
1.
Para quiénes en los 80 leíamos tanto libros como fanzines, revistas musicales y otras de índole alternativo, la revistas “Cerdos y Peces” no nos era indiferente. Bajo su título aparecía este subtítulo; “La revista de este sitio inmundo”. Enrique Syms (su mentor) tenía claro hacia quiénes proyectaban sus diatribas, consciente de que había un público que tras atravesar la dictadura, había pervivido gracias a diversas expresiones culturales de índole “underground” (muchas herederas del Instituto Di Tella) y otras surgidas de manera espontánea tras el anhelo de mantener viva la libertad de expresión, constituidas con el paso del tiempo, en referentes icónicos de una época.
Como participe de esas experiencias puedo nombrar varios de esos locales que muchos han mencionado. Basta nombrar La esquina del sol, Café Einstein, Stud Free Pub, Cemento o el Parakultural de la calle Venezuela en Buenos Aires, en donde incluso tocaron Los Tontos en su momento de mayor éxito.
En Montevideo, ciudad provinciana si las hay (guste o no), esas expresiones “underground” más allegadas al rock o a las corrientes artísticas de vanguardias, se daban en ciertas salas pequeñas. Institutos culturales extranjeros, algunos teatros, conciertos clandestinos en garajes, talleres artísticos o entornos privados de capacidad reducida.
Esto sucedía en las diversas expresiones del arte. La música, el teatro, las lecturas de poesía y performance. Tratábamos que nuestro “sitio inmundo” no lo fuera tanto. Pero en un contexto global, mirando hacia fuera de nuestro entorno, el mundo en general no era un sitio agradable y mucho menos estable. No lo fue tras la 2° Guerra Mundial que tuvo su posterior Corea, y casi poco después y alternativamente, las guerras colonialistas de Francia en Argelia y Vietnam, a la que luego se sumó Estados Unidos. El apartheid de Sudáfrica, la crisis de los misiles en Cuba que llevó al presidente Kennedy a confrontar a la Unión Soviética de Nikita Jrushchov, a punto de disparar cada uno sus ojivas nucleares. El Muro de Berlín, el aplastamiento de “la primavera de Praga”, la Rumania de Ceausescu, la dictadura cubana (hasta hoy bendecida), el bombardeo a “La Casa de la Moneda” con un Allende fiel a sí mismo, y un asesino como Pinochet próximo a sentarse en su “juego de tronos”. Los falcón de la ESMA y los vuelos de la muerte, Nicaragua, Brasil y aquí las muertes equívocas, la toma de Pando, un penal llamado “Libertad”, un cóndor inhóspito sobrevolando nuestros hogares.
La caída del Muro de Berlín y los acuerdos de no proliferación de armas nucleares firmado entre Reagan y Gorbachov, tampoco hicieron de este un mundo mejor. El postmodernismo nos llevó a un mundo de “simulacros”, para no extenderme basta mencionar un libro al respecto: “La guerra del golfo no ha tenido lugar” de Jean Braudillard publicado en 1991, donde analizaba la guerra como un espectáculo visual, donde asistíamos en directo a las detonaciones de los misiles a través de cámaras instaladas sobre sus estructuras, en la primera de las incursiones contra el régimen de Sadam Husein en Irak.
Vietnam enseñó a los poderes fácticos, que las funciones de los periodistas de guerra, no eran inofensivos, y que emitir la verdad y desarrollar cuestionamientos objetivos, tendían a confrontar los comunicados de prensa oficiales, los señalamientos de los errores circunstanciales, es decir, los llamados “daños colaterales”. Tal como sucede ahora en Gaza, Ucrania, Irán, Siria, Sudán y un largo etc.
Lo preocupante es pensar, que gran parte de la ciudadanía mundial, en su diversidad social, cultural, de género y en todas las variantes posibles que el lector pueda incorporar, parece estar ausente ante el peligro de una nueva confrontación mundial, que de hecho, nunca dejó de existir, así como tampoco “la guerra fría”, sólo que ésta se volvió aún más invisible, en años donde las comunicaciones audiovisuales han tenido un desarrollo exponencial a través de nuevos medios técnicos, artefactos tecnológicos y plataformas. Sin entrar en las diferentes visiones de los teóricos de la comunicación, es cierto, que más allá de la intencionalidad de ciertos organismos institucionales y privados, de desarrollar una nueva “ciudadanía digital” responsable, sobre todo a partir de la incursión de la IA en nuestra cotidianeidad, parece que siempre llegamos tarde a la consolidación de ciertos objetivos.
Celebramos Internet en sus comienzos, como fuente del libre acceso a la información y la comunicación, hasta que se convirtió en un negocio y en un arma estratégica de posicionamientos políticos y económicos, sí es que realmente podemos separar unos de otros.
