
Mal arranque para la 61° Bienal de Venecia
La Bienal de Venecia implota antes de abrir: renuncia el jurado y el arte queda rehén de la política.
La Bienal de Venecia pierde a su jurado por un choque frontal con su presidente, Pietrangelo Buttafuoco, que decidió mantener a Rusia e Israel en competencia. Sin árbitros, los premios pasarán al público. El conflicto ya salpicó a gobiernos, financiamiento europeo y amenazas legales.
La mayor vidriera del arte contemporáneo mundial arranca con un gesto insólito, quedarse sin jurado. No es un accidente, es una toma de posición. Y también un síntoma.
Los cinco integrantes del jurado de la 61° Bienal de Venecia renunciaron en bloque tras el desacuerdo con la dirección del evento, que optó por sostener la participación de Israel y Rusia en nombre de la “no censura”.
El jurado, en cambio, había marcado distancia frente a países señalados por la Corte Penal Internacional.
El jurado está compuesto por: Solange Oliveira Farkas (presidenta); Zoe Butt; Elvira Dyangani Ose; Marta Kuzma y Giovanna Zapperi.
Todos dejaron claro —aunque con diplomacia— que no consideraban premiables a países cuyos líderes están señalados por la Corte Penal Internacional.
La respuesta institucional fue tan pragmática como incómoda por lo que no habrá premios en la apertura y el veredicto final quedará en manos del público al cierre de la muestra.
El conflicto ya trascendió lo artístico. El artista israelí Belu-Simion Fainaru amenazó con recurrir al Tribunal Europeo de Derechos Humanos si era excluido, mientras el gobierno italiano —con el ministro Alessandro Giuli— presiona en sentido contrario, alineado con la Unión Europea.
Sobre la mesa hay hasta dos millones de euros en financiamiento en riesgo.
La Bienal todavía no abrió y ya dejó de ser una exposición. Es un campo de tensión donde el arte vuelve a ser excusa, territorio y rehén.














































