
La música no era una prioridad en la vida del Romeo Taddei adolescente. Recordamos algunas apariciones sobre el escenario acompañando a Claudio en unas pocas canciones. Romeo y Dana, los dos junto a su padre en El Tartamudo, en el Solís, Rome tocando el cajón peruano o la batería y Dana cantando. Inevitable en una familia de artistas creada y formada en torno a la música.
Montevideo, Suiza, Montevideo, viajes y el desarrollo de su vida en un ir y venir. Una infancia bilingüe, el liceo de Atlántida, guitarreadas con amigos a base de tutoriales de YouTube, pero con latido del toque de Claudio en el inconsciente, en la piel. Fue natural. Agarrar la guitarra, compartir y sentir desde otro plano lo que la música genera, lo que la música regala.
Ahí llegaron algunas oportunidades en el país de adopción, apariciones en televisión y presentaciones en un concurso de talentos junto a Dana. Nada muy formal, un juego dentro una búsqueda que luego sería más profunda.
El tiempo pasó. Pasó lo que pasó y la música fue refugio y sanación. Una puerta que se abrió mostrando nuevos horizontes, algo desconocido dentro de lo tan conocido. Natural. La guitarra se hizo parte del cuerpo y del equipaje. Sin buscarlo y en medio del duelo profundo llegó una oportunidad de esas que todos esperan, que muchos músicos sueñan. De buenas a primeras: un contrato.
Contanos de ese contrato que tanto seducía y que generó poco.
Luego de haber hecho esa experiencia muy loca de cantar en la televisión italiana, apenas seis meses después de haber empezado a tocar y cantar, firmé una especie de contrato con un manager de acá (Ticino), él es un cantante bastante reconocido en Latinoamérica. Y nada, me siguió por un año más o menos hasta que me consiguió un contacto donde fui a hacer un casting. Al principio no estaban seguros de querer firmar conmigo porque no tenía canciones mías, yo recién empezaba y ya tenía 24 años. Al final, escribí una canción que les re-gusto y de ahí firmamos un contrato de cinco años donde teníamos que hacer 3 álbumes, me prometieron clases de canto, guitarra, de tocar San Remo (el festival más conocido en Italia), etc. Me mudé a Roma para estar ahí y poder avanzar con todo lo que habían prometido. En dos años pise el estudio de grabación tres veces creo. Vivía presionando y reclamando atención. Escribía las canciones que ellos querían: “hace mix de italiano y español, estribillo español versos en italiano – ahí va, tienen que ser hits, escucha, como esto: …. “ . Y la verdad que en ese momento trataba de hacer lo que ellos querían, o lo que se esperaban de mí. Pero como yo había otros treinta gurises y gurisas, en la misma. La diferencia es que yo me había ido a vivir ahí a propósito. Cuando ya entendí que se me iban los años y no iba a terminar en nada, le propuse de cerrar el contrato y aceptaron en una buena.
Una vez fuera de ese mundo… ¿nace Deiro como forma de búsqueda de identidad musical y de separación de las formas? Corregime si no es así.
Volví a Suiza, me quedé en el sillón de mi hermana por mucho tiempo (Santa hermana). Conocí a mi compañera, Chiara, y me quedé. Retomé el trabajo para lo que estudié y que hice por varios años. Me volví a centrar, encontré otra manera de ver la música… y otra realidad, esa que viven la mayor parte de lxs musicxs. Empecé a grabar mis temas solo, con un productor italiano, y ahí salieron mis primeras canciones, mi nuevo proyecto “Deiro”. Deiro nace por el miedo en dejar mi nombre normal, debido al apellido, por querer tener una seguridad de poder hacer lo que quisiera artísticamente sin tener el prejuicio de si a mi padre le hubiese gustado eso o no. O el clásico comentario “ah copia al padre” o “el padre era mucho mejor”. No sé… era empezar siendo yo, y que la gente me conociera por ser yo y no “el hijo de”. Aunque acá (en Europa) mi viejo no era tan conocido como músico, como en Uruguay, y eso me dejaba más tranquilo. Pero tampoco quería un nombre que no tuviera nada que ver. Y luego después de algunas vueltas, Chiara me dice “Deiro” = tadDEIROmeo!! Ah, otra cosa, siempre quise, desde chico, ¡tener un sobrenombre entonces: era el momento! Siempre me tomaban el pelo por ser “Romeo”. En realidad, no creo sea un quiebre. Rossana al principio me había dicho: “Esta bueno, podes usarlo como tu primer proyecto “Deiro” y luego seguir como Romeo Taddei”. ¡Sabia tía, tenía razón!