Es cierto que esta breve reseña omite señalar ciertos conflictos (pienso en el levantamiento estudiantil chino en la plaza de Tiananmén de 1989, por ejemplo. O la guerra de los Balcanes con el Sitio a Sarajevo (1992/1996) y la matanza de Srebrenica cometida por milicianos serbios en 1995 en la guerra de Bosnia-Herzegovina).
Hace unos años escribí un artículo sobre la importancia de la cultura ante estos acontecimientos desgraciados. Lo hice recordando como miembros de la filarmónica de Sarajevo, se ponían a tocar entre las ruinas de la ciudad, enfrentado las miras de los francotiradores serbios (https://www.iade.org.ar/noticias/las-cosas-por-decir).
Subrayaba entonces, otras particularidades de la prensa escrita y del periodismo cultural y de la necesidad de tener un visión crítica, no sólo de los fenómenos sociales que inciden en la cultura y viceversa (tal como sucedía en nuestro país a partir de la generación del 45´, con sus aciertos y errores). Una visión crítica hoy prácticamente inexistente en los medios “tradicionales”, una visión más bien complaciente o inocua, acompañando “el signo de los tiempos”, diría Prince. Quizás porque hay una visión acomodada del ciudadano, o una mentalidad anestesiada por cierto confort que las propias políticas internas promueven, más allá de algunos enfrentamientos “domésticos”, porque engañarse que en el Uruguay hay hombres de estado o verdaderos filósofos (y no meros charlatanes) es tener una visión reduccionista del mundo, ante la imposibilidad de alcanzar puntos más altos y abarcativos de raciocinio e intelecto.
Como describo más adelante, nos hemos llenado de opinólogos. De generaciones que más que interactuar confrontan en una realidad signada por ciertos líderes de opinión, sometidos a lobbies económicos (propietarios en su gran mayoría de los medios de comunicación) o las posibles retribuciones de marcas o firmas comerciales, cuando no políticas. Me pregunto en que han quedado aquellas advertencias y consideraciones, ante la proliferación de los medios de comunicación y sus incidencias en las masas, elaborado por un estudio clave sobre el impacto de los medios, promovido por la Unesco a fines de los 70, conocido como “El informe Mac Bride”. Por eso, entrar en la actualidad inmediata que dura el micro segundo en que se lee una de estas palabras, es convivir con todas esas miserias en el que “este sitio inmundo” nos introduce.
2.
Semanas atrás el ejército israelita acabo con la vida de cinco periodistas de Al Jazzera, entre ellos a Annas al-Sharif, una de sus rostros más visibles desde el comienzo del genocidio de Gaza.
Putin encarcela a todo aquel que se manifieste contra el conflicto con Ucrania. El sólo hecho de mencionar que Rusia está en “guerra”, es delito. Palabra que parece querer ser borrada de la conciencia colectiva, de una nación (a la que la revolución bolchevique no pudo despojar de su condición imperial, conviviendo bajo la desinformación y el control económico de las mafias), y que de una forma u otra, ha permanecido en una constante situación de guerra, tanto en el exterior (Afganistán), como en su interior (Chechenia, Georgia).
Trump aún no ha transformado o eliminado la Primera Enmienda de las diez fundamentales de la Constitución Estadounidense. Aquella que garantiza la libertad de religión, expresión, prensa, reunión y petición. Quizás porque en base a ella, pudo eximir los delitos de sus votantes, al asaltar El Capitolio en 2021. Sabemos (tal como mencioné anteriormente), que tras la guerra de Vietnam, y su despliegue informativo, el papel de la prensa es cada vez más restringido. Paradojalmente es la telefonía móvil y los registros de los ciudadanos, los que nos permiten a veces, conocer hechos, o acercarnos a crueles realidades, como los asesinatos a civiles ucranianos por parte de las fuerzas rusas. Los terroristas de Hamás no necesitaron prensa para cubrir sus asesinatos en el kibutz Kfar Aza en octubre de 2023. Ellos mismos lo documentaron y divulgaron a través de videos y fotografías, tal como hacían los terroristas de ISIS al decapitar a muchos de sus cautivos. Entre ellos varios periodistas. Ni que decir de la pantomima cruel y ridícula de Hamás en la entrega de algunos rehenes, como si fuese un show televisivo y una muestra masiva de autoridad.
Por su parte, Netanyahu permite hasta cierto punto que los familiares de los cautivos se manifiesten, así como aquellos opositores a sus políticas de exterminio, mostrando un despecho total ante los rehenes que aún prosiguen vivos. Pero sí un primer ministro desprecia la vida de sus propios ciudadanos, como pedir entonces que respete la vida de los habitantes gazatí, sean o no estos terroristas. Ya señalé estas características del absurdo. El mismo término que inválida hoy los conceptos de derechas e izquierdas.
