese sólo un órdago azul, una extensión protegida de cardúmenes y vuelos específicos, y fluyese hacia las letanías que las salinas dejan. Y Binoche llegase junto a un broche de china o un camafeo de siglos atrás, dejando su huella en la soledad de la pértiga azul. La terquedad que se tuerce y desparrama entre sones de trovas y glorias, no conoce aposentos más discretos.
10.
Sumérgeme en un viaje paliativo, en un destino de fármacos en donde pueda abrazar los extraños encuentros de la inconsciencia. En la contrariedad que aflora, entre la perdición cognitiva y los hallazgos fortuitos del tren neuronal de alta velocidad. ¿Cómo lo puedes explicar desde tu mundo paralelo, donde piensas que no alcanzo a descubrirte entre la perplejidad, el temor, la incertidumbre de lo que finalmente ha de arribar a las estaciones terminales?
11.
¿Cuánto te ha costado ese billete? ¿Vale la pena derramar lágrimas, beber un café de más, exponerse a la sobreexposición del dolor, transmutarse en una ortografía sin remedios cuando todo no es más que un simple adiós? No digas que no porque puedo verlo a ojos cerrados en tus abiertas pupilas. Esas “pupilas lejanas” que evocan la canción “perica” y la arrastran por los bosques subterráneos del alma. Esa dimensión abstracta que se pasea fuera de nuestro cuerpo y sobrevuela girando como despiadados halcones, guardianes a su vez de nuestro ascenso hacia la dispersión orgánica.
12.
¿He de encontrarme aún con aquellos que no quiero, volver a soportar la carga hereditaria de vidas pasadas, o sólo ser una parte más del mundo circundante, parte del agua, de la ventisca sonora que advierto ahora, a través de tus fotografías, en ese otro mundo enquistado dentro de otros muchos, que no hacen más que señalarnos diversos, dispersos en nuestras urgencias tautológicas. En el desmoronamiento de los rituales, las convicciones, los automatismos de cada día, los comportamientos aprendidos y los otros, aquellos que anidaron como espectros y nunca dejamos aflorar, o al menos sólo en parte y revivir cientos de veces las escenas finales de “Taxi Driver” y la voz de Travis encañonando con su dedo sobre la cien: “Push, Push…” La metáfora extrema de ciertas conductas a las que debe llegar un hombre para poder ser considerado tal.
13.
Las estrofas de Dylan señalando un acertijo: “cuántos caminos ha de recorrer un hombre para ser llamado hombre”. ¿Acaso conoces al hombre que hay dentro de mí, al que quizás también desconozca porque se ha vuelto inaprensible y déspota, y se bifurca entre sus extremidades de carne hasta ser apenas una célula mustia del átomo que desconoce las emanaciones del sentimiento?
14.
Acaso el “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías”, bien podría ser el llanto por nuestros padres. No importa si “a las 5 de la tarde” se tiñó la bañadera de la sangre luctuosa. O fue más tarde o temprano, incluso en las últimas evocaciones del día. Acaso la sombra alambrada del cuerpo viejo, con sus calcetines aún puestos, no fue una acto genial de Pavesse. Esa “pavura” que dejo temblar hasta templar en un rictus evasivo de permanencias simbólicas. Y el cuerpo de poeta que piensa dejar sobre sus tetillas dos servilletas plegadas en formas de pequeños barquitos. Esos pezones que fueron una vez amados hasta empitonarse como clavos, como cepas vertebradas por la enunciación de los albores y las palabras inacabadas sobre el sexo vertido como una sábana de santuarios arcadios y profanos.
15.
Serán los “jueves de enero” aquellos de los que César ya tenía en sus recuerdos. En sus versos que dilapidaban la estructura del verbo y del adverbio y todo aquello que se le antepusiese por delante para hablar hacia las calaveras de los hombres, porque los cadáveres continuaban abocados a permanecer muriendo. A los aguaceros vestidos de chaparrones porque no puede haber sepulcro sin aguas que embarren los zapatos o inunden las hierbas.
16.
O las arenas de Abisina donde la sífilis cuajo en la ermita despeñada del traficante de armas, concluidos sus pasajes bíblicos entre noches segmentadas por coágulos de infiernos.
17.
Qué dirán las moscas que se posan y vuelven a volar, desde el grito dilapidado del Papa Inocencio X, el que reventó Bacon a dentelladas de pigmentos convulsos y trazos destrozados por la desaparición del inaprensible rostro.
18.
