
El próximo jueves 5 de marzo 2026 se estrena en Cines Life “Gracias por operar con nuestro banco” – (Título original: Thank You for Banking with Us) escrita y dirigida por la cineasta palestina Laila Abbas, es una coproducción internacional entre Palestina, Alemania, Qatar, Arabia Saudita, Egipto, Países Bajos y Líbano.
Sinopsis: Cuando su padre fallece dejando una gran suma de dinero en el banco, dos hermanas dejan a un lado sus diferencias y unen sus fuerzas para obtener una parte justa de la herencia. Según la ley islámica, su hermano tiene derecho a llevarse el doble de lo que les corresponde a ellas. En una carrera contrarreloj, enfrentan normas religiosas, tensiones familiares y los dilemas de su propia alianza.
ALGUNAS CLAVES PARA ENTENDER EL CONFLICTO DE LAS PROTAGONISTAS:
La Sharía es un conjunto de normas derivadas del Corán y los dichos del profeta Mahoma. En Palestina, se aplica a través de la Ley de Estatus Personal. No es una ley penal en este caso, sino una guía legal para la vida privada. Cuando el patriarca muere el heredero varón recibe el doble que una mujer de su mismo grado de parentesco. Si solo hay hijas otros parientes varones (tíos o primos) pueden reclamar una parte de la herencia para “proteger” el patrimonio familiar.
¿Por qué existe esta diferencia?
Desde la perspectiva jurídica islámica tradicional, el sistema se justifica por la responsabilidad financiera: El hombre: Tiene la obligación legal de mantener económicamente a su esposa, hijos, hermanas solteras y madre. Se asume que necesita más dinero porque “él paga todo”.
Laila Abbas utiliza el humor negro para lanzar una crítica feroz contra la hipocresía de un sistema que ignora el trabajo de cuidados realizado por las mujeres. Situación que se da tanto en Palestina como en la mayoria de sociedades.

La película expone la profunda contradicción entre la ley y la ética familiar. Mientras que las hermanas Mariam y Noura dedicaron años de su vida, esfuerzo físico y recursos emocionales a cuidar de su padre enfermo (especialmente Noura, quien se encargaba de él tras sufrir un derrame cerebral), la ley prioriza a un hermano que lleva diez años en Estados Unidos sin enviar dinero ni mostrar interés por la salud de su progenitor. Abbas critica cómo el sistema otorga privilegios financieros automáticos basados solo en el género, premiando a un hombre ausente por encima de las mujeres que sostuvieron la vida del fallecido hasta el final.
A través de esta trama, la directora señala que las leyes de herencia basadas en la Sharía se han convertido en una herramienta de opresión económica. La película pone sobre la mesa la falacia del argumento tradicional “el hombre recibe más porque mantiene a la familia” ya que en la actualidad, generalmente, son las mujeres las que realmente asumen la carga del cuidado y el sustento, pero legalmente siguen siendo tratadas como ciudadanas de segunda clase que deben “robar” lo que legítimamente les pertenece para no quedar en la indigencia.
Pero además del tema económico y familiar sobre la herencia de la familia al momento de fallecer el padre la película explora otras problemáticas más personales, las cárceles personales de cada una de las hermanas: Noura, como mujer soltera en una sociedad conservadora, Noura ha cargado con todo el peso físico y emocional de cuidar al padre. Su deseo de quedarse con el dinero no es por avaricia, sino por autonomía. Para ella, esa herencia representa la libertad de no depender de ningún pariente varón en el futuro y de validar su derecho a tener una vida propia después de años de sacrificio invisible. Ella es quien rompe el molde de la “hija abnegada” para reclamar su identidad como mujer independiente. Mariam, representa a la mujer que hizo “todo lo que se esperaba de ella”: se casó y formó una familia. Sin embargo, su vida es una estructura vacía. Juzga a su hermana Noura porque es lo que ha aprendido para sobrevivir, pero por dentro está asfixiada por un matrimonio infeliz y una rutina que la anula. Su participación en el plan del banco es su primer acto de rebelión real contra un destino que ya no soporta. El divorcio, que para muchos sería un fracaso, para ella empieza a verse como la única salida honesta.

Mariam ve a Noura como alguien “sin rumbo” y Noura ve a Mariam como alguien “atrapada”. Pero el sistema legal las iguala: ante el banco y la ley, ninguna de las dos vale lo suficiente por ser mujer. Es esa humillación compartida la que las obliga a dejar de juzgarse y a entender que, a pesar de sus vidas distintas, ambas están luchando contra el mismo muro.














