En el caso judío y tras el “Holocausto”: ¿alguien podría pensar que las víctimas se convirtieran en victimarios? Pues sí. Porque al igual que en el conflicto entre Rusia y Ucrania, Rusia y Chechenia, Afganistán y Estados Unidos, y tantos otros que podríamos enumerar (India / Pakistán), el odio se traspasa de generación en generación. La historia de la humanidad está marcada por inacabables enfrentamientos. Culturales, raciales, económicos, religiosos…
El poeta Paul Eluard (de quién los maquis franceses hicieron suyo su poema de 1943 “Libertad”), citó alguna vez que: “hay otros mundos pero están en este”. Por una lado el “mundo” de la realidad haitiana, por otro el de Elon Musk, por otro el de la realidad virtual y los juegos de PlayStation.
Por un lado el del niño gazatí, por otro el del niño finlandés (sin culpa alguna por supuesto), que veranea con sus padres en algún lugar del mediterráneo. Por otro el de una pareja del barrio Casabó, y por otro el de alguna urbanización privada, que ya no va a Punta del Este, porque ha decidido viajar hasta el Lago de Como. El que consume pasta base o fentanilo y el que consigue cocaína farmacéutica.
3.
En este mundo hipócrita, cabe de todo, y es difícil creer al punto que hemos llegado. Trump se cree un emperador romano, Putin un rey persa, Netanyahu Moisés, Abascal (líder de VOX partido de ultraderecha español) un pequeño Alonso Vega (responsable de comunicación del régimen franquista), Milei un payaso anarco libertario que olvidó, ciertos manifiestos de Adam Smith, Popper o Raymond Aron, quién concordemos o no, tendrían una actitud menos payaseada ante la opinión pública, por más que ésta le dé réditos, porque la educación y modales, han sido sustituida por los realities televisivos, y apropiarse del show rockero es bastardearlo de manera indigna. Supongo que Dylan o Springsteen se deben destornillar de risa o sentir vergüenza ajena o tan simple pasar página ante tanta estupidez.
Sin que esto me convierta en diletante de los gobiernos kirchneristas. Entramos en las fases del absurdo absoluto… volvemos a esperar al Godot de Beckett, si es que antes no nos explota unos aranceles hiperbáricos.
¿Cuándo concluyó realmente la “guerra fría”, si es que hubo concluido alguna vez? ¿Existió realmente una “Pax Americana”? ¿Cómo pueden ser elegidos presidentes que han sido juzgados? ¿Qué ha sido del “sueño americano”, de la América de los vastos espacios y las oportunidades? ¿Puede Trump, Putin, Netanyahu hablar de democracia? ¿Si los EEUU arma a Ucrania, no estamos ante un conflicto “Ruso-Soviético-Zarista-Autocrático” versus OTAN? O nadie se da por enterado o todos somos muy ingenuos. ¿Puede Trump inmiscuirse en la política de Brasil al defender a otro golpista como Bolsonaro? ¿Puede Maduro continuar manifestando que Venezuela es un país democrático? ¿Europa despierta de su limbo comunitario? ¿Tenía razón el General Patton cuando pretendía entrar en Berlín, antes que las tropas rojas? ¿Hubiera triunfado Stalin sin contar con los miles de camiones y vehículos de transportes que Roosevelt fabricó para el ejército rojo? ¿Qué hubiese pasado de no existir Churchill y los héroes de la aviación británica, o la resistencia francesa, danesa, noruega, los maquis italianos? Hoy, ayer, mañana recordamos Hiroshima, por cierto, convertida en un paseo turístico gracias a la IA y a sus vectores en 3D.
Hemos sobrepasado los simulacros posmodernistas. Vivimos en el absurdo de las plataformas, influencers, opinólogos, tik tokers, en manos de cualquier demente para quienes la vida, vale la simple ilusión de ser estúpidos sin ninguna clase de pudor.
El periodismo cultural a través de la crítica debería opinar y enfrentar estos asuntos. Ante una crítica insípida, por no decir complaciente y ausente, ¿que nos queda? La benevolencia o el asentimiento de cualquier creación artística, hace que el tan sólo adquirir reconocimiento popular válide manifestaciones de cualquier calaña o intrascendencia.