¿Serán nuestras fábulas de marca? ¿Nuestros episodios de epopeyas? ¿El atavío de lo que hemos heredado y ahora dejamos para que otros continúen indagando? El agua hierve en la caldera que silba y desparrama un vapor tan desprolijo como uniforme. Un café espera su diana cancerígena, su envoltorio de ansiedades y el regusto amargo en los pliegues fortificados del paladar orillado.
19.
¿De qué hablaran los espíritus del desierto? El soplido de las arenas sobre las Ardenas refulgentes donde yacen cuerpos olvidados, montículos de acero de guerras pasadas, que nada pueden decir a las del presente.
20.
Las diásporas viajeras de Patti Smith convertidas en marketing editorial, parecen ridículas e idiotas antes las esporas poéticas de Pizarnik o los sueños sublevados de Leonora Carrington. Los sudarios espesos entre los mantras de Marosa di Giorgio. Y toda la posible enunciaciones de nombres y apellidos que pudiesen desfilar como una interminable procesión de aparecidos. Mujeres, hombres, travestidos, toda la contumacia de los géneros, en su obstinación de signaturas. El mundo heredado por los desheredados. Por aquellos a los que les han bombardeado sus casas y asesinados a sus familias. Los que nunca leyeron a Foucault o Baudrillard, o a los poetas de Gazza que resisten con palabras, ni tampoco a Adorno y menos aún los cantos pastoriles de Virgilio, las canciones Sefaradíes a las que Darnauchans revisitaba.
21.
Los que esperan auxilio bajos los escombros en Venezuela tras él reciente terremoto, mientras Trump celebra los 250 años de la Independencia estadounidense como si fuese el día de su cumpleaños, y como si la mano de Dios se entrometiera, le arruinó su estanque azulado frente al capitolio, por un agua verdosa infectas de algas. Putín hundido en su propio estercolero, se pregunta ahora que los drones ucranianos llegan a territorio ruso -en manos de la autocracia heredada de la KGB comunista-, como doblegar el “alma” ucraniana mientras mantiene secuestrados a miles de niños raptados de pueblos conquistados del Donbás en su plan de rusificación. “La guerra no se gana en las trincheras, se gana en las escuelas” manifestó en el documental “Niños ucranianos secuestrados por Rusia” de Sasha Aleksandrenko y, Damien Fleurette emitido por la Deutsche Welle (DW) alemana **. Netanyahu, el otro asesino de actualidad, continúa bordando su macabra estela de circuncisiones a través de todo medio oriente, y los iraníes que nada tienen de inocentes continúan un día sí y otro también, a las grecas con la flota estadounidense en el Estrecho de Ormuz, a pesar de haber firmado un acuerdo preliminar de paz. Son tan sólo algunas preguntas fatales de otro viaje más sin respuestas.
22.
Volví a escuchar el tremendo disco de Richard Coleman “Incandescente” de 2013 para comprobar una vez más, la distancia conceptual así como de estilos y envergadura, que existe entre los compositores nacionales y los extranjeros. Los más cercanos, a modo de ejemplo, los de la vecina orilla. Que se puede esperar si como bien dice y con razón, Garo Arakelian en diferentes manifestaciones, la falta de continuidad y valoración histórica en torno al patrimonio cultural de nuestro rock son prácticamente ignorados por los más jóvenes. Así no se construye y posiciona ningún movimiento que en su tiempo llevaba el rótulo de “contracultura”. Por cierto, su disco “Un Mundo sin Gloria” de 2012 es una de las mejores obras de la música nacional de los últimos treinta años. A esto sume la escucha del disco de St. Vicent y David Byrne de 2012 “Love this Giant”. Al final, como un gesto de melancolía adulta, me sepulte en los vericuetos y los sonidos de su propia respiración en la obra de Keith Jarrett “The Köln Concert” de 1975, grabado en vivo por él sello EMC y ejecutado en un piano mal afinado. Nada respondería a estas aleatorias preguntas fatales. La fatalidad es tan imprevisible, como también posible de evitar, pero la comodidad, el confort y la tecnología, ha abierto una inmensa grieta más en este mundo, no porque hubiesen dejado de existir, sucede que el nivel ha bajado tanto, que sólo los imbéciles adictos a X (opinólogos y políticos) son los únicos que suelen escucharse, alabarse y desmerecerse entre ellos. Y doy por sentado que estas preguntas fatídicas, a nadie importan ni conmueven.
*“La Biblia de Neón” Novela de John Kennedy Toole. Ed Grove Press 1° Edición 1989.
**Niños ucranianos secuestrados por Rusia de Sasha Aleksandrenko y Damien Fleurette.