¿Qué es lo que produce dejar a Deiro como proyecto y te devuelve al Romeo Taddei actual?
Digamos que me di cuenta en esta ida a Uruguay. Me di cuenta de varias cosas en esos meses vividos allá. Que el crear música es algo que viene de algo muy profundo. No solo conexión con mi padre, o familia, ancestros. Si no que es algo que ya estaba dentro de mí, había solo que sacudirlo y digamos que con la perdida de mi viejo fue un buen golpazo. Al principio estaba muy en una mala, tipo “hacer música solo para vender y ganar dinero”, pero siempre sentía que no me pertenecía, no sé cómo explicarlo… era un grito, una necesidad que no lograba comprender y que aún no logro comprenderla, pero siento que si no lo hago me muero. Es como que me conecta al Romeo de niño, a mi viejo, a la vida, y a las emociones de las personas. Me di cuenta de que, sì en un principio lo hago por mí, pero después la gente hace propia la música y vive sus experiencias, momentos de vida gracias a esas notas cantadas por vos, entonces te das cuenta de que todo lo que haces y decís tiene un peso, aunque sea sutil, o no. Una persona me dijo unas palabras muy lindas: “Yo no voy a ser como todos, diciéndote lo mismo que te dicen todos, pero si quiero que sepas lo siguiente: Antes de que cantaras para el homenaje de tu padre me preguntaba cómo este pibe, que nunca hizo un show así, iba a bancar ese escenario. No por no creer en vos, si no por curiosidad obviamente. Vos estudiaste personal trainer, bárbaro. ¿Empezaste tarde a hacer música? No importa – nunca es tarde. Vos, tenès el don del cantautor. Tenes ese don, que pocos tienen. Subiste al escenario como si ya lo hubieras hecho miles de veces. Ahora, podes elegir en ser lo que quieras. Pero sabe que este camino no es fácil, tenés una carga más. Vos tenés la posibilidad de hacerlo, y de ser personal trainer o todo lo que vos quieras, porque sos una persona increíble”. Me movió mucho esa charla, más allá de los elogios.
¿Como sentís tu música, tus canciones? ¿Qué te mueve a componer?
Bueno, te soy sincero, escribo cuando siento que tengo que escribir, cuando estoy conectado, con la antena prendida. Hay veces que trato de escribir cuando no, y sale cualquier cosa por lo general. Siento que estoy en una constante búsqueda, cada día me interesan sonidos nuevos o cosas nuevas, pero luego me pierdo jaja. ¡La realidad que en este momento estoy pensando en el disco, en grabar los temas que ya tengo y a la vez seguir componiendo lo que salga… se verá! Hay veces que siento la necesidad de escribir, o de tocar, momentos bajón en los cuales la guitarra y tirar textos o tocar temas de otrxs artistxs salvan literal.
Sabes que se generó mucha expectativa con respecto a tus presentaciones, de hecho, tocaste en muchos lugares y con muchos músicos en estos últimos cuatro meses. ¿Qué produjo eso en tu día a día como músico y en tus planes futuros?
¡Bueno toda esta movida me movió un montón! La verdad que me inspiró muchísimo y me di cuenta, que igual siempre supe y siempre quise, que el compartir es lo más lindo que hay. Conocer a artistas y aprender te cada una/o de ellxs te hace mejor artista creo yo. Y sobre todo vez todas las calidades de cada unx, y te das cuenta de que siempre seguís aprendiendo cosas, es una locura! Eterno aprendizaje. ¡Así que hay que meterle cada día! ¡Aunque me cuesta mantener una rutina… pero trato! Planes futuros, seguir tocando, vivir de esto al 100%. Sacar un álbum, mejorarme cada día, seguir haciendo música, conociendo personas hermosas y compartir…
Seguimos de largo la conversa con Rome, pues siempre es un placer. Dejamos para más adelante todo lo que pasó en el homenaje a Claudio, que fue muy poderoso y merece un capítulo aparte, que ya nos prometimos desarrollar.
Gracias Romeo por la música. Salu.
fino.
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