
Una banda necesaria. Hijos de la pandemia COVID-19, los Neamwave nacieron como un grito de desahogo después de una larga temporada en cuarentena. Reminiscencias nirvaneras, raptos shoegaze, caos, distorsión e influencias compositivas hasta de David Bowie fueron tonificando un sonido distintivo de esta generación. Ya hace unos años estamos en condiciones de hablar de “rock pospandémico”, y Neamwave es una de las abanderadas de esta tendencia en Uruguay.
Comenzaron haciendo temblar las ventanas de su barrio hasta que sus (malos) vecinos hicieron quejas por “ruidos molestos” (hay que hacerse ver ese nivel de ignorancia) obligándolos a ensayar en una vieja fábrica abandonada de jabón, dentro de la cual pulieron su sonido empantanado, sucio y pegajoso. Hace unos años lanzaron su “gira mundial de un solo país” (así la presentaron…) durante la primera edición montevideana del litúrgico Festival Nuevo Día, fundamental para la cultura del indie porteño, y desde entonces no han parado de moverse.
La banda se caracteriza por recitales anárquicos donde el público se integra y crea una amalgama que borronea la raya que separa (?) al artista del espectador y los ha hecho trascender hasta convertir sus fechas en pequeños rituales para la fiel y talentosa escena skater montevideana.
Joaquín (guitarra y voz) balbucea letras por momentos ininteligibles pero cuyo contenido, incluso cuando se vuelve encriptado, importa menos por lo que dice que por la forma en que se incrusta en la marea sonora, porque bien podría no entenderse nada y lo que quedaría claro es el tsunami artístico que te lleva puesto y va montando riffs a horcajadas, como quien crea un palimpsesto más que una canción. Desobedeciendo al ego, Tommy (segunda guitarra, coros), entrega un sonido furibundo, imposible de escuchar sin mover el pie o la cabeza. Juan Pablo (bajo) parece uno de esos románticos que están siempre mirando al cielo y añorando algo que intuían extinto, su sonido raspa en el fondo de cada canción dando una atmósfera sinuosa al sonido de la banda. Y Rodrigo (segundo batero que tiene la banda) impide que la energía se drene dándole menudas palizas a su batería, a la cual los parches deben durarle poco tiempo.
Un disco esperado. Hasta el nacimiento de “Mental” lo único que tenían editado era algún single y unos vídeos de youtube grabados en cámara analógica y simulando Super 8.
Este disco será fermental para decenas de nuevas bandas montevideanas. No hay que ser profeta para distinguir algo nuevo cuando se lo escucha. Las imágenes que se asocian a las canciones te trasladan a esquinas húmedas y penitencias dadaístas en las que un Breton irreverente da vueltas jugando con los bordes de la literalidad. Es como si Bertolt Brecht hubiese tenido una banda de grunge.
Hay tracks que calzan justito con lo necesario para que podamos proclamar que estamos frente a hits. En Orkidea, Lux y Post Anima lo hacen todo sin el más mínimo error de cálculo.
Las 10 canciones de Mental te gritan en la cara que entre escándalos y silencios el grunge vive y lucha, la esencia de un estilo musical que piensa en conectar con las personas y darles voz más que en corromper el arte para hacer dinero y pagar el alquiler. La integridad está intacta, Neamwave despliega un vasto juego de narrativas musicales con magistral calidad, oscilando entre agresión e introspección y tejiendo una trama sonora de una fuerza inusitada, impropia de un primer disco. Realmente llama la atención que sea un disco debut ya que parece la obra de una banda experimentada pero podemos adivinar que se trata de un comienzo cuando vemos que lo dejaron todo en cada minuto de grabación, se nota que la re están viviendo mientras lo hacen. Mientras preparan su segundo disco, las melodías que podemos venir adivinando parecen atraparnos en un acumulador de Orgón, generando en igual intensidad sensaciones claustrofóbicas y acumulaciones de energía que no estamos capacitados para comprender. Entre el stoner, una prolongada pátina de thrash y un esguince en el rock, vamos cediendo al enérgico y febril baile de un ritmo que tiene pocas comparaciones made in Uruguay (ninguna sonando en el mainstream, que yo recuerde). Mental invoca algo que muchos quieren enterrar y pocos pueden olvidar: el grunge, no como museo de camisas a cuadros, sino como una energía todavía incómoda, todavía joven, obcecada y necesaria.