
Estaba dando mis primeros pasos cuando Martín Buscaglia ya compartía escenario con grandes músicos uruguayos como Popo Romano, Tunda Prada y Samantha Navarro, ni que hablar de la influencia de “sus tíos” Mateo, Rada, Urbano. Esa formación y esos encuentros se perciben en su música: en su libertad creativa, en su manera de moverse entre géneros y en una obra alimentada por el cine, la literatura y una curiosidad inagotable. Hay una trayectoria detrás de cada canción, una forma de desarrollar el arte con absoluta libertad. Se nota que emociona y se emociona con lo que canta; que al interpretar sus canciones vuelve sobre recuerdos, historias y sensaciones. En ellas conviven la simpleza y la complejidad, lo cotidiano y lo extraordinario, la realidad y el sueño.
No lo escucho desde chica, supongo que por el acceso a la música en esa época, pero sí desde que sacó su disco “El evangelio según mi jardinero“, recuerdo que por esa época iba a ver nuevas conformaciones con músicos que me gustaban mucho. En este caso, Herman Klang y los Ibarburu fueron mi vía de conexión.
El jueves pasado tuve el gusto de viajar a ese otro mundo. Un mundo donde (bien decía Horacio) crecen flores porque sí, donde piden pan y reciben pan; un mundo que sabe cantar, donde la sopa se puede tomar, Cenicienta deja de planchar, todos tienen y todos dan, hay manos amigas y el sol sigue habitando las plazas, el mundo de Martín.
Porque la música de Buscaglia es, justamente, una invitación al viaje. Es su forma de viajar por el mundo y de hacernos viajar con él: explorar, descubrir y mirar la realidad desde otros lugares, escuchar la vida secreta de las plantas.
Desde aquel primer disco, hace ya treinta años, puede verse un recorrido de búsqueda permanente. Un artista que fue profundizando en el oficio de la música, encontrando siempre nuevas herramientas sin repetirse, sumando en cada obra una nueva capa de sentido. Da la impresión de haber construido un espacio propio donde la inspiración puede surgir, aterrizar y transformarse en canción.
Su relación con la música combina lo lúdico, lo técnico y lo pasional. Quizás por eso sus discos tienen algo atemporal. También porque detrás de ellos hay un artista criado entre el teatro, los camarines, las luces y los ensayos; alguien para quien el acto de decir y transmitir es tan importante como la propia música. Canciones para no dormir la siesta tiene casi su misma edad, y esa continuidad habla de una vida entera dedicada a crear y a decir.
A lo largo de los años, Buscaglia ha propuesto nuevas formas de escuchar y de mirar. Ha aportado e influido en la construcción de lo que somos como público Uruguayo y también en quienes vienen después. Frente a él aparece algo cada vez más raro: un público que desaparece en el momento, para estar presente, que participa, que se deja atravesar por la experiencia y que, durante un rato, acepta entrar por completo en ese universo.
A lo largo de la noche, por otro lado, también nos propone nuevas formas de escuchar el Evangelio, comienza con Cerebro, Orgasmo, Envidia & Sofía y sigue en su orden con Ante la duda todo, pero luego cambia el orden de algunos temas y le suma a Coby Acosta y el coro Canana a la conformación Bochamakers que acompañó en algún momento de este recorrido (Martín Ibarburu, Nicolás Ibarburu, Mateo Moreno, Matias Rada, Nacho Mateu y Herman Klang). Desde ese momento, enanos fueron electos en lo alto, las cosas absurdas se volvieron normales, las demoras en un lugar de comida rápida canciones románticas, recibimos gospel en nuestras membranas, esquivamos peajes hasta el polonio, volamos en mantarrayas, bailamos con momias gitanas, nos metimos en los sueños de Martin mientras saboreamos un Jim Beam entre notas dulces de vainilla, caramelo y roble. Salió el sol, abrió la noche todos sus broches, los Bochamakers fueron nuestros Coach’s, nos dimos cuenta que extraviarse y explorar comienzan por la misma sílaba, fuimos lirios, volvimos al primer día del año, entendimos que el amor no puede nutrirse adecuadamente cuando está basado principalmente en la necesidad de admiración, validación o autoafirmación, mojamos mariposas en nuestras tazas de té, fuimos a Marte, fuimos a amarte y volvimos a agradecer a nuestro cerebro por dejarnos en PAZ.
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