Un ejemplo en tiempos de “políticas correctas”: ¿Cómo podría explicarse en su momento el éxito de Márama? Los padres que cuidan a sus hijos o pretenden creer hacerlo, ¿escuchan de que hablan algunas de sus letras? ¿Y los “Pibes Chorros” o algunas interpretaciones de ciertos géneros carnavaleros? Por supuesto que son un ejemplos banales y hasta livianos ante otras agrupaciones que bien podría nombrar, como sinónimos de vergüenza o expresiones de inmoralidad, que nada tienen que ver con el uso del libre albedrío. Si bien representan la aparición de nuevas subculturas marginales, que conforman también parte de esa fragmentación social existente a escala mundial, y que de hecho, también representan un fenómeno endógeno de aspectos culturales posibles de evaluar como tales. Pero hoy la crítica cultural, por ejemplo en el ámbito de la plástica o la danza, ha sido sustituida por los textos curatoriales, donde el curador escribe líneas interminables para describir las bondades de una obra, enunciando las cualidades del artista a quién apoya, las influencias directas o indirectas que este posee y sobre las cuales ha desarrollado su particularidades expresivas. Largos textos tediosos, donde generalmente el curador hace gala de sus conocimientos. No hay posicionamientos críticos, porque la actividad crítica dejó de existir en nuestro medio. Todo parece estar bien, al menos en los medios tradicionales, los otros me interesan relativamente, aunque busco los que creo pertinentes por ciertos parámetros de calidad, para exponer mis dudas y cavilaciones, así como las convicciones decididamente evaluadas. Por edad tal vez, pero porque apuesto a la palabra impresa sobre un soporte físico como el papel, y porque serán finalmente en las bibliotecas y hemerotecas, donde se continuará conservando los lenguajes escritos del mundo.
4.
Mientras tanto, Ucrania continúa siendo bombardeada, Gaza destruida, presa de la hambruna y de una sed de conquista imparable. No veo allí ningún daño colateral, sino una estrategia de exterminio, igual a la que los nazis planificaron contra los judíos, gitanos, polacos y todos aquellos lejanos a la raza aria.
Los emigrantes en la mayoría de los países del mundo privilegiado son siempre los responsables del narcotráfico, violaciones, asesinatos. El discurso populista de las llamadas derechas, convergen con el de las izquierdas tanto sesentista, progresista u “open mind”, y los centros han perdido los ejes donde acomodarse. Hace días en el 80° aniversario de la victoria de China en la 2° Guerra Mundial, el presidente Xi Jinping manifestó que el mundo “debe estar preparado para elegir entre la paz o la guerra”. Debo suponer que al referirse “al mundo….” estaría dirigiéndose a los distintos mandatarios, porque la mayoría de los habitantes del planeta tierra, lo que aspiran es a tener una vida digna, vivir de sus trabajos, poder elegirlos de acuerdos a sus atributos, tener un acceso incuestionable a la sanidad pública y no sentirse esclavos de nadie y menos aún de alguna ideología totalitaria, provenga de quién provenga. Y en eso sí apuesto por el liberalismo, porque no puedo concebir ningún planteamiento colectivo o comunitario, si antes no prevalecen las libertades e iniciativas individuales, fuera de todo sometimiento partidista. Vattimo un par de décadas atrás, escribía sobre “la velocidad” de ciertos procesos de las conductas humanas.
Más próximo en el tiempo, Bauman nunca supuso que la realidad fuese tan “líquida” y dinámica como realmente lo es. Aun en su engañosa fase temporal, porque viéndolo en perspectiva, cambiamos nosotros, los que envejecemos mejor o peor.
El mundo aun considerando sus innegables avances científicos y tecnológicos, que posibilitarán que la vida de muchos mejore, continúa estancado dentro de su “espacio-tiempo”, más allá que la física cuántica revele que el universo continúa en expansión y que las galaxias se van distanciando unas de otras. Así como nosotros lo vamos haciendo de la misma forma, entre grietas y abismos que parecen imposibles de franquear.
Como siglos atrás escribió Calderón de la Barca, somos tanto protagonistas como espectadores de este “gran teatro del mundo”. En ese absurdo sitio, el mundo parece ser siempre el mismo, sólo cambia en sus estéticas, porque forman parte de las usinas de consumo, masificación y control. Así como lo son la planificación de las ciudades inteligentes, tal como lo fueron en su momento, las planificaciones urbanísticas a partir del fin de la Edad Media. Y así como esperamos a Godot, o a algún ángel resucitado de sus cenizas, continuamos esperando la promesa de Trump, de terminar la guerra de Ucrania en cuestión de días, y desplazar a los palestinos de su tierra, para convertir la franja de Gaza en un nuevo y paradisíaco centro veraniego. Otra pastilla más de este sitio inmundo, por el que aún muchos continuamos apostando.















































